viernes, 15 de mayo de 2026

DEL ASUNTO DEL DÍA. LA EMERGENCIA NO ES SANITARIA, SINO INFORMATIVA, POR RUBEN AMÓN. 15 DE MAYO DE 2026

 







Podría sospecharse que en España hemos aprendido a temblar antes de tiempo. El hantavirus apenas dibuja un brote acotado, pero su retransmisión arrastra una epidemia más antigua, instalada en la imaginación nacional antes que en la epidemiología. Camus ya advirtió que la peste verdadera nunca habita en las ratas, sino en quienes deciden mirarlas.

Basta un barco detenido frente a Canarias para que el país recupere su coreografía favorita. El avión penetra lentamente en Torrejón mientras el espectador completa por su cuenta el guion que la pantalla apenas insinúa. La televisión hace décadas que dejó de explicar. Sugiere, retransmite, y la audiencia añade el resto con eficiencia notarial. Conrad imaginó el horror lejano, río arriba, allí donde la civilización pierde su nombre. Hoy el horror llega doblado al castellano y rotulado en la franja inferior.

El MV Hondius ha terminado convertido en personaje literario. Navega hacia Róterdam para desinfectarse, aunque la verdadera huida consiste en abandonar el clima español, ese laboratorio capaz de transformar cualquier protocolo sanitario en ensayo apocalíptico. A bordo viajaban contactos estrechos. En tierra aguardaba un contagio más resistente a la cuarentena, que es el apetito patrio por dramatizar la incertidumbre hasta el último fotograma.

Los datos resultan tercos cuando logran abrirse paso. El virus de Andes exige proximidad intensa entre personas para transmitirse. Los epidemiólogos llevan días recordando que el riesgo poblacional permanece bajo. La prudencia institucional obedece al precedente pandémico antes que a la alarma. La precaución adquiere lenguaje cinematográfico apenas cruza la frontera del informativo. Entonces cada bata blanca empieza a parecerse demasiado a una sentencia kafkiana, dictada por un tribunal cuya jurisdicción nadie consigue ya delimitar.

La pandemia alteró para siempre el oído del país. Palabras antes técnicas viven hoy en la sobremesa con la familiaridad de las alineaciones futbolísticas. Fernando Simón ha dejado de ejercer como funcionario. Funciona ahora como mecanismo reflejo. Verlo en pantalla equivale a oler de nuevo el desinfectante de marzo de 2020.

La televisión descubrió durante el covid que el miedo rinde más que cualquier contenido alternativo. Una imagen aérea de un puerto acordonado derrota a cualquier matiz cuando coinciden ambos en el plano. Netflix ha mudado el rodaje a las ruedas de prensa del ministerio sin perder un solo espectador en la transición. La ficción catastrofista cotiza ahora con membrete oficial. Defoe escribió su diario del año de la peste con la convicción de que el relato sobreviviría a la enfermedad. Tenía razón, aunque hoy el relato llega antes que el contagio.

El hantavirus interesa menos como enfermedad que como detonador. Reactiva una memoria emocional archivada, aunque solo dormida. España descubrió durante el confinamiento una cohesión extraña, la del miedo compartido, que disolvía momentáneamente las disputas cotidianas. El vecino insoportable adquiría dignidad fraternal cuando salía al balcón a aplaudir. La angustia funcionaba como argamasa improvisada. Manzoni lo había observado ya en Milán, donde la peste igualaba a nobles y artesanos en idéntica sospecha mutua.

La herencia resultó venenosa. El ciudadano aprendió que las autoridades podían equivocarse mientras hablaban con seguridad inquebrantable. Desde entonces toda comunicación oficial arrastra una sospecha adherida. Las fake news prosperan más por resentimiento narrativo que por ignorancia. Mucha gente ha dejado de informarse. Participa, que es distinto, en el descubrimiento de una verdad supuestamente oculta. La sospecha concede la euforia adictiva de creerse despierto. La conspiración es la forma popular del laberinto.

Canarias paga la factura. Las islas viven de exportar lejanía, y bastaron cuarenta y ocho horas asociadas a un crucero confinado para arruinar varias temporadas de campaña promocional. Ninguna estadística derrota jamás a una imagen insistente. Hoy basta un puerto atlántico para activar idéntica cuarentena imaginaria.

La política española tampoco desperdicia una emergencia. El puerto deriva en conflicto competencial antes incluso de que llegue el laboratorio. El Gobierno presume de coordinación con voz engolada. La oposición rastrea negligencias con olfato de sabueso electoral. El ciudadano, instalado en el centro exacto del ruido, recibe una intoxicación informativa más persistente que el propio virus.

Cabe preguntarse cuánto hubo de gestión sanitaria y cuánto de realización televisiva durante estos días. La prudencia salva vidas precisamente porque exagera. El problema asoma cuando la precaución adquiere dimensión teatral y deja de tranquilizar para empezar a insinuar que se esconde un peligro mayor. La escenografía pesa más que la explicación. El miedo aristocrático fabrica el palacio donde acabará alojándose.

Hay una paradoja final que merece ser nombrada. El país desconfía profundamente de los medios mientras consume compulsivamente cuanto difunden. El titular alarmista produce irritación e impulso compartido en idéntico gesto. España vive instalada en esa contradicción sin advertirla, igual que el fumador de Italo Svevo desprecia el tabaco mientras enciende el último cigarrillo, que nunca es el último.

El país desconfía profundamente de los medios y al mismo tiempo consume compulsivamente cualquier señal de alarma difundida por ellos. España vive instalada en una mezcla extraña de escepticismo y dependencia emocional. El titular alarmista provoca irritación, aunque también una necesidad inmediata de compartirlo, discutirlo y convertirlo en conversación nacional. El miedo contemporáneo funciona así. Se alimenta incluso de quienes aseguran despreciarlo.

Acabaremos olvidando las cifras del brote. Permanecerá otra cosa. La escalerilla del avión bajo el reflector nocturno, y al fondo, casi imperceptible, una mascarilla olvidada que el viento de Torrejón empuja por el asfalto.​​​​​​​​​​​​​​​​ Rubén Amón es escritor. Ethic, 12 de mayo de 2026.






















DEL POEMA DE CADA DÍA. ALGO DEBE FALLAR ENTRE NOSOTROS, POR BRANE MOZETIC

 







ALGO DEBE FALLAR EN NOSOTROS 




A los cuarenta y cinco años, no tengo a nadie


en quien pensar con amor. Los recuerdos


duelen. Nunca había pensado que la belleza


podía doler tanto. Miro las caras y


me falta el aire. Tal vez sea la hora


de quitarme la vida con un gesto dramático o


de que me aniquile el sida. Sea el Sena,


sea el Hudson, esto ya no da más de sí.


Frecuento clubes sospechosos, la gente


habla sin tocarse, o calla


y folla en la oscuridad de los cuartos oscuros.


Sólo me dijo: «Cuando salgamos, ya no nos


conocemos». ¿Es mejor así? Miro atento


al andar para no caerme, he confundido


las calles, a veces aparecen grupitos de negros


con ese aire de amenaza, de horror que me atrae,


sea en Nairobi, en Sao Paulo o en el Bronx.


Maldigo a mi mulato porque ha sido


tan imposible, y a mí mismo por seguir


deseando algo, porque algo falla en mí.




BRANE MOZETIC (1958)

poeta esloveno




***




NEKAJ MORA BITI  NAROBE MED NAMA




Pri petinštiridesetih nimam nikogar,

na katerega bi mislil z ljubeznijo. Spomini

bolijo. Nikoli si nisem mislil, da lepota

lahko tako boli. Gledam obraze in

zmanjkuje mi zraka. Morda je čas,

da si vzamem življenje z dramatično kretnijo ali

da me ugonobi aids. Naj bo Seine,

naj bo Hudson, to ne gre več naprej.

Obiskujem sumljive klube, ljudje

govorijo, ne da bi se dotikali, ali molčijo

in fukajo v temi temnih sob.

Rekel mi je le: »Ko bova šla ven, se ne

poznava več.« Je tako bolje? Pozorno gledam,

kje hodim, da ne bi padel, zamešal sem

ulice, včasih se pojavijo skupine zamorcev

s tistim pridihom grožnje, groze, ki me privlači,

naj bo v Nairobiju, v Sao Paulu ali v Bronxu.

Preklinjam svojega mulata, ker je bil

tako nemogoč, in samega sebe, ker še vedno

nekaj želim, ker nekaj ni v redu z mano.




BRANE MOZETIC (1958)




***




Brane Mozetic (Ljubljana, 1958) es un poeta y escritor esloveno. Licenciado en literatura comparada por la Universidad de Liubliana, es poeta, escritor de prosa, traductor, editor y director del Centro de Literatura Eslovena en Liubliana. Ha publicado las novelas Angeli (1996) y Zgubljena zgodba (2001), una colección de relatos cortos y diversos libros de poesía. Sus poemas se han traducido a diversos idiomas, entre ellos al castellano y al catalán: Poemas por los sueños muertos (2004) y He soñado que habías muerto (2004). Agente activo de los movimientos sociales y líder del movimiento gay en Eslovenia, también ha editado una antología de poesía erótica de temática homosexual del siglo XX. Asimismo, ha traducido del francés autores como Amin Maalouf, Michel Foucault, Arthur Rimbaud y Jean Genet.




















DEL ARCHIVO DEL BLOG. A EXTRAMUROS DE LA LITERATURA, POR HARENDT. PUBLICADO EL 15 DE MAYO DE 2015

 








No soy un lector exquisito. Por el contrario, tengo y reconozco gravísimas carencias lectoras de buena literatura. Por ejemplo, no puedo con los clásicos rusos... Y la novela realista de finales del XIX me pone de los nervios. Mi primer libro fue "La isla del tesoro", regalo de mis abuelos maternos. Y a los diez años me leía las novelas de Marcial Lafuente Estefanía como se fabrican churros: a una por hora y tres o cuatro al día... A las cuatro o cinco páginas ya era capaz de adivinar cuál de los personajes era el bueno, quién el malo, la chica que iba a morir, la que se casaba con el bueno...

Con el tiempo, los años, la edad, más lecturas y más discriminadas, se me fue depurando el gusto literario, si es que eso no es una perogrullada, que no estoy muy seguro de que no lo sea... En términos generales soy más lector de ensayo que de ficción, pero no desdeño ni mucho menos las novelas, Y en esas estamos. 

Nunca fui un lector compulsivo, al estilo de "todo vale", aunque leía de treinta a cuarenta libros al año, académicos aparte. Ahora selecciono muchísimo mis lecturas, porque con el poco tiempo que me queda no quiero perderlo leyendo tonterías. Por ejemplo, no leo los Premios Planeta, sobre todo los de los últimos años. Me mosquean los "superventas", y desconfío de todo lo que se exhiba en los anaqueles de las "grandes superficies" rotulados del "Uno" al "Diez"...

Me encantó el artículo que hace unos años escribió en El País Antonio Muñoz Molina sobre buena y mala literatura, sobre escritores integrados y apocalípticos, citando los ejemplos de Carlos Ruiz Zafón, al que clasificaba entre los "integrados" y de Juan Goytisolo, al que encuadraba entre los "apocalípticos".

Y sobre escritores malditos, o maldecidos, recuerdo haber leído también un magnífico artículo del editor y crítico literario Constantino Bértolo titulado "El juego de la silla y la literatura de la transición", sobre el escritor José Antonio Gabriel y Galán y su "Diario, 1980-1993" (Editora Regional de Extremadura, Mérida, 2007). Lo publicaba Revista de Libros en la primavera de 2008, y reproduzco algunos fragmentos del "Diario" citados por el comentarista: "La crítica me trató bien en general, pero no sabía dónde situarme, yo era fronterizo. No entraba en las listas generacionales, ni en las recopilaciones críticas". O esta otra, bastante triste: "A mi me emparejaron con Félix de Azúa: él representaba la belleza y yo el compromiso. Malentendidos semejantes fueron institucionalizándose. Se creó una atmósfera poco grata..." Y por último, este demoledor fragmento que rezuma ¿rencor, menosprecio?: "El mundo es un inmenso desierto por el que no cruza la sombra de ningún escritor español, si exceptuamos a Lorca, que se permite el lujo de ir en camello y descansar en los oasis. Sólo existe él, todo para él, nada para los demás, del marqués de Santillana a nuestros días. En nombre del marqués, de Quevedo y de Luis Cernuda, por ejemplo, grítese el resentimiento, reclámese la justicia".

De Carlos Ruiz Zafón sólo he leído "La sombra del viento". Y con ella me sobra para no volver a leerle. Tengo mucho más claro lo que no me gusta que lo que sí, y aunque nunca se puede saber a priori lo que te vas a encontrar, la veteranía es un grado, como se decía en la extinta mili... No es un juicio de valor, ni literario, ni estético, ni de ningún tipo: simplemente no me gustó. Y lo mismo me pasó con el otro gran superventas español: "La Catedral del Mar", de Ildefonso Falcones. Y aunque la esperanza es lo último que se pierde, prefiero no probar de nuevo con ninguno de los dos. De Juan Goytisolo he leído "Crónicas sarracinas", "Makbara" y "Reivindicación del Conde don Julián". Desde luego, si tuviera que elegir entre ellos, me quedo con Goytisolo...

Junto al artículo de Muñoz Molina he rescatado de la hemeroteca una entrevista que Carles Geli le hizo a Carlos Ruiz Zafón en Revista de Libros, y dos artículos de Juan Goytisolo en El País, llenos de sarcasmo sobre los "superventas" y la la obra de escritores como Ruiz Zafón o Dan Brown, el autor de "El Código da Vinci" o la detestable (el juicio es mío) "Ángeles y demonios". Les animo a leerlos en el buscador del blog. Si tienen interés en ellos, claro está…























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 15 DE MAYO DE 2026

 





























SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA ESPANYOLA. AVUI DIVENDRES, 15 DE MAIG DE 2026, EN CATALÀ

 






Hola, bon dia de nou a tots i feliç divendres. I feliç dia als madrilenys de la ciutat de Madrid que avui celebren el seu Sant Patró, Sant Isidre Labrador. Li desitjo de cor, ja que Madrid va ser la ciutat estimada de la meva infantesa i joventut (1950-1967) i la terra dels meus avantpassats materns, on descansen els meus avis, pares, germans oncles i nebots. Anem amb les entrades del bloc d'avui. La primera, les vinyetes d'humor del dia; la segona, un arxiu del bloc del 15 de maig de 2015 on HArendt s'esplaiava sobre les seves lectures d'aquells moments; la tercera, amb el poema del dia, es titula Alguna cosa ha de fallar entre nosaltres, i és del poeta eslovè Brane Mozetic; l'assumpte del dia, a la quarta, el signa l'escriptor Rubén Amón i es titula L'emergència no és sanitària sinó informativa; la sisena, amb el cafè de sobretaula, la signa l'escriptor Sergio del Molino, i es titula, Andalusia, un altre clau al taüt de l'esquerra; i tots tres al capvespre d'avui els signa l'economista i professor Robert Reich i giren sobre l'actualitat dels Estats Units i les peripècies del seu president Donald Trump. Espero que us resultin d'interès. Tamaragua, amics meus. Ens veiem demà si la deessa Fortuna ho permet. Sigueu feliços, us ho prego: us ho mereixen, ens ho mereixem. Petons. Els vull. HArendt














ENTRADA NÚM. 10529

jueves, 14 de mayo de 2026

DE LA TARDE QUE CAE. ESPECIAL TRES. CARTEL DE AYUSO NUEVO CHAMBERÍ, POR MANUEL JABOIS. 14 DE MAYO DE 2026

 






Yo entiendo a Isabel Díaz Ayuso cuando dice que ha pasado un “peligro extremo” en México por apoyar a Hernán Cortés y como consecuencia del terror que le produjeron las represalias se fue cuatro días a las playas de la Riviera Maya: pues claro. Tomar el sol es prioritario cuando la muerte acecha. ¿Quién no estuvo en una hamaca de la Riviera Maya con miedo a que apareciese de repente un sicario de Miguel Ángel Félix Gallardo y le furase el cuerpo, o peor aún: le disparase al mojito? Nadie. La vida no es como te la cuenta Netflix; la vida es hacer un viaje a México, homenajear a un tipo que llegó con un ejército a sangre y fuego y montar el pollo del siglo porque a los mexicanos, por la razón que sea, no les parezca bien esto. Y declararse —Ayuso— en “peligro extremo” como si los cárteles mexicanos no concibiesen que alguien hable mal de la presidenta del país: “Hasta aquí hemos llegado”. Ayuso debe viajar más. Cuanto más viaje Ayuso, mejor para Madrid y mejor para los articulistas, que podemos viajar a través de ella como viajaba el tío Matt de Los Fraguel y luego enviaba esas cartas loquísimas tipo “no entiendo nada, he ido a Alabama a alabar al Ku Klux Klan, que los enseñó a evitar el calor con las ropas, y no les ha gustado nada”. En fin. La victimización se está llevando a unos extremos tan desagradables que en un lugar en el que te matan si hablas de un narco, resulta que te la juegas si hablas de un señor de hace 500 años. Ha ido allí a montarla al estilo Jimmy Jump: montarla por montar, sabiendo lo que ocurriría (esto lo tiene estudiadísimo su asesor) y acusando al Gobierno, o a quien sea, de dejarla a merced del primer guionista que vea de lejos. Extremo peligro dice quien no pisó una aldea de la frontera, quien no tiene un padre inocente en la cárcel, quien vive de la indulgencia periodística de aquellos a quienes riega con dinero público porque si no, sin esa mordacita dorada, no se atrevería ni a decir la mitad de las cosas que con tanta impunidad cuenta. Manuel Jabois es escritor. El País, 13 de mayo de 2026.



























DE LA TARDE QUE CAE. ESPECIAL DOS. LA APOTEOSIS DE LA IGNORANCIA DELIBERADA, POR PAUL KRUGMAN. 14 DE MAYO DE 2026

 






Los supuestos expertos ridiculizaron las afirmaciones de Donald Trump durante la campaña de 2024 de que bajaría los precios de los alimentos desde el primer día y reduciría los precios de la energía a la mitad.

Los supuestos expertos afirmaron que los aranceles de Trump elevarían los precios al consumidor sin lograr recuperar los puestos de trabajo en el sector manufacturero.

Los supuestos expertos afirmaron que el énfasis que Pete Hegseth, nombrado por Trump, pone en el "espíritu guerrero" en lugar de la competencia, y su purga de oficiales que no considera suficientemente leales a Trump, degradarían al ejército estadounidense y serían desastrosos en caso de guerra.

Los supuestos expertos advirtieron que el ataque de Trump contra Irán nos llevaría a un atolladero y provocaría una crisis energética mundial.

Los supuestos expertos afirmaron que el desprecio de Trump por los acuerdos internacionales y sus amenazas a las naciones amigas socavarían la confianza del mundo en Estados Unidos, y que nos encontraríamos sin aliados cuando necesitáramos su ayuda.

Los supuestos expertos tenían toda la razón.

En estos momentos la inflación se está disparando; el empleo en el sector manufacturero ha disminuido; el estrecho de Ormuz permanece cerrado; y Trump viaja a Pekín como un suplicante, rogando en efecto a China que le ayude a salir del lío en el que se ha metido con Irán.

Pero sería una tontería esperar que Trump y sus secuaces aprendieran algo de su humillación.

Para ser justos, los expertos no siempre aciertan. Por ejemplo, muchos analistas militares prominentes se han equivocado repetidamente y de forma contundente sobre la guerra entre Rusia y Ucrania, exagerando enormemente la fuerza rusa y subestimando enormemente la resistencia ucraniana. Muchos economistas, entre los que me incluyo , subestimaron los riesgos de la inflación en 2021. Muchos economistas prominentes, entre los que no me incluyo , sobreestimaron entonces enormemente los costes de controlar la inflación.

Pero las figuras políticas que creen saber más que los supuestos expertos tienen muchas más probabilidades de equivocarse que de acertar. Y es especialmente probable que se equivoquen si su rechazo a la opinión de los expertos se debe a ilusiones, obsesiones personales y, por último, pero no por ello menos importante, a la corrupción.

Trump es, por supuesto, un ejemplo perfecto del tipo de figura política que bajo ningún concepto debería ignorar a los expertos, y que sin duda lo hará. Al decidir llevarnos a la guerra con Irán, desestimó las advertencias sobre lo que podría salir mal e insistió en que sería fácil. Su política económica refleja su obsesión de décadas con los aranceles; su política energética aún está marcada por su enfado por un parque eólico que, según él, estropeaba la vista desde su campo de golf; su política hacia Irán ha estado impulsada en gran medida por la determinación de rechazar todo lo que logró Barack Obama. Y en todos los temas, sus acciones están fuertemente influenciadas por quién es capaz y está dispuesto a ofrecer los mayores sobornos.

Sin embargo, la catastrófica estupidez de la política actual de Estados Unidos no debería atribuirse únicamente a la incapacidad personal de Trump para liderar. La ignorancia deliberada y el rechazo al consejo de los expertos han caracterizado a la derecha política estadounidense durante muchos años. Thomas Mann y Norman Ornstein publicaron « Es incluso peor de lo que parece », una advertencia sobre el creciente extremismo del Partido Republicano, hace catorce años. Incluso entonces escribieron que

El Partido Republicano se ha convertido en un elemento disidente y marginal en la política estadounidense. Es ideológicamente extremista; indiferente a la interpretación convencional de los hechos, las pruebas y la ciencia ; desdeñoso del compromiso y desdeñoso de la legitimidad de su oposición política. [Énfasis mío]

El trumpismo puede representar la apoteosis de la ignorancia deliberada como principio político, pero llevamos décadas encaminándonos hacia aquí.

¿Por qué la derecha odia a los expertos?

El rechazo a la ciencia, al igual que gran parte del panorama político estadounidense, tiene mucho que ver con la influencia de la industria de los combustibles fósiles. Las advertencias sobre el cambio climático amenazaban las ganancias de esa industria, por lo que fue necesario atacar la ciencia climática, y esto se generalizó en una hostilidad hacia la investigación científica en su conjunto.

Más allá de este tema específico, los movimientos antidemocráticos tienen una desconfianza inherente hacia la experiencia, hacia cualquiera que sepa de lo que hablan. No se puede confiar en los expertos, porque podrían pensar de forma independiente. En su libro clásico Los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt escribió que

El totalitarismo en el poder invariablemente reemplaza a todos los talentos de primera categoría, independientemente de sus simpatías, con aquellos chiflados y necios cuya falta de inteligencia y creatividad sigue siendo la mejor garantía de su lealtad.

La administración Trump no es un régimen totalitario en toda regla, al menos no todavía, pero sus instintos apuntan claramente en esa dirección. El deterioro de la competencia del gobierno federal, el desmantelamiento de la ciencia estadounidense y el pésimo juicio que condujo a la Operación Furia Épica forman parte de la misma historia.

¿Cómo responderán Trump y su partido a su larga lista de fracasos políticos de alto perfil, desde Irán hasta la inflación? Puede que Trump encuentre la manera de aceptar la derrota en el Golfo Pérsico y proclamar la victoria, aunque eso parece cada vez más difícil. Pero no hay razón para creer que la formulación de políticas mejorará, que los expertos y los sensatos volverán a tener voz y voto. Los ataques —y la ignorancia deliberada— continuarán hasta que mejore la moral. Paul Krugman  es premio Nobel de Economía. Substack, 13 de mayo de 2026.