domingo, 4 de septiembre de 2022

De la filosofía de los antiguos

 




Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz domingo. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy va de las enseñanzas de la filosofía de los antiguos, y en concreto del estoicismo, que como dice en ella el escritor y divulgador científico Pablo Linde, han inspirado las terapias psicológicas con mejor evidencia científica, y han tomado impulso durante la pandemia para gestionar tiempos inciertos. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Nada más por mi parte salvo desearles que sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.




 

La filosofía de hace dos milenios para afrontar los problemas del siglo XXI
PABLO LINDE
30 AGO 2022 - El Pais

El estoicismo está de moda. La filosofía que comenzó a predicarse bajo un porche (stoa, pórtico en griego) en Atenas, hace 2.300 años, se ha convertido en una guía vital para mucha gente en pleno siglo XXI. En España, su auge despuntó hace unos cuatro años, cuando comenzaron a publicarse libros sobre el tema. Pero la pandemia y la incertidumbre que las noticias reflejan a diario le ha dado aún más impulso a una forma de ver la existencia que es la base de las terapias psicológicas con mejor evidencia científica, pero que también puede ser contraproducente si no se entiende bien.
En redes sociales es fácil encontrarse a personajes influyentes hablando sobre estoicismo, de forma directa (mencionando la filosofía) o indirecta (refiriéndose de la forma de afrontar la vida propia de este pensamiento). Y lo es también en el ámbito de la salud, tanto mental como física. El interés del fenómeno lo corrobora Google: la palabra estoicismo comenzó a crecer aproximadamente en 2019 como tendencia de búsqueda en español y ha alcanzado su techo este mismo agosto.
¿Qué busca una sociedad que poco tiene que ver con la Grecia antigua en las palabras que se pronunciaron y escribieron hace dos milenios? Para comprobar su vigencia, basta con rescatar algunas frases que parecieran estar pensadas para una ciudadanía que pierde más tiempo del necesario en las redes sociales: “Toma este momento. Sumérgete en sus detalles. Responde a esta persona, este desafío, esta acción. Deja las evasiones”; “es esencial que recuerdes que la atención que le des a cualquier acción debe ser proporcional a su valor”; “¿no sabes que un buen hombre no hace nada por las apariencias, sino por hacer lo correcto?”; “te descubriré un modo de provocar el amor sin filtro mágico, sin hierbas, sin ensalmos de hechicera: si quieres ser amado, ama”.
Las sentencias, de Séneca, Epicteto y Marco Aurelio, son solo un ejemplo de lo que predicaba esta filosofía, que, según escribe Massimo Pigliucci en su libro Cómo ser un estoico, tiene como uno de sus rasgos más distintivos su practicidad: “Se inició bajo la apariencia de —y siempre se lo ha comprendido así— una búsqueda de una vida feliz y con sentido”.
De las muchas enseñanzas de la filosofía estoica, y más allá de centrarse en el momento presente, seguramente las más significativas son estas que relata Pigliucci: “No se centra en suprimir u ocultar las emociones [como es a menudo malinterpretada]; más bien se trata de reconocerlas, reflexionar sobre lo que las provoca y redirigirlas para nuestro propio bien. También se trata de tener claro qué está y qué no está bajo nuestro control, centrando nuestros esfuerzos en lo primero y no malgastándolos en lo segundo [...]. El estoicismo es principalmente una filosofía del compromiso social que también anima a amar a toda la humanidad y a la naturaleza”.
Para Marcos Vázquez, uno de los divulgadores sobre salud más respetados en lengua castellana, una de las ideas más inspiradoras es el concepto de libertad: “En el mundo moderno tendemos a pensar que libertad es hacer lo que me parece, ir donde quiera, comer lo que me apetezca... Y eso es todo lo contrario, es ser esclavo de tus impulsos. Por eso hay mucha gente que come mal, esclava de la bollería, o que no hace deporte, esclava de la pereza. El estoicismo se basa en ser capaz de gobernarnos a nosotros mismos, tener disciplina y tratar de conseguir las cosas que nos importan”.
Cuando comenzó a escribir su libro Invicto, allá por 2018, Vázquez recuerda que casi no había ninguno traducido al español sobre la materia, mientras que ahora se encuentran cientos en las librerías. “Yo diría que la gente se da cuenta de que en una sociedad que va cada vez más rápido, donde nos controla un algoritmo, y donde cada vez tenemos más fuentes de distracción, hay quien encuentra en el estoicismo un punto de reflexión: ‘¿Qué es lo que realmente valoro en mi vida? ¿A qué cosas estoy prestando atención?’. Con la pandemia se acentuó, la gente se ha hecho más consciente de lo frágil que es la vida, muchos se agarraron al estoicismo, empezaron a leer sobre ello y se dieron cuenta de que es una especie de bálsamo emocional”, señala.
Una de las publicaciones más recientes sobre el tema es El pequeño libro de la filosofía estoica, de Guillermo de Haro y Javier Recuenco. Este último considera normal esta tendencia: “No es la primera vez que se pone de moda en los últimos 2.500 años. Venimos de tiempos de máxima incertidumbre, como la pandemia, y es normal que la gente se aferre a ideas que han estado ahí siempre para que la gente las pudiera usar”.
Fue en la pandemia cuando Diario Estoico, la comunidad online en español más grande sobre esta filosofía, se disparó. Y no ha parado de crecer, según Pedro Vivar, su creador. En su opinión, quizás es exagerado hablar de moda: “Estaría de moda si viéramos a Pablo Alborán con una camiseta que ponga ‘Marco Aurelio mola’ o a Sergio Ramos hablando sobre la dicotomía de control. Pero está claro que sí es una tendencia cada vez mayor”. Gran parte del gancho del estoicismo es, coincide con el resto de los consultados sobre el tema, su carácter eminentemente práctico: “Cuando ves las cifras de salud mental, los suicidios, la depresión y ansiedad que se vive en la sociedad... le sumas una pandemia que ha aislado a la población y hay quien ve que puede reducir estos problemas aplicando herramientas prácticas y tangibles”.
Un ejemplo de cómo puede ayudar al bienestar en la vida cotidiana lo pone Pigliucci en su libro. Habla de cuando le robaron la cartera en el metro de Roma: “Mi primera impresión, como dirían los estoicos, fue de sorpresa y frustración porque me habían burlado. Pero mi mente regresó enseguida a Epicteto y me negué de manera categórica a asumir esta impresión. De acuerdo, había perdido la cartera, algo de dinero y unas tarjetas de crédito que tenía que bloquear. Oh, y el carnet de conducir, que tendría que reemplazar. Con las buenas tecnologías electrónicas modernas, ocuparme de todo esto solo me llevó apretar unas pocas teclas en mi teléfono inteligente (¡que seguía en el otro bolsillo delantero!) y unos días de espera. Pero el ladrón había perdido a cambio su integridad. Antes de practicar el estoicismo, una experiencia como esta probablemente me habría dejado enfadado y resentido para el resto de la velada, lo que no habría hecho ningún bien a nadie (esa respuesta no habría afectado al ladrón ni me habría devuelto la cartera)”.
La reformulación de los propios pensamientos es parte importante del estoicismo, que en algunos aspectos tiene correspondencias con el cristianismo, en conceptos como “odiar al pecado, no al pecador”. Y estas reformulaciones son un componente valioso en la psicología moderna.
Pero hay que tener muy claro que el estoicismo no es una terapia. Ni lo pretende. Aunque la psicología cognitivo-conductual hunde sus raíces en esta filosofía, según sus propios fundadores, no se puede sustituir la intervención clínica, cuando es necesaria, por leer o practicar unos cuantos principios. El psicólogo Ramón Nogueras explica la diferencia: “El estoicismo es una filosofía; la psicoterapia basada en la evidencia es una tecnología, la aplicación de unos principios psicológicos para conseguir unos determinados resultados. El estoicismo no parte de una comprensión de la conducta humana, porque no es su propósito. Reúne una serie de pautas que van en la línea de lo que algunas terapias basadas en la evidencia recomiendan”.
Una de las bases de la terapia cognitivo-conductual es precisamente que el malestar en muchas ocasiones nos viene dado porque nos decimos cosas que nos causan esta zozobra, y no tanto por las situaciones en sí. “Es la terribilización”, explica Nogueras. “Decirte a ti mismo que esto es insoportable en lugar de pensar realmente en las consecuencias y en qué se puede hacer y qué no”.
No es lo único en lo que la evidencia científica dio la razón a los estoicos milenios después de postular sus pensamientos. Cada vez hay más pruebas sobre los beneficios de concentrar la atención en uno mismo (lo que llamaba prosoche) o del contacto con la naturaleza. También fueron pioneros en postular algunos beneficios del ejercicio físico. Séneca hablaba de que su realización con regularidad no solo servía para mantenerse en forma, sino también por su efecto calmante sobre la mente.
Pero, igual que esta filosofía puede ser muy útil para enfrentarse a muchas situaciones de la vida, se puede caer en un error si se supone que lo soluciona todo o es la panacea. “No lo es”, asegura Nogueras, quien cree que es frecuente malinterpretarla. “Muchas veces lo que separa una filosofía de la autoayuda es la falta de matices. Muchas personas desvirtúan el estoicismo y hablan de supresión de emociones, algo que en ningún momento dicen los estoicos. Ellos predicaban que los eventos son pasajeros y hay que esperar a que pasen afrontándolos racionalmente”, añade.
Un estudio publicado este mismo mes de agosto da la razón a Nogueras. Estudia a personas que han practicado esta filosofía y concluye que entre quienes abrazan un concepto erróneo basado en suprimir emociones se producen descensos en el bienestar. “Encontramos efectos especialmente pronunciados para el deseo de no expresar emociones y de sentir menos. A pesar de ser una mala interpretación de la filosofía estoica, estos hallazgos resaltan el importante papel de las orientaciones de los individuos hacia el procesamiento emocional para el bienestar”, señalan los autores.
Una de las conclusiones del estudio es que si los profesionales de la psicología utilizan los principios estoicos en su práctica clínica, deben moldear sus intervenciones para trabajar a través de la lente de los verdaderos principios del estoicismo, y no los equivocados, a los que llaman “ideología estoica ingenua”.






















sábado, 3 de septiembre de 2022

Del pasado y el futuro de la derecha

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy va del futuro y el pasado de la derecha, porque como dice en ella el catedrático de Ciencia Política, Víctor Lapuente, estamos en la antesala de un cambio sistémico entre quienes se decantan por el amor y el odio al capitalismo. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Nada más por mi parte salvo desearles que sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.






Futuro y pasado de la derecha
VÍCTOR LAPUENTE
30 AGO 2022 - El País

¿Qué políticos dicen que las grandes tecnológicas son “malévolas”, “corruptas” y “enemigas de nuestra civilización”? ¿Quiénes consideran que las multinacionales “no son nuestro aliado” y ven a sus ejecutivos como contrarios ideológicos que conspiran para “destruir nuestra forma de vida”? ¿Quiénes han iniciado una cruzada de amenazas y regulaciones contra las gigantescas Disney o BlackRock? Fácil. Alberto Garzón o Irene Montero. Quizás Yolanda Díaz. Y Pablo Iglesias, claro.
Pues no. Son distinguidos republicanos, como los senadores Ted Cruz y Marco Rubio, o aspirantes a serlo, como J. D. Vance. Su partido, al frente de una tendencia que engulle a las derechas de otros países (como Francia), se está volviendo anticapitalista.
La izquierda cree que es mera hipocresía: aunque los políticos de derechas usen una retórica contra las grandes corporaciones, sus políticas las favorecen. Pero, ¿por qué ahora? Tradicionalmente, el discurso probusiness les ha funcionado bien a los conservadores, de Ronald Reagan a Isabel Díaz Ayuso. ¿Y por qué renunciar a las siempre suculentas donaciones de empresarios multimillonarios?
Estamos en la antesala de un cambio sistémico en la política. Derechas e izquierdas están intercambiando su amor y odio por el capitalismo. Mirado con perspectiva, no es una mutación excepcional, sino un retorno a la norma, a la divisoria primigenia de la primera democracia moderna entre los partidarios del poder local (los jeffersonianos) y los del Gobierno federal (los hamiltonianos). De estas raíces crecieron dos tallos opuestos, dos filosofías incompatibles, no solo sobre la política, sino sobre la propia naturaleza de la verdad. Los jeffersonianos priorizan la cultura de un lugar (apego a la Biblia o a las libras y onzas) y los hamiltonianos, la razón universal (adherencia a los derechos humanos o a la tecnocracia del Fondo Monetario Internacional). Los jeffersonianos temen lo que el antimonopolista Louis Brandeis llamó la “maldición de ser grande”, los problemas que generan las corporaciones, o los gobiernos, descomunales. Y las derechas de hoy están retornando a este particularismo jeffersoniano.
Mientras, las izquierdas abrazan de nuevo el universalismo hamiltoniano, y muchos de los altermundistas que se manifestaban en Seattle o Génova son ahora declarados globalistas. Bienvenidos a la contienda del futuro, y el pasado, por el corazón de las democracias.



















viernes, 2 de septiembre de 2022

De la realidad social del catolicismo


 



Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy va de la realidad social del catolicismo, al que como dice en ella el filósofo Bernat Castany, escarnecer como si fuera una realidad unánimemente retrógrada sin comprender que se halla atravesado por numerosas tensiones, no va a favorecer que surjan en él las voces críticas que contribuyan a renovarlo. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Nada más por mi parte salvo desearles que sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.






Un ángulo muerto
BERNAT CASTANY PRADO
29 AGO 2022 - El País

El término “laico”, del griego laos, “pueblo”, significaba en un principio “popular” y designaba a aquellos que no pertenecían a ninguna institución eclesiástica. Sólo después de que las guerras de religión desgarrasen países como Francia o Inglaterra, pasó a designar el proyecto político de apartar los sentimientos religiosos de la esfera pública. Pero en aquellos países en los que el catolicismo se impuso sin problemas, la Contrarreforma reprimió el laicismo, defendido por los humanistas. Muchos de los cuales, por cierto, eran cristianos.
Subrayo este hecho, porque es un error habitual confundir el laicismo con el anticlericalismo y el ateísmo, y el anticlericalismo y el ateísmo con el progresismo. Primero, el ateísmo es, malgré moi, una convicción “teológica”, de modo que intentar imponerla como “religión de Estado” supondría atentar contra el laicismo. Segundo, el anticlericalismo es la crítica a la oficialidad religiosa, blandida muchas veces en nombre de una religiosidad más auténtica, como fue el caso de la Teología de la Liberación. Tercero, existe un cristianismo progresista, así como también existe un progresismo cuya actitud de menosprecio o burla hacia los creyentes es contraria a la libertad y la tolerancia que dice perseguir.
Desgraciadamente, este tipo de confusiones son habituales en algunos sectores de la izquierda. Es cierto que, además de sus errores históricos, en las últimas décadas, la Iglesia oficial ha dado, como tantas otras instituciones o movimientos, un giro reaccionario. Pero escarnecer al catolicismo como una realidad unánimemente retrógrada o corrupta sin atender al hecho de que se halla atravesado, como toda comunidad, por numerosas tensiones, no va a favorecer que surjan en él las voces críticas que contribuyan a renovarlo, ni que se abran en los demás los oídos que escuchen lo que estas también tienen que aportar. Al contrario, provocará en todas partes un repliegue identitario, que acallará voces y cerrará oídos, para entregarle todo el protagonismo a los fanáticos.
Lo cual no sólo supone un error político, por atentar contra uno de los valores fundamentales de la democracia como es el laicismo, sino también un fallo estratégico, ya que arroja a un gran número de creyentes al vacío político interestelar. Por eso, en las cuestiones religiosas (y probablemente también en las nacionales), lo mejor sería, como recomendaba Cervantes, “que cada uno meta la mano en su pecho”. Y que no la saque más que para ayudar a aquellos que, dejando a un lado las diferencias accesorias, apuntan desde otras posiciones a unos mismos objetivos fundamentales. Se trata, en fin, de hacer que resuciten los ángulos muertos.



















jueves, 1 de septiembre de 2022

De los mitos tecnológicos

 

Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy va de los mitos de la tecnología, porque como dice en ella la escritora Marta Peyrano, toda tecnología lo suficientemente centralizada es susceptible de convertirse en un arma de destrucción, explotación o colonización masiva. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Nada más por mi parte salvo desearles que sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.







No vienen a salvarnos
MARTA PEIRANO
26 AGO 2022 - El País

Está a punto de ocurrir: la energía limpia, la máquina que reduce el efecto invernadero, la vacuna contra el envejecimiento, la inteligencia artificial general. Al mismo tiempo, es el fin de la abundancia, de la democracia y de la despreocupación. Un buen día, despertaremos y ya no habrá que dejar de fumar, de comer grasas saturadas o de poner el aire acondicionado por encima de 24ºC. O quizá no habrá agua, derechos civiles o calefacción. Parecen relatos antagónicos pero perfectamente compatibles. Para que Jeff Bezos suba al espacio, un millón y medio de trabajadores de Amazon tienen que malvivir. Para que Mark Zuckerberg encienda su metaverso, millones de europeos pondrán la lavadora de noche una vez por semana. No podemos renunciar al progreso, pero podemos dejar de hornear.
“No hay otra alternativa”, fue el lema de Margaret Thatcher para imponer la desregulación, la era del ultraliberalismo económico y el imperio de los combustibles fósiles. “No hay otra alternativa”, nos repiten en Davos, en las últimas cumbres climáticas y en la televisión. Un milagro tecnológico salvará el mundo en el último minuto porque ya no queda tiempo y porque somos demasiado vagos, estúpidos o egoístas para hacer otra cosa. O demasiado insignificantes. Cualquier cosa que hagamos será pequeña y ridícula en comparación.
“La mentira que alimenta la utopía del tecnocapitalismo es que sólo existe una manera de hacer big data, inteligencia artificial o computación en nube”, decía Evgeny Morozov en un ensayo reciente, “y es la manera que ha descubierto y perfeccionado Silicon Valley”. Esa mentira no sólo miente, sino que está devorando el resto de alternativas, secuestrando sus recursos y ninguneando su potencial. El fin de la abundancia podría ser el principio del fin de la democracia o el principio de una nueva era de responsabilidad radical. Pero despreciamos la acción colectiva, en incremento y local capaz de generar soberanía desde las instituciones de los barrios porque nos parecen pequeñas y tontas. Es más inteligente esperar que la máquina de explotación de datos, vigilancia masiva y desinformación se transforme en un arca donde cabremos todos en lugar de profundizar la injusticia y triplicar la desigualdad.
Toda tecnología lo suficientemente centralizada es susceptible de convertirse en un arma de destrucción, explotación o colonización masiva. Somos niños esperando que los adultos cojan el volante y resuelvan la situación, pero los adultos son Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Bill Gates y Elon Musk y no vienen a salvarnos. Para que su futuro exista, el nuestro tiene que desaparecer.






Y ahora, las viñetas...