miércoles, 17 de junio de 2026

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MIÉRCOLES, 17 DE JUNIO DE 2026

 





























EL ARCHIVO DEL BLOG. DEMÓCRATAS AUTORITARIOS, POR JORGE GALINDO. PUBLICADO EL 2 DE JUNIO DE 2017

 






La amenaza contra la democracia es el argumento más usado por los políticos autoritarios para alcanzar y mantener el poder. No hace falta ser Frank Underwood en House of Cards, creando sombras de miedo para después prometer a los votantes que no tienen nada que temer porque él les protegerá. Hay maneras mucho más modestas de ejecutar la paradójica estrategia. Una de ellas la ofrece la comunidad internacional que el mundo ha ido tejiendo desde el final de la II Guerra Mundial.

Esta semana observábamos un ejemplo perfecto. Valorando la posibilidad de que EE UU se saliese del Acuerdo de París sobre el cambio climático, Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, decía que “esta idea de ‘Yo soy Trump, soy americano, América va primero, y me voy a salir’ no va a pasar”. Con esto, Juncker pretendía señalar la torpeza e inexperiencia que la élite política occidental ve en el mandatario. Pero, sin quererlo, le dejaba la respuesta autoritaria, disfrazada de demócrata, en bandeja.

Realizando un ejercicio de política ficción, una respuesta genérica de Trump o de sus seguidores podría ser la siguiente: “¿Cómo que no va a pasar? EE UU es una democracia soberana. ¿Se ríen de nuestras decisiones?”. Sería inútil responder que EE UU decidió que se unía a la comunidad internacional precisamente como democracia soberana, y que, como consecuencia, aceptaba también que salirse de un tratado implica una serie de procesos complejos. A eso se refería Juncker, sí. Pero Trump obviaría ese significado porque de esta manera la (ilusión de) amenaza queda así definida: una red de intereses transnacionales que pretenden aprovecharse de EE UU. Sirve igual para los brexiters en Reino Unido, o para los nacionalistas de izquierda y derecha en los países de la Europa continental.

En el otro lado, aquellos que, bajo mandato democrático, trabajaron y trabajan por crear esa “red de intereses” que no es sino la comunidad internacional, quedan desarmados: si la defienden, caen en la trampa del supuesto ataque a la democracia soberana. Si no, la dejan a merced de esos mismos demócratas autoritarios. Jorge Galindo es analista colaborador en EL PAÍS, doctor en sociología por la Universidad de Ginebra con un doble master en Políticas Públicas por la Central European University y la Erasmus University de Rotterdam. Es coautor de los libros ‘El muro invisible’ (2017) y ‘La urna rota’ (2014), y forma parte de EsadeEcPol (Esade Center for Economic Policy). El País, 2 de junio de 2017.























DEL POEMA DE CADA DÍA. LA CARICIA PERDIDA, POR ALFONSINA STORNI. 17 DE JUNIO DE 2026

 







LA CARICIA PERDIDA



Se me va de los dedos la caricia sin causa,

se me va de los dedos… En el viento, al pasar,

la caricia que vaga sin destino ni objeto,

la caricia perdida ¿quién la recogerá?


Pude amar esta noche con piedad infinita,

pude amar al primero que acertara a llegar.

Nadie llega. Están solos los floridos senderos.

La caricia perdida, rodará… rodará…


Si en los ojos te besan esta noche, viajero,

si estremece las ramas un dulce suspirar,

si te oprime los dedos una mano pequeña

que te toma y te deja, que te logra y se va.


Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,

si es el aire quien teje la ilusión de besar,

oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,

en el viento fundida, ¿me reconocerás?



ALFONSINA STORNI (1892-1938)

poetisa argentina




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Alfonsina Storni fue una poetisa y escritora argentina vinculada con el modernismo. Con una infancia difícil y con carencias y luego una vida con recurrentes enfermedades, su poesía está impregnada de lucha, audacia, amor y una reivindicación del género femenino. Se suicidó en la ciudad de Mar del Plata. Hay versiones románticas que dicen que se internó lentamente en el mar que sirvieron como inspiración para componer la zamba «Alfonsina y el mar», la cual relata el suceso y sugiere el motivo.














DEL ASUNTO DEL DÍA. CONTRA LA CORRUPCIÓN, DESCUBRIR EL ENGAÑO, POR FABRICE ARFI. 17 DE JUNIO DE 2026

 






El 12 de mayo, uno de los tres fiscales que representaron a la acusación durante los dos meses del juicio por el recurso de Nicolas Sarkozy tras su condena por el caso de la financiación libia —como lo denominan en Francia— dedicó las primeras palabras de la segunda jornada de alegatos a La República, de Platón.

El magistrado, Damien Brunet, citó en concreto el mito de Giges, el pastor que tenía un anillo mágico que lo hacía invisible y, como consecuencia, se sentía autorizado a cometer los peores crímenes. Pues bien, el temor penal que todo ciudadano honrado debe sentir se ha visto sometido a una dura prueba por el caso libio, cuyos implicados eran unos hombres que se creían “intocables”, según el fiscal.

“La corrupción es eso: el camino más rápido de un ego a otro, de una voluntad de poder a otra”, dijo, antes de solicitar siete años de prisión para el expresidente francés, que tiene ya una condena firme en otros dos casos y en este está acusado de recibir dinero corrupto del dictador libio Muamar el Gadafi (1942-2011) para su elección en 2007. El tribunal dictará sentencia el próximo 30 de noviembre.

Nicolas Sarkozy fue condenado a cinco años de prisión en primera instancia y estuvo encarcelado durante tres semanas, lo que provocó en Francia un debate pasmoso, alimentado por toda una serie de personas que no entienden el concepto de igualdad ante la ley. Un amigo del expresidente francés acudió incluso a una emisora de radio importante para declarar: “No estamos hechos para la cárcel, no somos animales”.

¿Qué se esconde en ese nosotros más que una sensación de impunidad digna de Giges? Porque, al margen de los hechos, las personas y las fronteras, está claro que la sensación de impunidad es la constante del espíritu de la corrupción que destruye la promesa democrática y corroe todo: la confianza pública, el lenguaje e incluso nuestra representación de la realidad.

De eso saben algo en España. También en Francia, donde en los últimos años se ha condenado en sentencia firme a dos jefes de Estado y dos jefes de Gobierno por delitos de corrupción. Pero también en Estados Unidos con Donald Trump, en Italia con Silvio Berlusconi, en Brasil con Jair Bolsonaro, en Israel con Benjamin Netanyahu… Y el problema no es privativo de la derecha o la extrema derecha. Quienes piensan que la izquierda, en este aspecto, tiene el monopolio de la moral, se equivocan por completo.

Por eso, la lucha contra la corrupción, que, en general, corre a cargo de magistrados y policías comprometidos, pero también de asociaciones entregadas, denunciantes valientes y periodistas especializados, es un problema democrático que debería ser objeto de un enorme consenso. Sin embargo, no lo es.

Yo solo puedo hablar de la experiencia francesa, que conozco bien. Los debates que suelen rodear estos casos —por desgracia, muchos— me recuerdan muchas veces al Upside Down de la serie Stranger Things que ven mis hijos, ese mundo físicamente al revés en el que viven los monstruos.

Los monstruos de la corrupción son quienes acusan a los magistrados de estar borrachos de poder, a pesar de que lo único que hacen es aplicar las leyes aprobadas por otros, en concreto, los legisladores electos. Son quienes, como en 1984 de George Orwell —donde la ignorancia es el poder—, acusan a los jueces de violar el Estado de derecho cuando lo único que hacen es hacer cumplir la ley. Son quienes hablan de “justicia politizada” porque se juzga a políticos. ¿Acaso se ha acusado alguna vez a un juez de ser vegano por haber condenado a un carnicero que malversaba fondos?

Este es uno de los síntomas de la delincuencia de cuello blanco: ver a los acusados en la televisión o en la radio diciendo que el problema no son las sospechas que pesan sobre ellos, por Dios, sino la policía, los jueces, la prensa, la oposición. Todos menos ellos.

Por definición, la corrupción es el punto de encuentro entre el dinero, el poder y los privilegios, en detrimento del bien común. No insulto a nadie si digo que hay pocos casos de corrupción entre las personas sin hogar. ¿Pero qué persona corriente, qué ciudadano de a pie, tiene la capacidad de suscitar un debate público con el pretexto de que la justicia le persigue?

No pretendo decir que los jueces sean perfectos —Nicolas Sarkozy lo sabe mejor que nadie, puesto que tiene ya una condena firme por haber sobornado a uno de ellos en el llamado caso Bismuth—, pero si hay unos funcionarios públicos que se enfrentan al orden establecido, son ellos. Quizá ese sea el motivo de que los ataquen tanto en Francia y en otros países, incluso diversos medios de comunicación dirigidos por magnates para los que la probidad no parece ser una brújula existencial.

Un día, me preguntaron si creía que el capitalismo era la fuente de la corrupción moderna. Seguramente, un sistema económico para el que el dinero es el centro de todo la favorece, pero ni el Imperio Romano ni los países socialistas del bloque soviético necesitaron esperar al capitalismo para revolcarse en la prevaricación. Como sabemos desde Cicerón, el alma humana está hecha de tal manera que siempre habrá un corruptor y un corrompido. La cuestión, por tanto, es saber qué nos revela esto y cómo intentar construir un muro que frene esta tragedia para la gente.

Siempre he pensado que los casos de corrupción son pruebas de choque. Seguro que han visto esos vídeos de coches a los que se lanza a toda velocidad contra una pared con un maniquí dentro para comprobar la resistencia de la carrocería en caso de accidente. Los escándalos de corrupción son  pruebas de choque de nuestra democracia para comprobar la carrocería de las leyes, la ciudadanía, la justicia, los mundos políticos y mediáticos, etcétera. Y el maniquí somos nosotros.

Las víctimas de la corrupción (o de un fraude fiscal) no son tan identificables a simple vista como las de un atraco, pero son más numerosas. Y el delito social es devastador. La corrupción no solo resulta muy cara para nuestras finanzas públicas y, en algunos casos, puede distorsionar la relación entre Estados, sino que además destruye el propio fundamento del pacto democrático: la confianza de los representados en sus representantes.

Me encanta la película de Peter Weir El show de Truman (1998). Su protagonista, interpretado por Jim Carrey, vive sin saberlo en un mundo ficticio creado para un reality show de ámbito mundial. Cuando se da cuenta del engaño del que es víctima, decide huir atravesando el mar a bordo de un pequeño barco. Se ve envuelto en una terrible tormenta provocada por la producción del programa, pero sobrevive a ella y, con la proa de su frágil embarcación, recupera su libertad después de haber conseguido lo que cualquier persona que lucha contra la corrupción espera lograr algún día: descubrir el engaño. Fabrice Arfi es periodista de investigación y autor del ensayo sobre corrupción Le sens des affaires. Voyage au bout de la corruption (Calmann‑Lévy). El País, 15 de junio de 2026.



























BONS DIES. SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA. AVUI DIMECRES, 17 DE JUNY DE 2026, EN CATALÀ

 




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Hola, bon dia de nou a tots i feliç dimecres. Tres dies més, i som a l'estiu… Però anem amb les entrades d'avui, que és important. La primera, l'assumpte del dia, escrita per l'investigador Fabrice Arfi, es titula Contra la corrupció, descobrir l'engany. La segona és un poema de la poeta Alfonsina Storni titulat La carícia perduda. L'arxiu del bloc, a la tercera, és del juny del 2017, està escrit per l'analista polític Jorge Galindo i es titula Demòcrates autoritaris. La quarta són les deu vinyetes d'humor de cada dia. La cinquena, el cafè de sobretaula, es titula El papa i la doble moral, i la signa el periodista Enric Company. I la sisena, la tarda que cau d'avui, la firma la politòlica Mariola Urrea, i es titula Com i amb qui avançar a la U.E. de la Defensa. La setena i última és el Bona nit de tots els dies de l'autor del bloc, avui també en català, que és el la llengua de la meva pàtria que tocava aquest dimecres que arriba al final. Tamaragua, amics meus. Que la deessa Fortuna i les benvolents Moiras els siguin favorables. Que passin un bon dia. Espero que les entrades del bloc d'avui siguin del vostre interès. I ens veiem demà de nou si la deessa Fortuna ho permet. Petons. Els vull. HArendt
















ENTRADA NÚM. 10813

martes, 16 de junio de 2026

GAU ON, ATSEDAN ON ETA AMETS GOZOAK IZAN. GAUR, ASTEARTEA, 2026KO EKAINAK 16, EUSKARAZ

 





Kaixo berriro, lagunok. Gau on, atseden on eta amets gozoak izan guztioi astearte gau honetan, 2026ko ekainaren 16-17. Espero dut egun ona izan duzuela zuen familiekin eta lagunekin. Eskerrik asko bihotz-bihotzez bloga bisitatzeagatik. Espero dut zuen bisita gustatu izana. Tamaragua, lagunok. Fortuna jainkosa eta Patu onbera zuekin egon daitezela. Bihar arte. Maite zaituztet. Musuak. Harendt











 







DE LA TARDE QUE CAE. EL GÉNESIS A LAS PUERTAS, POR LIDIA JORGE. 16 DE JUNIO DE 2026

 






1. Entré en casa de la niña cuando acababa el día, pero ella no levantó la vista porque estaba escribiendo una carta a su tía, que cumplía años. Sus piernas se balanceaban bajo la alta mesa de cristal, sentada en una silla de adulto. Estaba rodeada de lápices de distintos colores y dibujaba letras. Mientras las perfilaba con la mano, se pasaba su pequeña lengua rosada por los labios como si necesitara ese gesto para que sus dedos lograran la proeza de la escritura. Siempre ha sido así, y siempre lo será. Su mayor preocupación era si el trazo de la T mayúscula se parecía al de la F o no. Pero, en realidad, tampoco importaba mucho. Alrededor de las letras había soles, lunas, flores y abejas. Su madre estaba en la cocina, su padre no había vuelto aún, la casa estaba en silencio y pensé en el Génesis. Era la vida que se recomponía, que se reiniciaba, el mundo que volvía a empezar

2. Fue agradable charlar con esa niña distraída, concentrada en la tarea de decorar la carta. Y me sirvió de consuelo. Esa mañana, había oído relatos opuestos. Un grupo de niños de entre 11 y 12 años, durante el recreo, ahora que les han prohibido los móviles, en lugar de jugar al fútbol, ​​hablaban sobre la potencia de las armas nucleares e imaginaban cuál, proveniente de Oriente Próximo o de Asia, podría impactar contra Lisboa, el río Tajo y su propio barrio. Y pensaban en cuánto tiempo les llevaría correr desde sus casas hasta la estación de metro más cercana. Los más audaces anticipaban una represalia de Estados Unidos y se recordaban unos a otros la existencia de un Reloj del Juicio Final en una ciudad de ese continente, sabiendo con precisión que la manecilla de los segundos marca casi la medianoche. Uno de ellos explicaba la clase de emisiones que oscurecerían el día para siempre y cómo desaparecerían los animales, igual que les sucedió a los dinosaurios. Otro sabía algo más, que no quedaría nadie para contarlo. Al final del recreo, acabaron peleándose y pegándose, y algunos volvieron a clase llorando. Por el contrario, yo había ido a visitar a la niña a su casa, y ella dibujaba y escribía letras dispersas en un papel, en paz.

3. Hablando del Apocalipsis, sabemos que, en el siglo I, san Juan de Patmos sufrió una serie de alucinaciones extraordinarias. Ya no era joven, y la proximidad del final de su vida debió de haber generado en él el terrible sentimiento de que todo termina en la Tierra, y ante la angustia de la finitud, el cielo se abrirá al Mundo del Más Allá, donde se concretará la justicia plena. Como se lee en la profecía casi al final: “Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del árbol de la Vida y entrarán por las puertas en la ciudad. ¡Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras, y todo el que ame y practique la mentira!”. Desde la perspectiva de la justa recompensa, no podría ser mejor.

Lo cierto es que, por alguna razón, las personas religiosas siempre nos recuerdan que apocalipsis no significa catástrofe, sino revelación. Sucede, sin embargo, que la imagen de los Cuatro Jinetes es tan poderosa que se ha apoderado de la palabra y de ella se desprende una síntesis de predicciones sobre la derrota de la humanidad, y no lo contrario. En los tiempos en los que vivimos, en los que se desconoce si la cultura que se nos acerca al galope contiene en su interior un quinto jinete para el que aún no hemos encontrado un nombre adecuado, se multiplican de tal modo las ficciones sobre apocalipsis que nos hacen pensar que, en el mejor de los casos, caminamos junto a un abismo. En poco tiempo, han llegado a mis manos varios libros, todos admirables, desde El Apocalipsis según san Goliat, de Basilio Baltasar, hasta el reciente What Can We Know?, de Ian McEwan, distopías diferentes en distintos tonos, fábulas subversivas o retratos distópicos de advertencia, al estilo de san Juan, como si el tema de lo que va a ocurrir, a la luz de lo que está ocurriendo, obsesionara por completo nuestro pensamiento. Los ejemplos se suceden uno tras otro. Es primavera en Europa y las ferias del libro se multiplican. Las pruebas son visibles y están por doquier.

4. Por ejemplo, el fin de semana pasado, la Feria del Libro de Lisboa estaba abarrotada de visitantes. El sábado, a mi izquierda, Rodrigo Guedes de Carvalho firmaba ejemplares de su último libro, O Meu Primeiro Apocalipse, ambientado en el año 2066. Con agilidad, ironía y riqueza de inventiva, el mundo que el autor vislumbra, prolonga y amplifica las tendencias del presente, lidiando con la disgregación del lenguaje y del texto literario, la subversión del periodismo, la degradación ambiental, la anulación de los valores de justicia y acogida. Parece casi un preludio al libro de Ian McEwan, cuya acción transcurre décadas después, dentro de cien años.

Por pura coincidencia, al día siguiente, bajo el mismo toldo, a mi derecha, se encontraba el escritor caboverdiano Mário Lúcio. Su libro se titula Afrocalipsis. Otro libro increíble. Solo que su apocalipsis no tiene lugar en el futuro, sino en el presente, si bien, al igual que los otros libros que acabo de mencionar, insinúa lo que sucederá a continuación, después de que los dictadores africanos caigan en la abyección. Las dos primeras páginas son como puñaladas en el estómago, las últimas palabras nos dejan un nudo en la garganta, con la certeza de que, dada la semejanza con lo que ocurre en muchos otros lugares del planeta, no se trata de un Apocalipsis de África sino de Apocalipsis mundial. El futuro está ahí, muy bien pintado.

5. Así pues, dado que todo lo que termina tiene un principio, me lancé a la búsqueda de esos principios. Leí fragmentos de los génesis de Malí, de China, de Norteamérica, de Nigeria, de Tierra del Fuego; releí nuestro Génesis, el que aparece en la Biblia, el que nos sabemos de memoria, y otros más, pero al final me centré en el texto de los orígenes de Nepal. Es hermoso y breve, y quiero reproducirlo: “Los nyeshangte vinieron hace mucho tiempo, del Tíbet. Eran un ejército feroz. Mataban todo lo que se movía o se quedaba quieto: plantas, animales, personas. Mataban a veinte muchachas cada tres años, pero acabaron percatándose de que se quedarían sin mujeres y de que no podían procrear. Así que empezaron a matar únicamente yaks. Sin embargo, los yaks pronto se agotaron y los nyeshangte se pusieron a matar cabras. Poco después, se convirtieron al budismo y desde entonces no le hicieron daño a una mosca”. Lo elijo porque es un texto seminal que empieza como un apocalipsis depredador parecido a lo que está a punto de suceder, pero termina anunciando una génesis.

6. Con todo, me apremia volver a esa casa, al final de esa tarde. La madre salió de la cocina, el padre volvió de la calle con comida preparada. Ambos quisieron leer la carta que había escrito la niña: “Tía, te quiero. No llores, el mundo no se va a acabar”. Por supuesto, no había puntuación, y las letras estaban esparcidas entre flores, peces, abejas, soles y lunas con la forma de rostro humano. Los padres decían que tal conversación nunca se había producido; a su tía no le hacía falta tal consuelo. Era la niña, a fin de cuentas, quien lo necesitaba. Lo cierto es que yo no habría escrito este artículo si no hubiera leído ese génesis. Lídia Jorge es escritora. Su último libro publicado en España es El día de los prodigios (La Umbría y la Solana). El País, 14 de junio de 2026.






















DEL CAFÉ DE SOBREMESA. UN LEÓN DESPEDAZADO, POR ELVIRA LINDO. 16 DE JUNIO DE 2026

 





Siete minutos de aplausos. Al estilo de un congreso del Partido Comunista soviético. Siete minutos. Pruébenlo, aun a riesgo de parecer tronados delante de los suyos: levántense y comiencen a aplaudir con energía y sin perder entusiasmo, sigan así, siete minutos. Solo de esta manera percibirán lo largos que son. Los profesionales de la radio saben bien lo que vale cada segundo: al cabo de tres minutos uno ya no sabe ni lo que aplaude. Ah, perdón, sí que lo sabían en este caso. Aplaudían para patrimonializar a quien pronunció el discurso, aplaudían para no dejar de aplaudir antes que el de al lado o para afirmar que lo escuchado está en consonancia con la ideología propia, aunque ocurra que lo expuesto por el padre santo esté radicalmente en contra de lo que a diario se defiende a gritos, con sarcasmo o violencia verbal. Sin piedad.

Aplaudía la derecha porque siempre ha considerado que en España la voluntad de Dios está de su parte, no le falta razón, pero tampoco le sobra, dado que ignora a esos otros fieles que anteponen la compasión y la generosidad al interés propio. Aplaudía Díaz Ayuso con su traje negro y su moño de devota, como transida, y a las pocas horas denunciaba públicamente que los que nos llegan en pateras van armados con móviles. ¡Móviles en África! Estamos perdidos. Aplaudían muchos en connivencia con la extrema derecha, convirtiendo al Papa, y esto sí que es inaudito, en un progre. Aplaudían quienes creen que su patria es solo para los cristianos, quienes recurren al discurso colonialista de la evangelización al salvaje.

Aplaudía la izquierda satisfecha por el sapo que se han de tragar los de la “prioridad nacional”, aplaudía porque este papa, sereno y cultivado, impone un silencio eclesiástico cuando recuerda que no deben existir los excluidos, que no hay vida más valiosa que otra. Pero la izquierda también hubo de aplaudir fingiendo que no se enteraba cuando escuchó aquello de que el ser humano no tiene derecho a acabar con el dolor si el dolor emana de la enfermedad.

Aplaudieron las diputadas feministas aunque no hay papa sobre la Tierra ni ha habido ni habrá que esté de acuerdo con el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Aplaudieron porque esa mañana en que el estrado se convirtió en púlpito priorizaron lo urgente. Es justo reconocer que el discurso a favor de los inmigrantes emanaba un halo de samaritanismo en estos tiempos de crueldad. Aplaudieron siete minutos hasta los entusiastas de Trump, los partidarios de la guerra, los equidistantes con Israel, los que ignoran a las víctimas de Gaza, aun sabiendo que este papa se haya medido con Trump por dichos asuntos.

Aplaudieron también quienes habiéndose erigido en defensores de las víctimas de los abusos de la Iglesia toleraron que ese asunto no entrara en el orden del día. Aplaudieron las mujeres ignorando a esas otras mujeres católicas que quisieran una Iglesia igualitaria, más allá de las sotanas. Aplaudieron como asumiendo que cada uno estaba recibiendo su pedazo de discurso: los proinmigrantes, los de la “prioridad nacional”, los antiabortistas, los contrarios a la muerte digna y también sus defensores, los creyentes en una iglesia compasiva y social, los que afirman a los cuatros vientos que los españoles no matan ni violan ni roban, que eso es tarea de los que llegan en patera con el móvil en la mano.

Aplaudieron todos pero no por lo mismo, contentos como niños con su pedazo de Papa en la boca. León XIV, sin pretenderlo, terminó personificando las palabras de san Pablo cuando dijo aquello de ser todo para todos los hombres. Se hizo la paz en el Congreso, concluyó un iluso cronista, pero la paz duró menos de siete minutos. Más reflexión provocaron las palabras de los migrantes del muelle de Arguineguín pronunciadas a la intemperie, fuera del contexto partidista, ante las que no cupo más que el silencio y la inevitable vergüenza porque su dolor exista. Elvira Lindo es escritora. El País, 14 de junio de 2026.


















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MARTES, 16 DE JUNIO DE 2026