miércoles, 30 de noviembre de 2022

De los desposeídos

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy va de los desposeídos del mundo actual, porque como dice en ella el geógrafo Christophe Guilly, las protestas actuales no se parecen a ningún movimiento social anterior porque no aspiran a un “mundo nuevo”, sino a la continuación del antiguo, un mundo en el que la mayoría, la gente corriente, seguía estando en el centro. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Nada más por mi parte salvo desearles que sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.







Los desposeídos

CHRISTOPHE GUILLUY

27 NOV 2022 - El País


Hace casi un siglo, en el verano de 1936, la clase obrera francesa consiguió los mayores avances sociales de su historia. Tras meses de huelgas, una coalición de partidos de izquierda, el Frente Popular, arrancó a la patronal aumentos salariales, protección sindical, la reducción de la jornada laboral y vacaciones pagadas. Todas estas cosas figuran entre las mayores conquistas sociales y materiales logradas en Francia, pero también tienen una dimensión profundamente simbólica e inmaterial, porque, por primera vez, los trabajadores pudieron ir junto al mar. El acceso al litoral, antes reservado a la burguesía, transformó las perspectivas de los más modestos, que hasta entonces se limitaban a los lugares en los que vivían: los barrios y municipios de las grandes zonas industriales para los obreros y el campo para los que todavía no se denominaban “población rural”. Gracias a este avance geográfico y cultural, las clases trabajadoras ampliaron sus horizontes, ampliaron el campo de visión y empezaron a ser visibles no solo como engranajes indispensables de la economía, sino también como un conjunto cultural ineludible.

Casi cien años después, esa victoria simbólica está haciéndose añicos. Desde la costa de Normandía hasta el País Vasco, las costas francesas están volviendo a cerrarse a las clases trabajadoras. En los últimos 20 años, los precios inmobiliarios se han disparado en todas las costas. No se salva ningún municipio. Hay que decir que, desde la crisis sanitaria de 2020, las clases altas han comprado mucho. Las cabañas de pescadores originales son hoy viviendas de ejecutivos urbanos que buscan un “refugio” en el que descansar o teletrabajar. Este encarecimiento de los inmuebles tiene en todas partes los mismos efectos sociales: una vuelta a la casilla de salida, al siglo XIX, porque las capas humildes se han quedado sin acceso al mar —que vuelve a ser coto privado de la burguesía— y los medios para vivir en la franja costera y están refugiándose en las áreas rurales. Como consecuencia, los jóvenes de las clases populares ya no pueden vivir en el lugar donde nacieron. Un dato que recuerda lo que soportan los más pobres de las grandes ciudades de los países occidentales desde hace varias décadas. De París a Londres, de Barcelona a Estocolmo, hay un mismo mecanismo que los ha expulsado de las grandes ciudades. Así que, por primera vez en la historia de Occidente, las clases medias y trabajadoras han dejado de vivir donde se crean el empleo y la riqueza.

La pérdida de esos lugares no es más que la punta del iceberg de la gran desposesión que sufre la mayoría, la gente corriente, no solo de lo que tiene, sino —lo que es más grave— de lo que es. Las clases medias y trabajadoras ya no están en el centro de la creación de riqueza en ningún país de Occidente; ese puesto lo ocupan hoy las clases altas, que están sobrerrepresentadas en las metrópolis. Las clases populares, al perder su papel crucial en la economía, han dejado de ser productoras para convertirse en consumidoras y, muchas veces, receptoras de ayudas sociales.

Y esa desposesión es todavía más violenta en la medida en que, al mismo tiempo, han perdido un estatus fundamental: el de referente político y cultural. Esa es la base del malestar democrático que sacude hoy todas las democracias y que explica las peculiaridades de la contestación política, social y cultural que viven los países occidentales desde hace 20 años.

Porque las protestas actuales no se parecen a ningún movimiento social de los siglos anteriores. No están dirigidas por ningún partido, ningún sindicato, ningún líder, sino por gente normal y corriente. Algunos las consideran protestas “sociales”, de izquierda, de extrema izquierda o marxistas y otros piensan que son “identitarias”, de derecha, de extrema derecha o populistas. Pero la verdad es que parece imposible etiquetarlas. Desde luego, esta contestación popular no pertenece a quienes se han olvidado del pueblo y lo han dejado de lado. Ni los políticos, ni los sindicatos, ni el mundo de la cultura, ni la intelectualidad. No es exclusiva de ningún bando, ni la izquierda, ni la derecha, ni los extremos. Tampoco defiende la cómoda “lucha de clases a la antigua”, nacida de un conflicto consciente entre categorías económica y culturalmente integradas y, por tanto, representadas en la política. No encaja en ningún marco sociológico ni ideológico preestablecido.

Esta revuelta no está impulsada por la conciencia de clase, sino porque a la gente se le han arrebatado sus prerrogativas, se la ha empujado poco a poco hasta el borde del mundo. Su fuerza y su serenidad derivan de su integración a largo plazo. Por eso, este movimiento descoloca a los defensores del presente perpetuo y la agitación permanente. Sus motivos de fondo —y esta es su especificidad— no son solo materiales, sino, sobre todo, existenciales. Su dimensión inmaterial la hace imparable e incomprensible para las clases dirigentes, acostumbradas a resolver todo de forma “material”, a base de cheques. En contra de lo que se dice, la protesta tampoco distingue entre los que luchan por “llegar a fin de mes” (la gente corriente) y los que se preocupan por “el fin del mundo” (los intelectuales).

Por el contrario, establece un drástico contraste entre quienes nos bombardean con la imagen ilusoria de un modelo benefactor al mismo tiempo que se protegen de sus efectos nocivos y los que verdaderamente afrontan la alteridad, tanto la exclusión social de un sistema que fomenta cada vez más la desigualdad y la vida precaria como la alteridad cultural.

Este nuevo “movimiento social” no es un refrito de Los miserables, no es un levantamiento de “pobres”. Tampoco pretende adquirir nuevos derechos sociales. No aspira a un “mundo nuevo”, sino todo lo contrario, a la continuación del antiguo, un mundo en el que la mayoría, la gente corriente, seguía estando en el “centro”. En el centro de la economía, en el centro de las preocupaciones de la clase política y en el centro de las representaciones culturales.

La peculiaridad de esta revuelta de las clases medias y trabajadoras es que no nace de ninguna ideología, sino de una fuerza primaria, vital, producida por la experiencia fundamental de la existencia, de una lucha cotidiana que permite afrontar la realidad con energía y no con sistemas. Este movimiento, que se basa en un acto original de rebelión (“no al relato dominante”), no puede circunscribirse a la estrechez del análisis tecnocrático. Así, al margen de los moralismos imperantes, la gente corriente ha forjado la base cultural, el punto de apoyo sobre el que reconstruir un modelo que tenga sentido.

Se acusa con frecuencia a las clases medias y trabajadoras de dejarse llevar por pasiones tristes y elaborar un discurso contra las élites. Este análisis simplista esconde la verdadera naturaleza de un movimiento que no está “en contra de”, sino “en otro lugar”. Autónomos, impermeables a las arengas de quienes los desposeen cuando les dicen cómo deben sobrevivir y comportarse, los desposeídos ya no se dirigen a las “élites”, a las que consideran impotentes y ridículas, sino a la sociedad en su conjunto. Impulsado por el instinto de supervivencia, este llamamiento existencial que hace saltar por los aires el relato de quienes nos prometieron el mejor de los mundos no tiene más que un objetivo: reconstruir todo mediante el regreso a las realidades sociales y culturales de la vida ordinaria.




















martes, 29 de noviembre de 2022

Del sentido de atentar contra el arte

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy va del sentido de atentar contra las obras de arte, porque como dice en ella el escritor y académico de la RAE, Antonio Muñoz Molina, tras la epidemia de payasadas vandálicas en los museos actúa la inmemorial hostilidad puritana hacia las imágenes, mezclada con una simpleza ideológica muy de hoy, que no concede al arte y a la literatura otra legitimidad que la de la propaganda. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Nada más por mi parte salvo desearles que sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.







Arte del pasado
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
26 NOV 2022 - El País

He vuelto al Museu de Arte Antiga de Lisboa con algo parecido a la ilusión de encontrarme con un conocido que estuviera de visita en la ciudad. La arquitectura del museo y la plaza que hay delante de él son un regalo anticipado de la visita. La plaza del 9 de abril da a una de esas altas barandas de Lisboa que dominan la anchura del Tajo y se abren hacia el puente 25 de abril y el horizonte del Atlántico. El jardín del museo da a esa misma vista, y en estos días del otoño tardío el número de visitantes suele ser inferior al de las estatuas blancas de dioses y ninfas.
El antiguo conocido con el que vengo a verme hoy es Poussin: uno de sus dos autorretratos, el de 1650, que suele estar en el Louvre, se encuentra ahora temporalmente en Lisboa, en una exposición más atractiva aún porque consiste en un solo cuadro. En la sobreabundancia y entre las multitudes del Louvre todo tiende a desdibujarse. En este museo de Arte Antiga de Lisboa, tan recogido y silencioso, el autorretrato de Poussin se distingue desde muy lejos, al fondo de la galería principal. Al entrar un vigilante me indica que abra las piernas y separe los brazos y me pasa a lo largo del cuerpo uno de esos detectores de metales con que lo amedrentan a uno en los aeropuertos. Un cartel terminante indica que todos los bolsos y mochilas sin excepción han de depositarse en el guardarropa. En este museo, en el que casi nunca hay mucho público, los vigilantes son escasos y suelen tener un aire ensimismado. Delante de la sala donde está el autorretrato de Poussin, en vez de un vigilante normal hay un guardia de seguridad uniformado y alerta.
El retrato posee una extraordinaria cualidad de presencia. Poussin, ligeramente de costado, mira a los ojos al espectador. Tiene una expresión a la vez severa y cordial. En la mirada hay reserva y confianza, una inteligencia muy adiestrada en la observación. En el contorno de los ojos hay un enrojecimiento como de fatiga y desvelo. De pronto, con el recuerdo del detector de metales a la entrada y las miradas de soslayo del guarda de seguridad, caigo en la cuenta de lo fácil que sería dañar irreparablemente este cuadro; de la fragilidad extrema que tiene siempre la pintura, empezando por los materiales de los que está hecha; un trozo de lienzo, unos pigmentos y aceites, un bastidor de madera, un marco. Es asombroso que algo tan precario haya sobrevivido tanto tiempo. Y más asombroso todavía es que, a partir de elementos tan pobres, el talento y la sabiduría técnica y la perspicacia psicológica de un pintor que lleva muerto varios siglos nos interpelen de una manera tan inmediata. Creo que es esa verdad rotunda y ambigua del arte lo que desata el recelo de los doctrinarios y los ideólogos y la ira destructiva de los iluminados. La nobleza objetiva de una causa lamentablemente no excluye de su defensa a algunos imbéciles, ni impide que se cometan desmanes en su nombre. Para reivindicar un derecho tan sagrado como el voto femenino, la sufragista Mary Richardson consideró necesario atacar con un cuchillo de carnicero la Venus del Espejo de Velázquez en 1914, en la National Gallery de Londres, no lejos de la sala en la que hace unos días presuntos activistas de una causa igual de legítima arrojaron un bote de sopa de tomate contra Los girasoles de Van Gogh. A finales de octubre, en el Museo de Orsay, una mujer fue sorprendida cuando intentaba restregarse la cara contra un autorretrato de Van Gogh, sobre el que declaró que también tenía pensado tirar un bote de sopa.
La tontería humana es inabarcable, y más en una época en la que sus ocurrencias pueden alcanzar una celebridad universal instantánea. Pero detrás de esta epidemia de payasadas vandálicas contra la pintura en los museos actúa la inmemorial hostilidad puritana hacia las imágenes, mezclada con una simpleza ideológica muy de ahora mismo, que no concede al arte y a la literatura otra legitimidad que la de la propaganda, y que aspira a una completa depuración redentora y policial del pasado, queriendo eliminar de él todo lo que no concuerde con las directrices oficiales del presente. La tradición literaria y las colecciones históricas de los museos se han convertido en abominables repertorios de sexismo, de misoginia, de homofobia, de colonialismo, de racismo.
No hay duda de que el sello de todas esas lacras es indeleble; tampoco de que la causa de la igualdad y de la justicia es tan perentoria como la movilización efectiva contra el cambio climático. En Irán, centenares de miles de mujeres se sueltan literalmente el pelo y se niegan con gallardía a seguir sometiéndose a los dictados tenebrosos de los clérigos. En el norte de Canadá, las comunidades indígenas se organizan para preservar los bosques boreales que fueron durante siglos el hábitat de sus antepasados. Museos importantes de Europa se comprometen a devolver a los países africanos obras de arte que fueron robadas a mano armada en los años del expolio colonial. Habrá mejores maneras de defender la limpieza del aire y el fin de los combustibles fósiles que tirar botes de salsa de tomate contra algunas de las obras más bellas, más perfectas, más estremecedoras que ha concebido la imaginación humana.
Sigo mirando el autorretrato de Poussin y me acuerdo de la calificación inapelable y más bien zoológica que descubrí por primera vez en una universidad americana en los primeros años noventa: Poussin es, desde luego, varón y blanco y europeo y muerto. Dead White European Male. En la Roma lujosa y corrupta del despotismo papal, Poussin labró para sí mismo una independencia de artista solitario, apartado del mundo clerical y cortesano, cultivando una cautelosa libertad de espíritu inspirada en los estoicos antiguos. No era, como Velázquez en la corte de Felipe IV, un sirviente cualificado, sino un pintor de prestigio que se trataba de igual a igual con los pocos clientes escogidos para los que trabajaba, como este Paul Fréart de Chantelou que quiso tener su retrato, y con el que se escribió cartas llenas de confianza y de viveza intelectual a lo largo de los años. Una obra maestra nos desconcierta y nos intriga porque pertenece a su tiempo, no al nuestro. No busca seducirnos ni persuadirnos con su ingenio o con su oportunidad. No sabe que existimos. Nosotros tenemos que hacer el esfuerzo de aproximarnos a ella. Es en sí misma una celebración de la sensibilidad y el trabajo que la hicieron posible. Su excelencia nos estimula, y también nos pone en nuestro sitio, y, por lo tanto, puede despertar nuestro resentimiento. No es el vehículo abstracto de un “contenido”: es un objeto material, hecho por el esfuerzo y la destreza de personas capaces, y su sentido es tan hondo y sutil que no puede ser reducido a ningún mensaje, ni siquiera a la intención explícita de quienes la encargaron. La mirada severa y serena de Poussin refleja nuestra común humanidad igual que la mirada de trastorno del último Van Gogh. Que a alguien se le ocurra reivindicar algo tirándoles un bote de sopa o de salsa de tomate a cualquiera de las dos sugiere una alianza muy de estos tiempos entre el fanatismo y la frivolidad. Y hasta es posible que algún teórico o experto califique esas hazañas de obras de arte radicales por sí mismas, performances rompedoras.























[ARCHIVO DEL BLOG] El Estatuto, Cataluña y España. [Publicada el 30/11/2009]

 


Sala de Plenos del Tribunal Constitucional


A estas alturas de la cuestión me imagino que el que más y el que menos tiene ya opinión formada sobre el follón del Estatuto de Cataluña a su paso por el Tribunal Constitucional. Así pues, ni una palabra más por mi parte; yo también la tengo formada, pero es la mía, y como no va a influir para nada en la resolución del contencioso me la guardo para mi. En todo caso, me gustaría recordar la anécdota que Julia Roberts protagoniza en la película "El Informe Pelícano" (Alan J. Pakula, 1993; basada en una novela de John Grisham) y que leí en un periódico de hace unos días. Julia Roberts, la protagonista, es una aventajada estudiante de Derecho. Su profesor (y amante), en una de sus clases, plantea a los alumnos un caso real en el que fue impugnada ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos una ley estatal que recortaba derechos reflejados en la Constitución Federal, pidiéndoles que argumentasen cual creían que fue la resolución del Supremo. La Roberts hace una exposición muy elaborada jurídicamente, argumentando que los derechos reconocidos en la Constitución están por encima y prevalecen sobre cualquier ley estatal que los conculque. Su profesor la felicita por su argumentación, pero la dice, que no, que el Tribunal Supremo falló a favor de la ley estatal. Y la respuesta de la protagonista, jurista en ciernes es: "Pues el Supremo se equivocó"... (Los puntos suspensivos son mios).
Hace treinta años que conozco a la magistrada del Tribunal Constitucional y ponente de la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña, Elisa Pérez Vera. Fue mi profesora de Derecho Internacional Privado en la Facultad de Derecho de la UNED, y compartí con ella asiento en la Junta de Gobierno de la Universidad y en su Consejo Social, ella como Rectora y yo como representante de los alumnos. La admiro profundamente como jurista y como persona y estoy seguro de que sea cual sea la sentencia final será jurídicamente impecable.
Dicho esto, reconozco que me duele profundamente la animadversión de buena parte de los españoles, y por supuesto de la dirección del partido Popular, hacia Cataluña y los catalanes. Lo disfracen de lo que lo disfracen y por mucho que Rajoy se quiera poner de perfil para no salir pringado, él, y el partido Popular, son responsables en gran medida del distanciamiento, perceptible, y cada vez mayor, entre Cataluña y el resto de España.
Aunque sólo fuera por eso, por la necesidad de tender y no cortar puentes entre catalanes y españoles me parece acertado y súmamente interesante el artículo que el pasado día 28 de noviembre publicó en El País ("Estrategia del reencuentro") el profesor Pablo Salvador Coderch, catedrático de Derecho Civil en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Les recomiendo su lectura.
Se cuenta en la república checa que la mayor parte de sus conciudadanos se sintieron encantados y aliviados cuando los eslovacos decidieron por su cuenta y riesgo la desaparición del estado federal checoslovaco y optaron por la separación de checos y eslovacos en dos estados independientes... Estoy seguro de que algunos españoles y algunos catalanes también celebrarían el divorcio entre Cataluña y España. Con sinceridad, yo no entendería nunca una España sin Cataluña, pero tampoco una Cataluña sin España. HArendt




De la estupidez global

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy va de la estupidez global, que como dice en ella la escritora Lucía Lijtmaer, cada vez es más similar a la que que se plantea en la película ‘Idiocracia’, en la que la sociedad acaba dirigida por ricos estúpidos, sometida a sus caprichos y con todos los servicios públicos convertidos en negocios. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Nada más por mi parte salvo desearles que sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.







Bienvenidos al mundo idiota
LUCÍA LIJTMAER
24 NOV 2022 - El País

Hace unos años, escribí sobre la película Idiocracia (2006), un film de culto dirigido por Mike Judge que pasó sin pena ni gloria por algunas carteleras, y apenas tuvo distribución por parte de su productora. En ella, un militar del Ejército de Estados Unidos, encarnado por Luke Wilson, se somete a un experimento secreto por parte del Gobierno junto a una prostituta, interpretada por Maya Rudolph. El experimento consiste en que los participantes son criogenizados durante un año para comprobar cómo resisten los soldados durante las temporadas en las que no hay guerras.
Por una serie de casualidades, los dos voluntarios son congelados durante 500 años y despiertan en un mundo completamente distinto, que se caracteriza por la involución de la inteligencia. La premisa de la película es la siguiente: solo tienen muchos hijos los extremistas religiosos, los ignorantes y los idiotas, con lo cual, el resultado es que el mundo —que en la película, como en toda película hollywoodiense, se limita a Estados Unidos— se ha convertido en una idiocracia. ¿En qué consiste este sistema? En una plutocracia regida por idiotas en la que los juicios son realities de televisión, la alimentación es comida basura y el planeta está siendo destruido por la avaricia e incapacidad mundial. Ah, y por supuesto, no hay seguridad social ni sanidad pública, así que a los ciudadanos les atienden las máquinas y mueren desangrados en hospitales cuajados de publicidad.
Partiendo de este último punto, sería muy fácil hacer la comparación con la situación actual, especialmente en la Comunidad de Madrid. De hecho, mucha gente que ha visto la película la entiende como una premonición de los gobiernos más neoliberales. Pero es en estos días, viendo las reacciones de la derecha, que quizás deberíamos definirlo de otra manera: no estamos en una idiocracia, pero nos tratan como tal. ¿Cómo puede entenderse si no la acomodaticia respuesta a la manifestación en favor de la sanidad pública del 13 de noviembre? Si desde el Gobierno de la presidenta Isabel Díaz Ayuso se ignora la protesta, desde algunos foros conservadores se insiste en jugar con premisas tan absurdas como que los seguros privados facilitan la descongestión de la sanidad pública, evitando hablar de que la derivación de los pacientes a la sanidad privada se ha convertido en un rentable negocio, como recordaba la organización Coordinadora Antiprivatización de la Sanidad (CAS) de Madrid.
También es sorprendente comprobar cómo desde la derecha se está popularizando una actitud calvinista, un señalamiento moralista de conductas privadas de personalidades culturales, como si estas entraran en contradicción con la defensa de lo público: un director de cine o un actor sin responsabilidades políticas que tenga un seguro médico y haya ido a la manifestación por la defensa de la sanidad es un hipócrita. Y esta misma derecha es la que dice que las feministas son las cazadoras de brujas, qué paradoja. Quizás lo preocupante sea ver cómo hemos normalizado la creencia de que la mera defensa de lo público sea motivo de ataque. Como en el peor thatcherismo, vuelve en oleadas la frase de su líder, para que recordemos en qué consiste el lema de la libertad que tanto se promulga: “No existe la sociedad, existen los individuos y las familias”.
Si ampliamos el contexto, podemos jugar a encontrar más similitudes, ya que el mundo se parece cada vez más a una ficción distópica de idiocracias. Si en Ad Astra su protagonista Brad Pitt se pelea con piratas en la Luna, en la actualidad comienza la carrera espacial por la extracción de sus recursos naturales. Por otro lado, como en las películas futuristas que anuncian el caos que precede al autoritarismo más feroz, la población se arma y crece el caldo de cultivo para los discursos xenófobos y homófobos. Aumenta la violencia contra la población LGTBI —el último titular es un tiroteo que deja al menos cinco muertos en Colorado— mientras se omite la creciente oleada de odio, que incluye la propagación de bulos y las cada vez más recurrentes manifestaciones de grupos ultraderechistas en clubs y discotecas de dicha comunidad. Sin ir más lejos, la republicana Lauren Boebert, miembro de la Cámara de Representantes y conocida defensora del uso indiscriminado de armas entre la población, calificaba recientemente los shows de drags como “una depravación”. Las manifestaciones de la derecha contra la población LGTBI han crecido un 16% tan solo en el último año.
Por último, como en Idiocracia, los magnates quedan ridiculizados por sus caprichos faraónicos. Si en la película las plantas eran regadas con gaseosa por pura estupidez, en la actualidad Elon Musk provoca el caos en Twitter con despidos masivos y las suplantaciones de identidad están a la orden del día. Para cerrar el círculo, Donald Trump ha vuelto a la red. Curiosamente, no hace tanto existía el concurso para diferenciar los tuits de Trump y los del personaje principal de la película, el presidente Dwayne Elizondo Mountain Dew Herbert Camacho, estrella del porno y campeón de lucha. Bienvenidos al presente idiota.





















[ARCHIVO DEL BLOG] Mis lecturas. [Publicada el 29/11/2006]







Entre mayo de 2004 y noviembre de 2006 llevé un diario con anotaciones sobre las lecturas que iba realizando. Esta es una versión reducida de algunas de las anotaciones de ese diario literario, meros bosquejos de la reflexión que me había merecido el libro leído, sin que la extensión de la nota sea indicativa de preferencia alguna. Las lecturas están ordenadas cronológicamente. 

1.- “Del espíritu de las leyes”,  Montesquieu. Uno de los grandes clásicos de la teoría política de todos los tiempos. Imprescindible para comprender los principios que informaron las primeras experiencias democráticas en Occidente.
2.- “Mar de fondo”, Patricia Highsmith. Intrigante novela de suspense, magistralmente escrita, que nos envuelve en una atmósfera de misterio que sólo se aclara al final. Final, por cierto, que no me ha gustado, aunque resulte lógico.
3.- “La Eva fantástica”, Antonio Muñoz Molina (edt.). Veinte relatos cortos de fantasía, terror y misterio, escritos todos ellos por mujeres: desde Mary Shelley a Patricia Highsmith. Hay entre ellos dos escritos por españolas. Todos interesantísimos. El que más me ha gustado: “Portobello”.
4.- “La reforma del Senado”. Recoge las intervenciones habidas en el Centro de Estudios Constitucionales hace doce años. Todas muy interesantes. Pero todo sigue igual o peor en relación con dicha reforma, sin el menor avance significativo al respecto por falta de voluntad política por parte de los responsables.
5.- “Historia del rey Arturo y sus nobles caballeros”, John Steinbeck. Magnífica versión moderna realizada por el premio Nobel norteamericano a partir del texto del siglo XV escrito por Mallory, que a su vez lo tomó del francés Chretien de Troyes. Bellísima.
6.- “La monarquía de España”, Miguel Artola. Un texto imprescindible para conocer los entresijos y el funcionamiento de la institución monàrquica y sus órganos a lo largo de toda la historia española, desde los visigodos hasta la monarquía parlamentaria actual.
7.- “Las edades de Lulú”, Almudena Grandes. La leí por primera vez hace quince años. Es una nueva edición, corregida por la autora con motivo de dicho aniversario, con un prólogo que explica el origen de la novela y lo que significó para ella. Me ha gustado mucho más ahora que antes.
8.- “Amadís de Gaula”, Garci Rodríguez de Montalvo. Uno de los grandes clásicos de la “novela de caballería”, precursor de una relación que acaba y culmina con el Quijote. Muy entretenido.
9.- “El pensamiento francés en el siglo XVIII”, Daniel Mornet. Interesantísimo libro sobre los antecedentes filosóficos y científicos que van a dar origen a la Revolución francesa.
10.- “La cultura de la conversación”, Benedetta Craveri. Uno de los más bellos e interesantes libros que he leído nunca, en el que se da cuenta de la febril actividad cultural y social llevada a cabo por los “Clubs” parísinos, la mayoría de ellos impulsados por mujeres de la nobleza francesa, a lo largo de los siglos XVII y XVIII.
11.- “Los versos satánicos”, Salman Rusdhie. Lo adquirí en octubre de 1989 en solidaridad con el autor, condenado a muerte por las autoridades religiosas iraníes. No lo había leido aún. Me ha parecido una sensacional novela de humor y fantasía, con escenas de una gran comicidad, no exenta de ironía y sarcasmo. Y desde luego, en nada irreverente con el Profeta.
12.- “Hay algo que no es como me dicen. El caso de Nevenka Fernández contra la realidad”, Juan José Millás. Impresionante recreación de los hechos que dieron lugar a la defenestración política del que fuera alcalde de Ponferrada por acoso sexual a una de las concejalas de dicho municipio leonés. Durísimo alegato en defensa de la capacidad de decidir de la mujer.
13.- “La República mundial de las Letras”, Pascale Casanova. Ensayo sobre la influencia literaria francesa sobre el resto de la literatura europea. Excesivamente “ombliguista”, pero interesante.
14.- “El futuro de la libertad. Las democracias *iliberales* en el mundo”, Fareed Zakaria. Fascinante texto sobre la historia de la libertad y su enfrentamiento, a veces inevitable, con la idea de democracia. La tesis del libro es que no siempre una mayor democracia significa mayor libertad, tesis que comparto.
15.- “El Federalista”, A. Hamilton, J. Madison y J. Jay. Otro de los grandes clásicos de la literatura política de todos los tiempos. Escrito a finales del siglo XVIII, en defensa y explicación, a través de artículos de prensa del proyecto que acabaría convirtiéndose en la Constutición de los Estados Unidos de América. Imprescindible.
16.- “El mundo de Sofía. Novela sobre la historia de la filosofía”, Jostein Garder. Interesantísima y bellísima obra en la cual, a través de una trama de acción, misterio y fantasía juvenil, se nos ofrece una historia de la filosofía y de la ciencia que en nada desmerece de cualquier libro de texto de nivel universitario, de una forma amena y entretenida. Magnífica.
17.- “Don Quijote de La Mancha”, Miguel de Cervantes. Releida con motivo del quinto centenario de su publicación. Lo mejor de lo mejor.
18.- “Libertad conquistada. Memorias”, Hans Küng. Para un descreido como yo, sin remordimiento ni sentimiento alguno de culpa por ello, ni miedo a una eternidad sin Dios, el mensaje cristiano me sigue resultando fascinante. Y que haya hombres como Küng, que hacen del respeto a ese mensaje una cuestión vital, me llena de esperanza. Como dijo otro gran ”herético” (Teilhard de Chardin): “Si llego a perder la fe en Dios, al menos me queda la fe en el hombre”. Impresionante testomio de libertad y de fe.
19.- “Los símbolos del alma”, Emilio Lledó. Discurso pronunciado en la Real Academìa Española por el considerado como el mayor filósofo español vivo. Un pequeño y bellísimo texto. Fue mi profesor de Historia de la Filosofía en mi paso por la universidad. Haberle conocido y escuchar sus lecciones es el mejor recuerdo que tengo de la universidad. 
20.- “Obras Completas”, Esquilo, Sofocles y Eurípides. Todo el pensamiento originario de Occidente está aquí. Bellísimo.
21.- “Alegato de los gatos”, Antonio Burgos. Sentimental texto sobre el mundo gatuno y su relación con los humanos. Tierno y sensible hasta la risa y el llanto. Sólo lo entenderán los afortunados mortales que han convivido con los más fantásticos seres del mundo animal.
22.- “La sombra del viento”, Carlos Ruíz Zafón. La obra más vendida del panorama literario español. Para llorar: no pasa de ser un folletín decimonónico, mal escrito, plagado de incongruencias, contradicciones y expresiones fuera de contexto. Apto para lectores sin mayores pretensiones. Así anda la literatura patria…
23.- “Buenos días, pereza. Estrategias para sobrevivir en el trabajo”, Corinne Maier. Un divertido alegato contra la deshumanización del trabajo en la sociedad actual, escrito por una psicóloga francesa de reputado e incómodo inconformismo social. Muy interesante.
24.- “Nubes. Las ranas. Pluto”, Aristófanes. Sarcásticas comedias del más ácido y crítico contemporáneo de la democracia ateniense. Desvergozadas y divertidas. No deja títere con cabeza.
25.- “Buenos días, tristeza”, Francoise Sagan. La primera novela de esta afamada escritora francesa, escrita cuando tenía 18 años. Magistral en su sensualidad y cinismo, prototipo de una forma de vida que se conoció como ”dolce vita”. La leí, en francés, cuando aún estaba en el instituto, y luego, mucho más adelante, en español. La vuelvo a releer con motivo de la muerte de la autora, en homenaje a una mujer y un libro que rompieron todos los esquemas de una sociedad bienpensante.
26.- “El Cristianismo. Esencia e historia”, Hans Küng. El teólogo más importante del catolicismo romano se enfrenta a una tarea fundamental de explicación del origen, historia y sentido final del cristianismo. Lo releeo con motivo del Cónclave que elegirá a Benedicto XVI como nuevo papa.
27.- “La esencia del cristianismo”, Ludwig Feuerbach. Al igual que el libro anterior, comienzo a leerlo con motivo del Cónclave de sucesión de Juan Pablo II. Libro de difícil lectura escrito por uno de los más enfervorazados enemigos de la iglesia y durísimo crítico del catolicismo.
28.- “¿Dónde se encuentra la sabiduría?”, Harold Bloom. El más importante crítico literario del mundo analiza las principales obras literarias de la historia y su influencia sobre el pensamiento occidental, con protagonismo especial del “Don Quijote” cervantino. Bellísimo.
29.- “Ulises”, James Joyce. La última versión en español de la novela que reformó los esquemas literarios en lengua inglesa. Un libro sorprendente, en que no pasa nada fuera de la vida cotidiana de sus protagonistas, a lo largo de un solo día en el Dublín de principios del siglo XX. Inmensa, difícil y gratificante. La tenía sin leer desde 1989.
30.- “La sociedad dividida”, José Félix Tezanos. Un certero análisis sociológico de la estructura social actual y sus enfrentamientos larvados entre clases y grupos, con predicciones de futuro. Interesante.
31.- “Soy Charlotte Simmons”, Tom Wolfe. Descarnada crítica del mundo universitario norteamericano llevada a cabo por uno de ´los más lúcidos novelistas contemporáneos. La escena de la violación pseudo-consentida de la protagonista es realmente magistral. Quizá la novela sea demasiado extensa y excesivamente sarcástica, motivo por el cual pierde verosimilitud.
32.- “El banquete”, Platón. Uno de los más bellos diálogos platónicos sobre la naturaleza profunda del amor, protagonizado por una mujer, Diotima, que por esta vez roba el papel principal a Sócrates. Espléndido y reconfortante.
33.- “Las voces de la libertad. Intelectuales y compromiso en la Francia del XIX”, Michel Winock. Magnífico ensayo sobre el caldo de cultivo intelectual que sacudió los comportamientos políticos de la Europa del siglo XIX, a partir de la lucha por la libertad de los escritores, filósofos, periodistas e intelectuales franceses, desde la caida de Napoléon hasta la I Guerra Mundial.
34.- “La mesa limón”, Julian Barnes. Colección de relatos cortos de este escritor británico en los que con ácido humor, pone delante de nuestros ojos la vida, los amores y la presencia latente de la muerte de las personas englobadas en ese grupo que hemos dados en llamar “tercera edad”. Deliciosos a pesar del previsible fin trágico de todos ellos.
35.- “Ángeles y demonios”, Dan Brown. La primera novela del autor de “El Código Da Vinci”. Disparatada, absurda, en algunos momentos divertida y con un final, sobre la cúpula de San Pedro, absolutamente delirante. Resulta difícil imaginar como “algo” así puede ser llamado literatura. Para olvidar.
36.- “Assassini”, Thomas Gilford. Otra novela de intriga en el seno de la iglesia católica, esta vez más creible y dentro de lo admisible como novela de entretenimiento. Y lo consigue. Merece la pena siempre que no se busque nada trascendente. Muy interesante.
37.- “La isla y los demonios”, Carmen Laforet. La segunda novela de la autora, cuya acción transcurre en la isla de Gran Canaria en el último año de la guerra civil. La visión de una sociedad cerrada como era la de la burguesía isleña desde la óptica de una joven que despierta a la vida llena de ansias de libertad. El retrato de los paisajes isleños de la época, por ejemplo, la aventura que suponía ir de Las Palmas hasta Maspalomas, en el sur de la isla, conmueve todas las fibras sentimentales de los que vivimos actualmente en ella. La recomiendo fervientemente.
38.- “El libro de los pequeños placeres”, Luis Racionero. Un canto a la vida y a esos “pequeños placeres” que ella nos depara si la afrontamos con los ojos y el corazón dispuestos.
39.- “Breve historia del saber”, Charles Van Doreen. Magistral síntesis de la historia de la cultura, la ciencia y el progreso humano desde los albores de la vida hasta el futuro más inmediatamente predecible. Imprescindible.
40.- ”El viaje a la felicidad. Las nuevas claves científicas”, Eduardo Punset. De nuevo un interesantísimo ensayo sobre las enormes posiilidades que los descubrimientos científicos abren para la humanidad en su eterna e infatigable búsqueda de la felicidad. Muy interesante, ameno e instructivo. Una magnífica obra de divulgación científica.
41.- “Jesús y Jahvé. Los nombres divinos”, Harold Bloom. Interesante libro que indaga sobre la veracidad de la existencia humana del Jesús de Nazareth de los evangelios, contraponiendo los relatos del Antiguo y el Nuevo Testamento, y los mensajes salvíficos de ambos. No es un libro de fácil lectura, ni tampoco un relato religioso, sino más bien una exégesis crítico-literaria sobre el Jesús de los evangelios y ese mismo Jesús histórico que se reconstruye a partir de ellos.
42.- “Comedia. Paraiso”, Dante Alighieri. Versión bilingüe italiano-española del libro que funda la lengua italiana. Un poema eterno, aunque quizá este libro III (Paraiso) sea el menos poético de los tres que consituyen la Comedia. Bello.
43.- “Extrañas estrellas. Wedding-Pankow, 1976/1977″, Emine Sergi Ózdamar. El intimista Diario de la escritora y dramaturga turco-alemana, que relata su llegada a Alemania desde Turquía, para trabajar en la mítica compañía de teatro que fundara Bertol Brecht en Berlín Oriental. Muy interesante.
44.- “4 Relatos”, Arturo Pérez-Reverte. Cuatro deliciosos relatos cortos de la más variada temática: sobre la bienpensante colonia española en la Guinea Ecuatorial de los años 40; la derrota de Pavía contada por el rey Francisco I de Francia a su amante parisina; la “Noche Triste” de la conquista de México, desde los ojos de un soldado de Cortés; y un excurso sobre los más afamados personajes de los libros de aventuras de la literatuta universal. Entrañables.
45.- “Mitológicas. Lo crudo y lo cocido”, Claude Levy-Strauss. El libro más importante y famoso de la antropología de los pueblos indígenas sudamericanos, escrito por la mayor eminencia científica en este campo. Impresionante.
46.- “Helena, Helena, amor mio”, Luciano de Crescenzo. Divertida recreación de la guerra de Troya como excusa para contarnos los más entrañables mitos de la Grecia clásica. Muy entretenido.
47.- “Entrevista con la historia”, Oriana Fallaci. La gran sacerdotisa del periodismo europeo entrevista a corazón abierto a los grandes líderes mundiales de los años 70. Entre ellos, a Santiago Carrillo, un año antes de la muerte de Franco. Esclarecedor y emotivo.
48.- “El fenómeno humano”, Teilhard de Chardin. El gran teólogo y antropólogo belga intenta dar su visión de la aventura humana desde la aparición de la vida sobre la tierra hasta el fin del mundo, compaginando ciencia y fe como nadie hasta él lo había intentado jamás, y granjeándose por ello la expulsión de la iglesia católica y la injusta condena de sus libros.  
49.- “Constitucionalismo en la historia”, Miguel Artola. Una historia comparada del imparable avance del constitucionalismo como base del nuevo “contrato social” de las sociedades modernas, pormenorizados exhaustivamente en todos sus elementos constitutivos. Clarificador.
50.- “Las nieblas de Avalón”, Marion Zimmer Bradley. Una de las mejores recreaciones literarias de los mitos artúricos, contada desde el protagonismo de Morgana y las restantes mujeres de la leyenda. Muy bueno y sumamente entretenido.
51.- “Paz. Aves. Lisístrata.  Nubes”, Aristófanes. Cuatro comedias del mordaz, sarcástico y desvergonzado autor contemporáneo de Sócrates y Platón, que nos incitan a aceptar que después de lo dicho por los griegos pocas cosas nuevas hay bajo el sol. Divertidísimas y procaces.
52.- “Los Masones”, César Vidal. Otro libro más, los escribe como el que hace churros, de este joven historiador perteneciente a la “nueva ola revisionista”, al lado de Pio Moa y otros, cuya pretendida ingente documentación no esconde ni por asomo la parcialidad de sus conclusiones. Con justificada razón, y aunque gocen de un amplio crédito mediático, no merecen la consideración ni el respeto de la mayoría de los historiadores españoles.
53.- “Cien poemas de amor”, Amaru. Deliciosos y sensuales poemas, a modo de epigramas, escritos por el más famoso poeta erótico de la India a mediados del siglo VIII d.C. Bellísimos.
54.- “La Eneida”, Virgilio. Las andanzas de Eneas, tras su huida de la Troya arrasada, hasta arribar a lo que más tarde será la ciudad de Roma. Una de las grandes epopeyas de la literatura universal. No tiene la garra de la Odisea, pero es también un bellísimo poema. Lo tenía en casa, sin leer, desde hace más de treinta años.
55.- “El Aleph”, Jorge Luis Borges. Colección de relatos cortos de temática varia, pero todos de carácter fantástico, con el lenguaje y el ritmo característicos de su autor. Brillantes y cautivadores.
56.- “Las ciudades. César o Nada”, Pío Baroja. Releo esta novela después de muchos años de haber hecho sobre ella un trabajo de curso universitario sobre los antecedentes del fascismo en la literatura española. Publicada en 1910, relata las aventuras de un joven español, cínico y descreido, que nos revela el “hombre nuevo” que estaba emergiendo en Europa. Me ha gustado más que cuando la lei por vez primera.
57.- “Vida amorosa de los pueblos naturales. Comportamiento sexual de las comunidades primitivas”, Adolf Tüllman. Estudio etnológico sobre la sexualidad de los pueblos primitivos de América, África y Oceanía, principalmente.  No alcanza la altura de otras obras, como las de Levy-Strauss, pero su lectura ma ha resultado muy interesante. Lo tenía sin leer desde hace casi veinte años o más.
58.- “Vida amorosa en el Lejano Oriente. Comportamiento sexual de los pueblos orientales”, Adolf Tüllman. Estudio similar al comentado anteriormente, pero esta vez centrado en los pueblos primitivos de China , Indochina y las islas del Pacífico. Interesante también.
59.- “El Digesto de Justiniano. Tomo I: Constituciones preliminares y Libros I-XIX”, A´Dors (et ál.). Después de una temporada de ficción, nada como la base del Derecho para volver al mundo real. Siempre es una gozada releer una obra cumbre del espíritu humano como esta en la que precisión conceptual, rigor terminológico y concisión estilística se aunan para fundar una ciencia. 
60.- “Single & Single”, John Le Carré. Interesante novela del afamado autor británico, especialista del género policiaco. Este vez, centrada en los paraisos fiscales, los negocios turbios, las mafias financieras y los asesorías legales que asesoran y protegen a los delincuentes. Interesante.
61.- “Ramses. La batalla de Kadesh”, Christian Jacq. Tercera novela de la serie sobre la mítica figura de Ramses II, ahora centrada en la famosa batalla de Kadesh, que enfrentò en tierras de la actual Siria, a las tropas del faraón con el ejército hitita por el dominio de la región. Y además, las intrigas en la corte egipcia tejidas por los sacerdotes rebeldes al rey en torno a la figura de su esposa, Nefertari. Muy bien escrita y sumamente entretenida.
62.- “Guerras justas a injustas. Un razonamiento moral con ejemplos históricos”, Michael Walzer. Un magistral ensayo sobre la guerra y su justificación moral, escrito por este profesor de Princenton, justamente alabado por su espíritu crítico.
63.- “Escalera hacia el cielo”, Luis Goytisolo. Una divertida y desvergonzada novela, ambientada en la España de ahora mismo, sobre el amor y sus indeseables consecuencias, con escenas amorosas de alto contenido erótico, que la hacen más atractiva aun si ello es posible. Muy buena, como todos los textos de este autor.
64.- “Favoritos de la Fortuna”, Colleen McCullough. De nuevo una magistral novela histórica, también tercera de la seria escrita por esta autora australiana sobre la figura de Julio César. Centrada en esta ocasión en la adolescencia del joven Julio y las vicisitudes e intrigas de la Roma de su tiempo. Magistral.
65.- “Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política”, Hannah Arendt. Releo esta magnífica obra sobre teoría política  conmemorando a mi manera el centenario del nacimiento de la autora. La tesis del libro es que las palabras que reflejan nuestra percepción actual de la política han perdido sentido: justicia, democracia, razón, participación, responsabilidad, virtud…, parecen no significar apenas nada o son tergiversadas con oportunismo por los populismos de izquierda y derecha. Y lo que Hanna Arendt viene a decirnos es que es preciso recuperarlas, siguiendo la trayectoria de esos conceptos a lo largo de la Historia, para así proyectarlos desde el pasado hasta el futuro. Fundamental para encontrar un poco de luz en la inhospita obscuridad de ideas en que andamos sumidos. Lo he disfrutado más ahora que en su primera lectura.
66.- “El guardian entre el centeno”, J.D. Salinger. Novela de culto, donde las haya, en los institutos y universidades norteamericanas, donde es lectura obligatoria para los alumnos, como en España lo son Don Quijote, la Celestina o el Lazarillo. Salvando las distancias, claro está, porque se trata de lecturas muy distintas. La lástima es no poder leerla en su idioma original. Escrita por Salinger el año 1945, y reescrita de nuevo en 1973, la novela describe el relato en primerísima persona de la peripecia de su joven protagonista, un joven de dieciseis años, de familia “bien”, que acaba de ser expulsado del elitista colegio en el que estudia y vuelve a su casa de Nueva York en las navidades de un año indeterminado a finales de la década de los cuarenta. Temeroso de la reacción familiar, deámbula durante dos días por hoteles y casas de conocidos en la ciudad mientras nos cuenta como ha sido su vida en el colegio, las relaciones con sus compañeros y profesores. con las mujeres y con su familia. ¿Novela de iniciación, y de ahí su importancia en la literatura juvenil y académica norteamericana? Pudiera ser. En todo caso. lectura agradable y gratificante, con cierto tufillo moralizante, como no podría ser de otro modo. El extraño título de la novela está sacado de un poema de Robert Burns que el protagonista rememora de una conversación con su hermana pequeña.
67.- “El origen del mundo”, Jorge Edwards. Deliciosa novela de amores, celos y pasiones entre chilenos exiliados de la dictadura pinochetista en el París de mediados de los noventa. Relato que se inicia con el descubrimiento por los protagonistas en el Museo de Orsay parisino del famoso cuadro hómónimo (“El origen del mundo”, de Gustave Courbet) tildado de obsceno por buena parte de sus contemporáneos, razón por la cual permaneció durante casi cien años en la clandestinidad más absoluta. Divertida a veces y entretenida en todo momento, resulta de muy agradable lectura, a lo que ayuda la magnifica impresión y tipo de letra habitual en los libros de la editorial Tusquets.
68.- “La dama de Urtubi”, Pío Baroja. Relato corto ambientado en el País Vasco de inicios del siglo XVII. Una peripecia romántica que nos narra los amores de Leonor de Alzate, sobrina del Señor de Urtubi y de Miguel Machain, joven hidalgo sin fortuna, en un marco rural de gran belleza, a caballo entre el Labourd y el Bearn francés y la Navarra española y plagado de magia, brujas (las “sorguiñas”), aquelarres e inquisidores, con especial protagonismo de la famosa cueva de Zugarramurdi. Un precioso cuento de final feliz, como todos los cuentos que se precien. 
69.- “El Horla”, Guy de Maupassant. Novela de misterio y terror psicológico ambientada en la campiña de la Isla de Francia a mediados del siglo XIX.  A través de las anotaciones del Diario del protagonista. un burgués de Ruán que vive apaciblemente en su cara rural a orillas del Sena, y en el transcurso de cinco meses de anotaciones, vamos asistiendo gradualmente a la aparición y posterior posesión personal del protagonista por medio de un ser inmaterial, el Horla, que acabará por dominarlo física y psicológicamente hasta el fatídico desenlace final con trágicas consecuencias no esperadas ni deseadas. Muy interesante y de fácil lectura por su brevedad.
70.- “El Informe Pelícano”, John Grisham. Entretenida novela judicial de este prolífico autor norteamericano, repetidamente llevado al cine. Dos jueces del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América son asesinados en una misma noche de forma violenta. A dos mil kilómetros de allí, una joven universitaria de Nueva Orleans, liada con su profesor de Derecho Constitucional, ferviente admirador de uno de los jueces asesinados, no sabemos muy bien cómo ni porqué, se encierra durante varios días en la biblioteca de la universidad y a base de repasar libros y casos judiciales llega a la conclusión de que ha averiguado quién y porqué ha asesinado, o mandado asesinar, a los dos jueces del Supremo. Su amante y profesor lleva el informe redactado por la protagonista a un amigo del FBI y dos días después muere al explotar su coche a la salida de un restaurante. Comienza una huida frenética de nuestra heroína, perseguida por “los malos”; el informe llega a manos de la Casa Blanca que intuye que van a tambalearse todas sus estructuras si se hace público. La “buena” (Julia Roberts en la película) se pone en contacto con un periodista del “Washington Post”, y ambos comienzan una aventura conjunta para poner a los malos ante el paredón (es una metáfora) mientras intervienen la CIA y el FBI… Es la primera novela que leo de Grisham, y probablemente, la última.

"Post scriptum", a 29/11/2011: En noviembre de 2006, hace justamente cinco años, dejé de anotar y comentar las lecturas que iba realizando. No recuerdo muy bien que me impulsó a dejar de hacerlo; probablemente, el hecho de comenzar la aventura de "Desde el trópico de Cáncer". De todas formas, esporádicamente, voy dejando en el blog desde esa fecha comentarios sobre las nuevas lecturas que realizó, al menos, de las que me parecen más interesantes.