viernes, 18 de septiembre de 2026

DEL CAFÉ DE SOBREMESA: MARRUECOS CONTRA LOS MARROQUÍES, POR NAJAT EL HACHMI. 4 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





La entrada masiva de marroquíes a finales de julio en Ceuta no es una entrada masiva; es la plasmación más gráfica y fidedigna del trato que da el régimen alauí a su gente, en especial a sus menores. Estarán orgullosos los artífices de la iniciativa, quienes hayan decidido usar a la población para lo que es a todas luces un ataque a una ciudad que lleva cinco siglos siendo española. Estarán contentos por haber dado al mundo esa imagen precisa de lo que es en realidad un país que se presenta como el más moderno, que progresa económicamente, el que tiene una buena selección de fútbol (compuesta casi toda por hombres que ni nacieron ni crecieron en Marruecos y que le deben poco o nada a la bandera que llevan en la camiseta), que prohíbe las bolsas de plástico de forma radical lavando en verde el despotismo con que somete a su población.

Nada nuevo, en realidad: el mundo no lo ha visto, pero el país en el que nací lleva décadas haciendo exactamente lo que hizo este verano, vertiendo a los marroquíes en otros países como se vierte la mierda en las alcantarillas. Pregunten a cualquiera que proceda del magnífico reino dirigido por Mohamed VI y les contará lo que es no tener patria porque la que se supone tuya de nacimiento hace lo posible para que te vayas, para que huyas de su territorio. No es algo reciente: la emigración ya la usaba Hassan II como arma de represión contra sus “súbditos”. La historia de la zona de la que yo procedo, el Rif, no es más que una historia de destierros involuntarios. Nos contaron que era por razones económicas, para tener una vida mejor; pero lo que quedó enterrado por el silencio traumático de nuestros padres y abuelos es que hubo políticas deliberadas para que nos fuéramos. Éramos demasiados, queríamos comer, organizábamos manifestaciones cuando subía el precio del pan y no veíamos forma alguna de aplacar el hambre en esa tierra yerma y abandonada, arrasada por las élites extractivas —empezando por el propio Rey, que puede llevar una vida de lujo y regalar joyas carísimas a mandatarios extranjeros— mientras los niños que viven bajo su dictadura no ven otra salida que la de ir hacia el Norte, donde sus ídolos viven en paz y puede crecer la esperanza.

No, ese Marruecos que ha visto el mundo entero no es nada nuevo, es el plomo de antaño, es Betty Lachgar encarcelada por una camiseta, es Nasser Zafzafi cumpliendo 20 años a la sombra, es usar a seres humanos con finalidades geoestratégicas. Es arrojar a los niños al mar. Y que se ahoguen como se ahoga el resto del país bajo la bota dictatorial. Najat El Hachmi es escritora. Publicado en El País el 4 de septiembre de 2026.



























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 18 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





















DEL ARCHIVO DEL BLOG: LA RACIONALIDAD DEL DESCONTENTO, POR PABLO SIMÓN. PUBLICADO EL 16 DE SEPTIEMBRE DE 2019

 





Saber que algo nos pasa no es lo mismo que saber el qué. En este tiempo estamos viendo el declive de los partidos tradicionales y la erupción de diferentes manifestaciones de descontento en todo el mundo. Sin embargo, lo que no sabemos tan bien es si podemos agruparlo todo.

¿Es lo mismo Syriza que Vox, los chalecos amarillos que Podemos o el Cinco Estrellas, Jair Bolsonaro que el Frente Nacional, el voto al Brexit que a Ley y Justicia en Polonia o a Donald Trump en Estados Unidos? Si ni siquiera sabemos cómo clasificar y agrupar estos fenómenos, si encima los oscurecemos con innumerables etiquetas, ¿cómo vamos a poder explicar sus determinantes?

Con todo, buscando una causa común subyacente, se ha dado pie a dos grandes baterías de explicaciones. De un lado, las que se centran en argumentos culturales y de valores. Su idea es que estamos viendo una contra reacción frente a la ideología dominante del cosmopolitismo y la globalización, ideales impulsados por las élites sociales las últimas décadas. El “hombre blanco enfadado” (Angry white man), harto de verse superado por mujeres e inmigrantes, de sentirse olvidado por sus gobernantes, estaría en rebeldía.

De otro lado, muchos académicos apuntan que la causa común es más bien material. Los sectores más damnificados por la Gran Recesión, los más vulnerables o con menos expectativas de futuro, estarían manifestando su descontento en diferentes formas. Estaríamos viendo la movilización y el voto contra los partidos tradicionales de los sectores sociales “dejados atrás” (left-behind), los perdedores de la globalización o, como bautizó Fernández-Albertos, los precarios políticos.

¿Es posible distinguir fácilmente ambas explicaciones? Tomemos el caso del Brexit. Varios estudios apuntan que la propensión a votar salirse de la UE fue mayor en aquellos ciudadanos con actitudes contrarias a la inmigración y que vivían en condados con saldo migratorio positivo. Sin embargo, al tiempo, otros estudios muestran que aquellos individuos más expuestos a los recortes del gasto social emprendidos por David Cameron desde 2010 también votaron más Brexit, inclinándose a su vez por el UKIP como partido protesta. Distinguir el agravio material y el cultural no resulta sencillo, se entrelazan.

Quizá por eso sea recomendable huir de cualquier explicación simplista. Sin duda, es más fácil achacar el auge de Bolsonaro a su uso de WhatsApp que indagar en las causas de la polarización social en Brasil. Atribuir el crecimiento de las formaciones euroescépticas a las fake news antes que rastrear las cicatrices de la Gran Recesión. ¿Qué puede ser más cómodo que alegar que el voto a determinados partidos es emocional y no racional? Sin embargo, seamos honestos: es más probable que no estemos entendiendo la racionalidad del descontento detrás de muchos fenómenos a que esta, simplemente, no exista. Pablo Simón es politólogo. El País, 16 de septiembre de 2019





















DEL POEMA DE CADA DÍA: HOY, POEMA V, DE IVES BONNEFOY (1923-2016 ). 18 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 








POEMA V



Salgo.

Sueño que salgo en la noche nevada.

Sueño que llevo

Conmigo, lejos, fuera, es sin retorno,

El espejo de la recámara superior, aquel de los veranos

De otro tiempo, la barca y la proa donde, simples,

Fuimos, nos preguntamos, en el sueño

De veranos que fueron breves como es la vida.

En aquellos tiempos

Fue a través del cielo que brillaba en sus aguas

Que los magos de nuestro sueño, retirándose,

Propagaban sus tesoros en el cuarto oscuro.



YVES BONNEFOY (1923-2016)

poeta francés





***





 Yves Bonnefoy (Tours, Indre y Loira, 24 de junio de 1923-París, 1 de julio de 2016) fue un poeta, crítico literario, ensayista, traductor y prosista francés, que destacó como traductor de Shakespeare y por sus ensayos fundamentales sobre arte y artistas del Barroco y del siglo XX, incluyendo a Goya, Joan Miró y Alberto Giacometti.


















DEL ASUNTO DEL DÍA: UN NUEVO MAPA DEL MUNDO, POR SILVIA LABOREO LONGÁS. 18 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 






La Asamblea General de Naciones Unidas ha adoptado este viernes, con 164 votos a favor, el voto en contra de Estados Unidos y seis abstenciones, una resolución liderada por Togo y respaldada por la Unión Africana (UA) que busca que gobiernos, organizaciones internacionales y educativas dejen de usar el mapamundi de Mercator en favor de otros que reflejen mejor el tamaño de África en comparación con el resto del mundo.

“Un mapa justo no cambia la geografía del mundo. Cambia la forma en la que se percibe el mundo. Y cuando nuestra perspectiva se vuelve más justa, sienta las bases para un mayor entendimiento, mayor respeto y paz entre las naciones”, indicó Robert Dussey, Ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación, Integración Africana y Togoleses en el Extranjero, durante su discurso de presentación ante la Asamblea.

“Corregir el mapa no es un ejercicio ni estético ni simbólico. Se trata de una exigencia de precisión científica y pedagógica. Consiste en recordar que todas las regiones del mundo cuentan, que todos los pueblos merecen ser vistos en el lugar que les corresponde y que África, igual que el resto de regiones, debe aparecer en la conciencia colectiva, no de forma reducida a través de las distorsiones del pasado, sino que debe ser reconocida según su realidad, su contribución y su futuro”, añadió.

La resolución adoptada, cuya aprobación describen sus impulsores como “un hito histórico hacia la equidad cartográfica mundial”, no aboga por prohibir la proyección de Mercator ni por sustituirla en ámbitos como la navegación aérea o marítima. Su objetivo es avanzar hacia una representación cartográfica más equitativa del mundo y alienta al uso de otras proyecciones cartográficas, como la proyección Equal Earth, creada en 2018 por Bernhard Jenny, Tom Patterson y Bojan Šavrič, allí donde resulta especialmente relevante reflejar el tamaño real de los continentes: libros de texto, atlas, páginas web institucionales y mapas utilizados por los medios de comunicación.

“El proyecto de resolución y en particular la referencia a la proyección Equal Earth se refiere exclusivamente a la representación proporcional de las superficies de los continentes. No afecta en ningún modo a la delimitación, al trazado, a la condición o el reconocimiento de las fronteras y no debe interpretarse como manifestación de una postura política, jurídica o territorial que sea su objeto. Es meramente cartográfico, científico y pedagógico”, añadió Dussey durante su intervención.

“El objetivo no es simplemente sustituir una imagen por otra, sino corregir una narrativa profundamente arraigada y permitir que África, por fin, sea vista en sus verdaderas dimensiones”, explica a este diario por correo electrónico Carlos Lopes, profesor de la Universidad de Ciudad del Cabo y colaborador de Africa No Filter.

En el planisferio clásico, creado por Gerardus Mercator en 1569, África aparece empequeñecida en comparación con otros territorios como Groenlandia o Canadá. Esto se debe a que el mapa, que nació para favorecer la navegación, provoca mayores distorsiones conforme se acerca a los polos, por lo que Groenlandia se ve de tamaño similar a África, cuando realmente es unas 14 veces más pequeña. Es imposible proyectar una esfera en una superficie de dos dimensiones sin que haya algún tipo de distorsión en la forma o los ángulos. Cada proyección tiene sus ventajas, inconvenientes y distorsiones que, en el caso de Mercator, afectan al tamaño de ciertos continentes.

La adopción en la 79ª Asamblea de la ONU, que concluye sus sesiones ordinarias el próximo 8 de septiembre, es el último hito alcanzado por la campaña #CorrectTheMap, una iniciativa impulsada por las organizaciones Africa No Filter y Speak Up Africa en 2025. Para sus promotores, el uso de una proyección u otra es algo más que una cuestión cartográfica: “Se trata de representación, educación, las imágenes de los medios de comunicación y la forma en que las distintas generaciones han entendido el lugar y la dimensión de África en el mundo”.

Sus reclamos no son nuevos, pero la campaña reavivó el debate en un momento de ruptura poscolonial y de reafirmación de la identidad africana. En agosto del año pasado, la Unión Africana (UA) respaldó la iniciativa y más adelante pidió a Togo que liderara los esfuerzos diplomáticos para su adopción en la Asamblea de la ONU. Ahora, este recorrido culmina con la aprobación de la resolución en Nueva York, un paso que coloca la representación cartográfica del mundo en la agenda de la comunidad internacional.

Durante la sesión de la Asamblea General, en el apartado donde los Estados podían explicar el sentido de su voto, la representante de Estados Unidos anunció que su país votaría en contra. Criticó que “en lugar de centrarse en problemas reales de paz, prosperidad o buenas relaciones, este órgano está debatiendo cuestiones de mapas del siglo XIX, hablando de reparación y justicia cognitiva”. Añadió que resoluciones como la presentada y “la agenda ideológica que promueven” son “obstáculos” para el trabajo del organismo.

Por su parte, el representante de Ucrania indicó que su país no se opone “a las cuestiones nucleares que se abordan en el proyecto de resolución”. “No obstante, a lo que no podemos sumarnos es a la cuestión específica relacionada con la proyección cartográfica de Equal Earth a la que se hace referencia en el texto”, añadió. “Señala partes del territorio ucranio ocupadas temporalmente por la Federación de Rusia en violación flagrante del derecho internacional”, indicó. “Por esta razón, ya que el borrador alienta a los Estados miembros a adoptar y difundir la proyección cartográfica Equal Earth, tienen que garantizar que su aplicación sea plenamente coherente con los principios, normas y directrices de las Naciones Unidas de la Carta y de las resoluciones sobre la integridad territorial y soberanía de los Estados”, añadió.

“La Unión Europea y sus Estados miembros recuerdan que, dentro del sistema de la ONU, la representación de las fronteras y el estatus territorial sigue regido por la política de las Naciones Unidas. Nada en la presente resolución puede interpretarse como que modifique, supere o corrija esas referencias o las fronteras internacionalmente reconocidas que se reflejan ahí”, indicó a continuación la representante irlandesa, que hablaba en representación de la UE.

La resolución de la ONU es no vinculante, es decir, no es de obligado cumplimiento por los Estados miembros. Sin embargo, en opinión de Lopes, estas “suelen ser relevantes porque establecen una norma y otorgan legitimidad a cambios que, de otro modo, las instituciones podrían posponer indefinidamente”.

“Durante casi cinco siglos, la proyección de Mercator ha sido la imagen del mundo por defecto, y nadie votó nunca para elegirla. Lo que hace la votación de hoy es convertir la distorsión en una cuestión reconocida oficialmente: los gobiernos del mundo reconocen conjuntamente que la forma en que hemos venido representando el planeta tergiversa África y toda la franja ecuatorial”, opina Fara Ndiaye, cofundadora y directora ejecutiva adjunta de Speak Up Africa, una de las organizaciones detrás de #CorrectTheMap, en un intercambio de mensajes de WhatsApp con este diario. Ndiaye considera que una resolución en la Asamblea de la ONU “proporciona a cada ministerio de Educación, cada editorial y cada servicio cartográfico un punto de referencia que ayer no existía”.

Para la directora ejecutiva adjunta de Speak Up Africa, también importa desde dónde ha surgido esta iniciativa. “La resolución fue presentada por Togo y respaldada por la Unión Africana. Es África quien está marcando la agenda sobre cómo se representa África, en lugar de limitarse a pedir que se la represente de otra manera”, remacha. “Cuando pusimos en marcha #CorrectTheMap junto con Africa No Filter, el objetivo era convertir esta cuestión de una curiosidad cartográfica en una de poder y percepción. Una votación en Naciones Unidas es hasta ahora la señal más clara de que el argumento ha calado”, añade.

“El siguiente paso debe ser la implementación. La ONU y sus organismos deberían liderar el proceso adoptando proyecciones de áreas equivalentes en sus publicaciones, representaciones y productos digitales. Los gobiernos deberían revisar los planes de estudio escolares y los mapas oficiales, mientras que editoriales, medios de comunicación, universidades y empresas tecnológicas —en particular las plataformas de cartografía digital— deberían ser alentadas a seguir el mismo camino”, incide, por su parte, Lopes.

Respecto a las empresas tecnológicas, Ndiaye coincide en que “la mayoría de las personas conoce hoy el mundo a través de una pantalla, y las configuraciones cartográficas predeterminadas de un puñado de compañías moldean la percepción más que cualquier atlas impreso”. “No existe ninguna razón técnica para que sigan utilizando Mercator como proyección por defecto allí donde importa el tamaño relativo de los continentes, y una resolución de Naciones Unidas elimina la última excusa”, argumenta.

“Esto requerirá unas directrices técnicas claras, porque ninguna proyección plana es perfecta, pero es totalmente posible evitar las distorsiones extremas que se han normalizado. Por tanto, la resolución debería poner en marcha un proceso coordinado en el que participen cartógrafos, educadores, organizaciones internacionales y empresas tecnológicas, junto con un mecanismo para supervisar los avances”, añade Lopes.

La resolución establece asimismo un mecanismo de seguimiento: solicita al Secretario General que informe a la Asamblea General sobre su aplicación y prevé la inclusión de un punto específico en el orden del día provisional del 83º período de sesiones de la Asamblea. Silvia Laboreo Longás es periodista. Publicado en El País el 4 de septiembre de 2026.























jueves, 17 de septiembre de 2026

GAU ON, ATSEDAN ON ETA AMETS GOZOAK IZAN. 2026KO IRAILAREN 17A

 






Kaixo berriro, lagunok. Gau on, atseden on eta amets gozoak izan guztioi ostegun gau honetan, 2026ko irailaren 17an. Espero dut egun ona izan duzuela zuen familiekin eta lagunekin. Eskerrik asko bihotz-bihotzez bloga bisitatzeagatik. Pozten naiz zuen bisitaz gozatu izana pentsatzeaz. Tamaragua, lagunok. Fortuna jainkosa eta Patu onbera zuekin egon daitezela. Bihar arte. Maite zaituztet. HArendt















ENTRADA NÚM. 11465

DE LA TARDE QUE CAE: DÍGAME CUÁNTA VERDAD HAY, POR ENRIQUE VILA-MATAS. 17 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 






Pienso en aquella extraña fantasía de los escritores de ir en busca de experiencias que les parecieran más intensas que las de la literatura. Algunos seguro que llegaron a creer que la muerte de la escritura les daría acceso a lo estrictamente real. Y, aunque siempre quise que me explicaran qué nos perdemos de la vida cuando escribimos, jamás he pedido esas explicaciones, porque sé que discreparíamos a la hora de matizar la definición de experiencia, y más en un mundo como el actual, tan sórdido, tan idiota, tan literalmente bestial.

Por otra parte, la tan edificante idea de que la vida es, por supuesto, más interesante que la literatura, la demolió para mí Ricardo Piglia en una entrevista en Princeton, en 1998, cuando dijo que para él era más atrayente la literatura que la vida, pues la primera solía tener una forma mucho más elegante y podía ser una actividad más intensa.

No mucho después, John Banville, en un encuentro con Paula Corroto, no dudaba en decir que la literatura era más interesante, pero sobre todo “más importante” que la vida. Y, al señalarle Corroto que, sin embargo, todo lo que venía contándole tenía que ver con la vida, Banville le dijo que, en efecto, pero que eso se debía a que no tenemos otro material para escribir: “Porque si pudiesen, los novelistas no hablarían de nada. Un inglés dijo que la única inspiración que se podía conseguir se limitaba a la música, pero la vida es la vida y es el material que tenemos. Es un caos y puede incluso ser fea, pero es lo que tenemos”.

Desde Cervantes lo que tenemos es esa formidable tensión entre literatura y vida, que viene siendo el tipo de debate que ha desarrollado la novela. De hecho, la novela es ese debate en realidad. Por eso no debería sorprendernos que, cuando alguien presenta nueva novela, la pregunta más standard se interese por saber “cuánto hay de ficción y cuánto de verdad en ella”.

Indirectamente, esa pregunta standard aparecía en La verdad en literatura, reciente artículo de Sara Barquinero, interesante aportación al debate de la tensión entre literatura y vida en las novelas. Por azar supongo, justo después de leerlo, me entraba desde Palermo un correo de Valeria Luiselli relacionado con la pregunta del “cuánto hay de verdad”. En su mensaje siciliano y en plena promoción de su formidable novela Principio, medio, fin me comentaba su inesperada alegría al haber hallado la respuesta a la pregunta standard que le venían formulando en la mayoría de entrevistas. No era la respuesta exacta (porque ésta no existe), pero le parecía la más próxima a la verdad: “De autobiográfica la novela tiene el 27%”.

Tan inesperada alegría, pensé, no habría sido posible de no ser por qué, en mi opinión, la permanente tensión entre literatura y vida logra un magistral equilibrio entre una y otra evitando así que el vértigo de la existencia y el tedio general lleguen a ser demasiado abrumadores.

Pregunta de última hora (utilizable en futuras entrevistas): ¿será el 27% aproximadamente lo que dejamos de escribir para poder vivir? Enrique Vila-Matas es escritor. Publicado en El País el 3 de septiembre de 2026.





















DEL CAFÉ DE SOBREMESA: LA PALABRA PIJA, POR MARTÍN CAPARRÓS. 17 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 






Estamos aburridos y lo hacemos. Es un clásico: nos juntamos variados castellanos, ñamericanos y españoles, y nos reímos de la distancia entre lo que unos dicen y otros oyen. El castellano ofrece estas delicias: decir, digamos, una cosa sabiendo que al mismo tiempo dices otra. Para nosotros argentinos, por ejemplo, coger el autobús cada mañana suena a hazaña sexual digna de mejor causa. Para muchos españoles, en cambio, tomárselo temprano es una forma rara de alcoholismo. Es sólo un ejemplo de una ristra que podría ser eterna; hoy voy a centrarme en la palabra pija.

Y debería aceptar que lo hago porque sí, porque me dio la gana, por risas de patio de colegio, pero mi pudor de columnista me intima a que intente una excusa lingüística: a diferencia de la mayoría, la palabra pija, al pasar de una lengua a la otra, no solo cambia de sentido; también cambia de función. O sea: lo que era sustantivo —y muy sustantivo— en argentino pasa a ser adjetivo —y tan adjetivo— en español. Como ven, mi explicación no cambia nada.

Así que al toro: algunos de ustedes saben, supongo, que en argentino pija es una forma más bien gruesa de llamar a eso que tienen muchos varones colgando entre las piernas. (La descripción es ajustada y, sin embargo, nada preocupa más a los varones que conseguir que ya no esté colgando.)

Pero eso lo supe desde siempre. Mi sorpresa, mi descubrimiento, fue el sentido español. En España ser un niño pijo, una niña pija, es hacer todo lo posible por que el aspecto exterior de esa persona o personita, su primera impresión, convenzan a los demás de que pertenece a una clase más alta, que tiene más dinero, que papá y mamá enarbolan apellidos que son más que un nombre. Ser una niña pija, un niño pijo, es un gesto ideológico y político: yo creo que los ricos son mejores y soy —pretendo ser— uno de ellos.

(Para entendernos, compañeros sudacas: todos tenemos una palabra para esto. Y en el ufano castellano es probable que haya pocos conceptos que, como este, no repitan palabra, la tengan diferente en cada pliegue del idioma. Se dice, dicen, fresa en México, sifrino en Venezuela, gomelo en Colombia, pituco en Perú, cuico en Chile, caquero en Guatemala, pelucón en Ecuador, cheto en Argentina, chuchi en Paraguay, y siguen firmas.)

Y hay también, como corresponde, en cada sitio formas distintas de pretenderse pijo. En España mismo hay, me parece, formas bien distintas. Me habría gustado —­pero no me gustaría— iniciar un severo estudio sobre el tema; a falta de él, una columna.

Porque creo que aquí hay por lo menos dos modelos claros: el burgués, el dizque aristocrático. Es esquemático, pero juguemos por un rato: la pijidad copieta, la pijidad nostálgica. Y lo curioso es que estos dos modelos producen, en la práctica, frente al espejo, dos maneras opuestas de ser pijo: los que intentan estar a la última, seguir antes que nadie dictados de la moda de los centros mundiales de la ropa excluyente, y los que deciden que lo suyo es conservar las tradiciones: el mismo loden, mismos zapatos, mismos pelos, corbatas semejantes; si lo hacía el abuelo estará bien.

Son dos modelos: unos que sonreirían si alguien los confundiera con franceses; otros que se desviven por mostrar que son españoles españoles españoles —y que ser realmente español es imitar a los peores españoles de hace tiempo, Beltrán, Borja, Pelayo y Cayetano.

Seguramente me equivoco, pero creo que los primeros son mayoría entre los pijos catalanes, los segundos entre los madrileños. Los primeros serían un caldito de este presente triste: el triunfo puro del dinero. Yo lo hice, papá lo hizo, nosotros sí lo sabemos hacer, no como esas sanguijuelas que ya lo tenían hecho. Capitalistas orgullosos: soy porque supe —o, como mucho, el yayo supo.

Los otros son racismo puro: que el dinero no alcanza, que es preciso simular también una prosapia, que ser pijo no es algo que lograste sino que lo heredaste, que los tuyos siempre fueron pijos: sangre, pura sangre. Según eso, no puede haber nada más pijo que un rey, con siglos de pijidad autenticada, con trajes realmente del abuelo. Por eso dan ganas de decir que todo pijo del segundo grupo es un quiero y no puedo de su majestad. Dan ganas, pero no voy a hacerlo, porque eso me llevaría a ver la majestad de una manera rara. A veces hay que saber cuándo callarse. O, por lo menos, cuándo cerrar los ojos —para, como dicen aquí, no ver un pijo. Martín Caparrós es escritor. Publicado en El País el 4 de septiembre de 2026.





















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





















DEL ARCHIVO DEL BLOG: EL JUEGO DE LA DEMOCRACIA, POR FELIPE FERNÁNDEZ-ARMESTO. PUBLICADO EL 17 DE SEPTIEMBRE DE 2017

 





Por ser rutinario, el abuso de la palabra "democracia" no me preocupa. Nadie lo toma al pie de la letra, comenta el profesor Felipe Fernández-Armesto, historiador y titular de la cátedra William P. Reynolds de Artes y Letras de la Universidad de Notre Dame (Indiana, EEUU). En la mayoría de los Estados que históricamente se calificaban de "repúblicas democráticas", democracia equivalía a decir «dictadura». En la actualidad el abuso más notorio es el de la República Democrática de Corea -o sea, Corea del Norte- y Laos (regido por una junta de militares izquierdistas), Etiopía (donde la oposición no tiene diputados en la legislatura) y Argelia (donde un círculo de potentes no elegidos domina los procesos gubernamentales) se denominan de la misma forma sin cumplir las normas más elementales. Nepal se califica de República Democrática Federal pero al cabo de una guerra civil recentísimo es difícil por ahora predecir el rumbo que va a seguir su democracia inexperta. Timor del Este y Sri Lanka son tal vez las únicas repúblicas democráticas que merecen el apodo. Mucho más inquietante que esa retórica, a la cual ya ni hacemos caso por saber que se trata de una pura superchería, es la perversión de la realidad democrática en países serios e incluso (en los casos de EEUU, el Reino Unido y España) modélicos. En EEUU una minoría del electorado ha impuesto un presidente que se burla del país. En Gran Bretaña la situación es, en cierto sentido, más grave que en el país de Trump, ya que el Gobierno de Theresa May está deformando la legalidad sin el consentimiento de los ciudadanos. El Ejecutivo de Londres remite, de una forma racionalmente incomprensible, a un referéndum constitucionalmente no vinculante, aprobado por una escasa mayoría de los votantes, para marginar las tradiciones constitucionales, sacar el país de la Unión Europea, poner de un lado tratados que garanticen el rol del Tribunal Europeo de Justicia, y cancelar algunos derechos de sus ciudadanos, entre ellos, los de trabajar, viajar y comerciar libremente en el resto de la Unión. Por tanto, el Reino Unido parece destinado a un Brexit duro que nadie quiere, sino unos pocos xenófobos y nacionalistas a ultranza. Los casos de Venezuela y Turquía son menos chocantes, porque sus raíces democráticas son menos profundas, pero se parecen de forma inquietante. En ambos, por maniobras electorales aprobadas por mayorías insuficientes para justificar cambios constitucionales, se está logrando suprimir las oposiciones y socavar el Estado de Derecho. En España, mientras tanto, por una maniobra semejante, un Gobierno autonómico en Cataluña, elegido por una minoría de sus votantes, se propone eliminar la Constitución sin tener el apoyo de la mayoría de los conciudadanos de la misma región, sino contando únicamente con el servilismo de una escasa minoría de sus propios seguidores que estarán dispuestos a participar en un referéndum ilegal. 

En todos estos casos, la democracia ha quedado impotente frente a los abusos. Por respeto al Estado de Derecho, los demócratas auténticos toleran las anomalías constitucionales que permiten, en España y en el Reino Unido, que coaliciones de perdedores se agarren del poder, o en EEUU que Estados pequeños ejerzan una preponderancia electoral desproporcionada, privando a los votantes de grandes Estados, tales como Nueva York y California, del peso justo de sus votos. En Turquía, el golpe fracasado quitó legitimidad a la oposición en el momento clave del estratagema de Erdogan. En Venezuela y en España los recuerdos de la violencia política desarman los defensores de la democracia y animan el terrorismo psicológico de los revolucionarios. Maduro y Puigdemont se burlan de la benevolencia de sus opositores.

Parece mentira que en la historia de las ideas quepa corromper tan fácilmente el concepto de la democracia. La tradición abusiva es larga. Supongo que los 'chavistas' ni los 'erdoganistas' ni los 'trumpistas' ni los 'brexiteros' ni los señoritos del secesionismo catalán habrán leído los textos de Rousseau ni de Kant sobre esa "voluntad general" que supera a las voluntades de los individuos, por numerosos que sean, ni que hayan estudiado la tradición idealista alemán decimonónico que autorizaba a líderes --sedicentes carismáticos o superdotados de heroísmo o representativos o encarnados del espíritu del pueblo- para interpretar esa supuesta voluntad según sus caprichos o intereses particulares. Para algunos -de la CUP y de Esquerra- la tradición intelectual vigente es la de un marxismo degenerado que les permite considerarse como representantes de una clase supuestamente oprimida cuya opresión les otorga el derecho de oprimir a los demás.

Sé dónde echar la culpa, pero no sé dónde buscar el remedio. El independentismo catalán es un problema intrincadísimo, al cabo de tantos años de gestión poco inteligente por parte de sucesivos gobiernos españoles. El lector que me haya seguido -si existe alguno- sabrá que desde el momento del fracaso del Estatut en 2010 yo apostaba por una consulta a nivel nacional sobre la Constitución española para evitar la quiebra del país. Y mientras el movimiento secesionista en Cataluña ha ido acumulando fuerza, he insistido en la necesidad de organizar, por parte del Gobierno español, una consulta sobre la independencia de todos los habitantes de Cataluña y todos los del resto de España que se consideran catalanes. De esta manera, el Gobierno hubiera llevado la iniciativa. Sabríamos a ciencia cierta que la mayoría de los catalanes no quieren abandonar el resto de España. O, en caso contrario, ¿quién iba a pensar en mantener la Constitución actual si una gran mayoría de los españoles quisieran cambiarla y apostaran, por ejemplo, por un sistema federal? O si una gran mayoría de catalanes prefiriesen un futuro desacoplado de sus vínculos históricos con el resto de España, ¿quién piensa que los demás españoles no les concederían la independencia con afecto y tristeza, pidiéndoles que vayan con Dios? Parte de la esencia de la democracia, dentro de las normas del Derecho, es confiar en el pueblo, y deferir a su autoridad. Unos pocos catalanes no pueden cambiar la Constitución de España, pero si en algún futuro por ahora imprevisible el pueblo catalán realmente deseara independizarse, la magnanimidad de España no dudaría en lograr los cambios constitucionales necesarias para que se realizara. 

Pero ya se ha perdido la ocasión de mostrar al país y al mundo la verdadera actitud de la mayoría de los catalanes. La iniciativa queda en manos de los resentidos del Palau de la Generalitat. Su referéndum secesionista, que en efecto sólo permite votar a los partidarios de la ilegalidad, me recuerda la decisión democrática de los Estados del Sur de independizarse de los Estados Unidos en 1860 sin tener en cuenta la opinión de los negros. El intento carece de cualquier pretensión verosímil de legitimidad. Pero el Gobierno nacional dispone de pocas posibilidades de frustrarlo. Si se suprime, los nacionalistas obtendrán una victoria propagandística, denunciando ante el mundo entero una tiranía que no permite a los votantes expresar su voluntad, o insistiendo en que las autoridades centrales actuaban por miedo. Hay que responder con un contundente, No tinc por. Hay que permitir el ejercicio, ridiculizándolo y denunciando su irresponsabilidad, su coste injustificable, su falta de justicia, su apoyo minoritario y su ineficacia legal. Sobre todo, hace falta una campaña de información, animando a los votantes a abstenerse de las urnas. Un referéndum fracasado valdrá más al mundo que un referéndum suprimido. Ni los señoritos del Palau osarían proclamar una independencia que pocos catalanes quieren, que el país entero rechaza, y que pocos Estados -excepto Venezuela o Corea del Norte- reconocerían. Si lo hiciesen, o si la CUP intentara un golpe, el rechazo popular en Cataluña sería enorme y veríamos a millones de manifestantes por las calles. 

Pero la actitud negativa, aunque precisa, no es suficiente. La democracia no es el despotismo de la mayoría sino un sistema consensuado que involucra, consulta y respeta las opiniones de minorías significativas. No cabe duda de que en la actualidad hay una minoría significativa en Cataluña a favor de la independencia. Puede conseguir hasta un par de millones de votos. Merece tomarse seriamente en cuenta, asegurándole la disposición benévola del resto del país, la apertura al diálogo, y la promesa de buscar soluciones satisfactorias a sus inquietudes dentro del reino de derecho, de justicia, de paz y de amor que es España. Felipe Fernández-Armesto es historiador. Publicado en El Mundo el 17 de septiembre de 2017.