martes, 16 de junio de 2026

EGUN ON. AGURRA NIRE HERRIALDEKO HIZKUNTZETAN. GAUR, ASTEARTEA, 2026KO EKAINAREN 16A, EUSKARAZ

 





Kaixo, egun on berriro guztioi, eta astearte zoriontsua. Lau egun gehiago, eta udan gaude… Gaurko argitalpenetara goaz. Lehenengoa, eguneko gaia, Julio Antonio Hurtado filologoarena da, "Gu greziarrok" izenburupean, eta Ángel Gabilondo eta Javier Gomá filosofoekin egindako elkarrizketa liluragarria da. Bigarrena, Helena González Vaquerizoren "Loto-jaleak" izeneko poema bat da. Blogaren artxiboan, hirugarren argitalpena, "Haserre" izenburua du, Harendtek idatzia da eta 2016ko ekainekoa da. Laugarrena, eguneko umorezko marrazki biziduna da. Bosgarrena, afalosteko kafea, Elvira Lindo idazlearena da eta "Lehoi urratua" izenburua du. Seigarren argitalpena, arratsalde amaierarakoa, beste idazle batek idatzia da, Lidia Jorge portugaldarrarena, eta "Genesia" izenburua du. Zazpigarren eta azken mezua blogaren egilearen eguneroko agurra da, gaur ere euskeraz, nire sorterriko hizkuntzan, amaitzear dagoen astearte honetarako egokia zena. Tamaragua, lagunok. Fortuna jainkosa eta Patu onbera zuekin egon daitezela. Egun ona izan. Espero dut gaurko blog sarrerak interesgarriak izatea. Eta bihar ikusiko zaituztet berriro, Fortuna jainkosak uzten badit. Musuak. Maite zaituztet. HArendt
















ENTRADA NÚM. 10805

lunes, 15 de junio de 2026

PERSONAL: MI PROYECTO DE LECTURAS PARA EL AÑO EN CURSO. RECTIFICACIONES. POR HARENDT. 15 DE JUNIO DE 2026

 





PLAN DE LECTURAS. INVIERNO 2025-OTOÑO 2026

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INVIERNO, 2025/2026

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LA FUGITIVA (A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, T. VI), de Marcel Proust (leída).

HANNAH ARENDT, UNA BIOGRAFÍA INTELECTUAL, de Thomas Meyer (leída).

IDENTIDAD Y AMISTAD, de Emilio Lledó (leída).

EL TIEMPO RECOBRADO (A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, T. VII), de Marcel Proust (leída). 

APOLOGÍA DE SÓCRATES, de Platón (leída).

WALDEN, de Henry David Thoreau (leída).

LOS GRANDES CEMENTERIOS BAJO LA LUNA, de George Bernanos (leída).

EL GRAN GATSBY, de F. Scott Fitzgerald (leída).

LA MARAVILLOSA HISTORIA DEL ESPAÑOL, de Francisco Moreno (leída).

FEDÓN, de Platón (leída).

SONETOS DE AMOR, de William Shakespeare (leída). 

ANA NO, DE Agustín Gómez Arcos (leída).

CAMINAR, de Henry David Thoreau (leída).

(Trece lecturas completadas).

     

PRIMAVERA, 2026

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LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO, de Byung-Chul Han (leída).

ENEIDA, de Virgilio (leída).

BIOGRAFÍA DEL SILENCIO, de Pablo D’Ors (leída).

TRISTRAM SHANDI, de Laurence Sterne (leída).

CRÓNICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, de la Real Academia Española (leída).

COMERÁS FLORES, de Lucía Solla (leída).

SAN MIGUEL, BUENO Y MÁRTIR, de Miguel de Unamuno (leída).

EL ARTE DE TENER RAZÓN, DE ARTHUR SCHOPENHAUER (leída).

SUITE FRANCESA, de Irène Némirovsky (leída).

ANTOLOGÍA GENERAL, de Pablo Neruda (leída).

EL PERIÓDICO DE LA DEMOCRACIA, de Javier Cercas (leída).

CÓMO EL MUNDO CREÓ OCCIDENTE, de Josephine Quinn (leída).

ANTOLOGÍA EN VERSO Y PROSA, de Gabriela Mistral (leyendo ahora).

POEMA DE GILGAMESH, Anónimo (leyendo ahora).

LENGUA MADRE, de Laura Spinney (leyendo ahora).

MARTÍ EN SU UNIVERSO, de José Martí (pendiente de lectura).

(Doce lecturas completadas, tres leyendo ahora, simultáneamente, y una pendiente).


VERANO, 2026

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ORIGEN Y META DE LA HISTORIA, de Karl Jaspers (pendiente de lectura).

LA DECADENCIA DE OCCIDENTE - 2 TOMOS, de Oswald Spengler (pendiente de lectura).

ARTE SONORA, de Auserón (pendiente de lectura).

UNA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA, de Jürgen Habermas (pendiente de lectura).

HISTORIA ALTERNATIVA DE LA FELICIDAD, de Juan Antonio González Iglesias (pendiente de lectura).

POLÍTICA Y FICCIÓN, de Jorge Lagos y Pablo Bustinday (pendiente de lectura).

ESCRITOS 6, de Soren Kierkegaard (pendiente de lectura).

¿TIENE FUTURO LA VERDAD? de Georg Steiner (pendiente de lectura).

UN CABALLERO EN MOSCÚ, de Amor Towles (pendiente de lectura).

MANIFIESTO POR UNA DEMOCRACIA RADICAL, de Jordi Sevilla (pendiente de lectura).

GALDÓS, Yolanda Arencibia (pendiente de lectura).

CONTRA EL ESTADO, de James C. Scott (pendiente de lectura).

MOMO, de Michael Ende (pendiente de lectura).

LA MEMORIA RECUPERADA, de Antonio Iglesias (pendiente de lectura).

(Quince lecturas pendientes).


OTOÑO, 2026

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ERASMO Y ESPAÑA, de Marcel Bataillon (pendiente de releer).

ULISES, de James Joycee (pendiente de releer).

ENSAYOS, de Michael de Montaigne (pendiente de releer).

OBRAS COMPLETAS, de Esquilo, Sófocles y Eurípides (pendiente de releer).

IBIS, de Vargas Vila (pendiente de releer).

ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA, de Friedrich Nietzsche (pendiente de releer).

¿QUÉ ES LA POLÍTICA?, de Hannah Arendt (pendiente de releer).

LA REPÚBLICA, de Platón (pendiente de releer).

ANTOLOGÍA GENERAl, de Pablo Neruda. (Pendiente de releer).

DON QUIJOTE DE LA MANCHA, de Miguel de Cervantes. (Pendiente de releer).

(Diez relecturas pendientes).

TOTAL DE LECTURAS PROGRAMADAS EN EL AÑO: 54.






















BOAS NOITES, DESCANSADE E DOCES SOÑOS. HOXE, LUNS, 15 DE XUÑO DE 2026, EN GALEGO

 





Ola de novo, amigos. Boas noites, descansade e doces soños a todos esta noite de luns, 15-16 de xuño de 2026. Espero que pasarades un bo día coas vosas familias e amigos. Grazas de corazón por pasarvos polo blog. Espero que disfrutarades da vosa visita. Tamaragua, meus amigos. Que a deusa Fortuna e o benévolo Destino vos acompañen. Ata mañá. Quérovos. Bicos. HArendt
















DE LA TARDE QUE CAE. ACTOS Y AUTOS DE FE, POR ANTONIO MUÑOZ MOLINA, 15 DE JUNIO DE 2026

 






A Jorge Luis Borges le intrigaba que a todo lo largo de los Evangelios Cristo escribe una sola vez; lo hace sobre tierra o arena, y no llega a saberse lo que ha escrito. La escena está en el Evangelio de Juan, contada con la prosa seca del Nuevo Testamento, que, según el gran especialista Antonio Piñero, fue escrita en un griego más bien rústico y nada literario. El resultado es de una austera eficacia visual, que le hace a uno pensar en El Evangelio según san Mateo, de Pasolini. Unos letrados y fariseos le presentan a Cristo a una mujer acusada de adulterio. Hay mucha gente alrededor. Con el propósito de tenderle una trampa, los hombres citan la ley de Moisés, que castiga el adulterio con la muerte por lapidación, y le preguntan qué considera él que se debe hacer. Cristo no dice nada. Se inclina sobre la tierra y escribe algo en ella con un dedo. Los acusadores siguen preguntando. Él se incorpora y dice, en la edición castellana de Piñero: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojarle una piedra”. A continuación, vuelve a inclinarse, y escribe de nuevo. Mientras tanto, los acusadores y los curiosos y testigos, quizás lapidadores voluntarios, “salieron uno por uno comenzando por los ancianos, y se quedaron él solo y la mujer”. El relato no puede ser más lacónico, y más lleno de sugerencias que nuestra imaginación añade: el silencio después del clamor colectivo, la retirada gradual, la escena que se queda vacía, esa mujer de pie, el hombre que deja de escribir y se incorpora cuando han quedado solos los dos. Parece que es entonces cuando mira a su alrededor y se da cuenta de que toda esa gente que parecía tan dispuesta a ejercer su bárbara justicia se ha ido. Dice: “Mujer, ¿dónde están? Ninguno te ha condenado?”. Y añade, y aquí termina sin más el pasaje: “Tampoco yo te condeno; vete y a partir de ahora no peques más”.

A nosotros el detalle del dedo que escribe sobre la tierra nos parece una sutileza literaria. Según Piñero, tiene un sentido simbólico, porque los mandamientos de la ley de Moisés los escribió el dedo de Dios sobre tablas de piedra. Uno puede pensar que una nueva ley escrita sobre la tierra común que todos pisamos será más compasiva, menos sujeta a la rigidez del dogma, al ser tan fácil de borrar y de escribir de nuevo.

Tuve una infancia y una primera adolescencia católicas, como todo el mundo de mi generación, pero a la lectura atenta de los Evangelios he llegado muy tarde, después de una vida entera apartado a conciencia de cualquier práctica o creencia religiosa. A la Iglesia española, y a un cierto número de sus representantes en la Tierra, les debo un valioso regalo intelectual: el rechazo precoz de toda forma de creencia en una divinidad providencial y justiciera, en la vida eterna, en el premio del cielo y el castigo del infierno. Hacerse ateo, racionalista y anticlerical a los 14 o 15 años, en la España de Franco y de una Iglesia franquista y tridentina, era una pequeña rebelión personal que no habría sido tan precoz sin el rechazo que aquella gente provocaba. A nosotros no se nos daba a leer el Nuevo Testamento, ni se nos educaba la sensibilidad literaria con las muchas bellezas del Antiguo. El arte religioso que veíamos eran blandas estampitas piadosas, santos y vírgenes de escayola, cuando no cuadros ennegrecidos de torturas de mártires o de almas aterradas quemándose en el infierno. En cuanto a la música, pasamos de los cánticos sombríos a las simplezas de las guitarras y las flautas que tocaban El cóndor pasa en el momento de la consagración.

La vulgaridad estética, el feísmo sanguinario de los mártires desollados o amputados y de los crucificados con pelo natural y manos y pies atravesados por clavos, eran el espejo de la corrupción política y moral de una Iglesia parasitada en toda la mugre de la dictadura, beneficiaria del botín de guerra de la enseñanza, instalada en una supremacía sobre lo cotidiano que le costará mucho imaginar a quien no la vivió. Si aparecía un cura por la calle, los niños teníamos que ir corriendo a besarle la mano. En las puertas de las iglesias había unas fichas con la “clasificación moral” de las películas, que podían recibir un 3R (mayores con reparos) o incluso un 4, que las calificaba como “gravemente peligrosas”. Que unas películas ya autorizadas por la censura franquista pudieran contener tales extremos de pecado da una idea de la mentalidad eclesiástica de aquellos tiempos. Ir a verlas era pecado mortal. Y, como los buenos catequistas nos advertían, morir en pecado mortal garantizaba el fuego del infierno, que no era metafórico. Un cura encendía una cerilla y te retaba a que pusieras un momento el dedo en la llama: si apenas lo podíamos aguantar, ¿cómo sería quemarse así, sin tregua, sin alivio, sin fin, no un año, ni diez, ni cien, ni mil, sino toda la aterradora eternidad? Sembrar ese grado de angustia en una imaginación de siete años, edad a la que hacíamos la comunión, es sin duda una hazaña pedagógica que tarda en olvidarse. Que alguno de aquellos bondadosos agoreros cayera además en la tentación de meternos mano no es un matiz secundario.

La saludable rebeldía puede también derivar en prejuicio, en negación irreflexiva. En la militancia antifranquista encontré por primera vez a cristianos con los que tenía más cosas en común de las que había imaginado. Uno de ellos, que sigue siendo amigo mío, me dio a leer un libro que hablaba de las enseñanzas de Cristo bajo una luz del todo ajena a la de los curas de mi infancia: Lectura materialista del Evangelio de Marcos, de Fernando Belo. Poco a poco, a lo largo de los años, he sido siguiendo rastros éticos y estéticos que me han revelado formas de espiritualidad compatibles con el laicismo y el racionalismo que fui haciendo míos desde el final de la adolescencia, y a los que no he renunciado nunca. Hay una profunda sensación de lo sagrado que puede ser ajena a toda idea religiosa —al menos en el sentido occidental de la palabra— y que a uno lo exalta, por ejemplo, en una obra de Bach o de Tomás Luis de Victoria, en un Negro spiritual, en una saeta flamenca, en cualquiera de las escenas evangélicas de Caravaggio, en un poema de san Juan de la Cruz; y, sobre todo, en la plena contemplación silenciosa de la naturaleza, o en esos estados nada místicos ni vaporosos de la meditación budista, en los cuales, con disciplinado adiestramiento, se pueden ver las cosas como son, dentro y fuera de uno, en lo que Manuel Machado llamó “la tranquila belleza del presente”.

Monjas y curas católicos, rabinos, pastores luteranos, marxistas de espíritu abierto, desfilaban del brazo de Martin Luther King en las marchas por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam. Nada es simple, ni fácil. La misma Iglesia católica que se alía con los ricos y con la derecha española para privatizar cada vez más la educación, ejerce a través de Cáritas y de sus voluntarios una asistencia imprescindible a quienes ese amigo mío que me ayudó a leer de otro modo el Evangelio llama “los últimos de los últimos, los que no quiere nadie”. El Papa que defiende la justicia y la paz con una rotunda claridad y una elocuencia que han desaparecido del idioma de la izquierda también condena el derecho al aborto y a la muerte digna y elegida. Los llamados evangélicos en Estados Unidos propagan el capitalismo y el racismo extremos y anuncian con júbilo el apocalipsis. A la mujer adúltera a la que Cristo disculpó hay millones de voluntarios dispuestos a ejecutarla, con una piedra en una mano y un libro de feroz monoteísmo en la otra. Antonio Muñoz Molina es escritor y académico de la Real Academia Española. El País, 13 de junio de 2026.
























DEL CAFÉ DE SOBREMESA. CÓMO RESPONDER A UN MARCIANO, POR JAVIER SAMPEDRO. 15 DE JUNIO DE 2026

 





Lo único que sé sobre El día de la revelación, la última película de Steven Spielberg, es que no le ha gustado a Carlos Boyero —lo que no es precisamente una noticia de primera página—, así que no te preocupes que no puedo hacer espóiler. Entiendo, en cualquier caso, que la cinta reflexiona sobre el posible descubrimiento de que no estamos solos en el cosmos, y sobre cuál sería la reacción de la humanidad ante esa evidencia. Ya conocía precedentes de ficción que tratan el mismo tema, como la novela Contact, publicada en 1985 por el astrofísico y divulgador Carl Sagan y llevada al cine en 1997 por Robert Zemeckis, con Jodie Foster y Matthew McConaughey. Aunque esta película no le gusta a nadie más que a mí, sigo pensando que Contact es la especulación más interesante que se ha escrito sobre la cuestión, y la que tiene una mayor profundidad científica. Ya veré la nueva de Spielberg, nunca tengo prisa con estas cosas.

Lo que no sabía es que el asunto había saltado hace tiempo a la estantería de no ficción. La Academia Internacional de Astronáutica, con sede en París, ha actualizado este año su declaración de principios sobre la conducta a seguir en la búsqueda de inteligencia extraterrestre. La declaración pretende, entre otras cosas, establecer directrices para que los expertos confirmen los posibles indicios de vida extraterrestre inteligente, comuniquen las evidencias y encuentren un equilibrio entre informar a la población de los descubrimientos y “una consideración apropiada de la seguridad y la exposición de los científicos individuales implicados”. No especifica contra qué o quién deben defenderse estos científicos, aunque se entiende que no es contra los marcianos, sino más bien contra los congéneres, lleven o no galones.

La academia de París considera crucial “mantener los mayores estándares de responsabilidad e integridad científicas durante el proceso, incluido el reconocimiento de los intereses de la humanidad en el descubrimiento”. Para saber cuáles son los intereses de la humanidad hará falta una inteligencia extraterrestre, desde luego, pero bueno, queda bien por escrito. Luego dice que, si los medios y las redes sociales preguntan algo, los científicos deberán dar respuestas “rápidas, exactas y honradas”. Esa sí que es buena. “Las declaraciones y conclusiones especulativas o no confirmadas deben ser identificadas claramente como tales”. Se ve que estos astronautas no tienen mucha práctica en tratar con los medios.

Pero lo mejor viene luego: qué les tendríamos que responder a los extraterrestres. La Academia Internacional de Astronáutica, como buen organismo oficial, propone nombrar un subcomité. No hay nada que le guste más a un burócrata que un subcomité. Este debería reclutar a expertos en ciencia, ética, derecho, sociología y comunicación. Es curioso que se hayan olvidado de contratar a un lingüista, que algo tendrá que decir sobre mandar mensajes a las estrellas, pero el caso es que habrá que decidir dos cuestiones capitales: ¿hay que responder o no? Y, en caso afirmativo, ¿qué decimos? “Estas consultas deben conducirse a través de Naciones Unidas y otros cuerpos internacionales representativos”, decreta la academia. Vano deseo, ya que será Elon Musk quien responda.

Entonces, ¿estamos preparados para nuestro primer contacto con una inteligencia extraterrestre? Tres comentarios sobre esto. Primero, una de las formulaciones de la ley de Murphy: toda estrategia militar dura exactamente hasta el momento de enfrentarse con el enemigo. Segundo, una de las llamadas leyes de Clarke (por el escritor Arthur C. Clarke): toda tecnología lo bastante avanzada resultaría indistinguible de la magia. Y tercero, lo que le dijo Isaac Asimov a su editor: sería materialmente imposible vencer a una inteligencia hostil capaz de llegar a la Tierra. Dicho lo cual, un ejercicio de fin de semana para el lector: ¿en qué lenguaje nos podemos entender con los marcianos? Venga, a trabajar. Javier Sampedro es divulgador científico. El País, 13 de junio de 2026.
























ESPECIAL 2 DE HOY. EL 98 BRITÁNICO, POR JOSEP M. COLOMER, 15 DE JUNIO DE 2026

 





Se van a cumplir diez años del referéndum sobre el Brexit, en junio del 2016. Si me permiten la comparación, fue algo así como la guerra de Cuba para España en 1898: el remate final a un imperio global ya extinto, como pegarse un redundante tiro en el pie con ceguera y arrogancia.

Comencemos con la caída del más antiguo de los dos imperios, España. Tras la invasión de la metrópolis por las tropas napoleónicas, hubo numerosas separaciones de las colonias españolas en América en las décadas de 1820 y 1830. Durante un tiempo, la Corona española mantuvo la ficción de que continuaba siendo una gran potencia imperial. Pero cuando, en 1898, unos sesenta años después de la disolución efectiva del imperio, Estados Unidos intervino en Cuba, la Armada espa­ñola fue destruida en pocas horas. El traumático impacto se conoció como “el Desastre”. Sin embargo, muchos políticos e intelectuales negaron la evidencia, como si España aún pudiera vivir de sus glorias pasadas.

Por su parte, el imperio británico se desintegró tras sufrir los enormes costes de la Segunda Guerra Mundial, en las décadas de 1940 y 1950, desde la independencia de India hasta la expulsión del canal de Suez. Los gobernantes británicos intentaron mantenerse en la cima del mundo apoyándose en Estados Unidos y solo se unieron a la Comunidad Europea con retraso y reticencia. Para los imperiales británicos, Europa representaba una derrota, un destino al que se resistían, una necesidad aceptada a regañadientes. En la práctica, buscaron reducir su ­contribución financiera a Bruselas, se excluyeron del acuerdo de Schengen, no adoptaron el euro y no aceptaron la primacía del Tribunal de Justicia de la Unión en la legislación sobre derechos fundamentales.

Unos sesenta años después de la disolución efectiva del imperio, en el 2016, el gobierno británico convocó el referéndum sobre la permanencia o la salida de la Unión Europea. Las campañas secesionistas se centraron en lemas como “Recuperemos el control”, “Queremos recobrar nuestro país” y “Creemos en Gran Bretaña”, que reflejaban la añoranza imperial y negaban la evidencia, como si el país aún pudiera vivir de sus glorias pasadas.

En los dos grandes imperios, el español y el británico, las consecuencias de la salida fueron desorden político interno, aislamiento internacional y retroceso eco­nómico.

En los imperios español y británico, el remate de la salida generó desorden, aislamiento y recesión

En la España posterior al “Desastre”, los dos partidos que se alternaban en el gobierno, los conservadores y los liberales, fueron desafiados por republicanos, socialistas, anarquistas, catalanistas y vasquistas. El país tardó muchas décadas en recuperarse de la subsiguiente inestabilidad política.

En el Reino Unido posterior al Brexit, en ocho años fueron nombrados cinco primeros ministros conservadores. Los dos partidos que se alternaban en el gobierno, los conservadores y los laboristas, han sido desafiados por los liberales y por nuevos populistas, verdes, escoceses, galeses, norirlandeses y otros. La Cámara de los Co­munes, que era el museo histórico del bi­partidismo, alberga ahora 13 partidos. En las elecciones más recientes, el actual Partido Laborista en el Gobierno obtuvo el 33% de los votos, pero, a través del deplorable sistema electoral, recibió el 66% de los escaños; no es extraño que sea tan impopular.

En los dos países, las banales resistencias a la vida postimperial han tenido también contundentes consecuencias económicas. A principios del siglo XX, España se retiró de los mercados internacionales mediante la imposición de altos aranceles y otras medidas de aislamiento que produjeron adversos resultados económicos. A principios del siglo XXI, las promesas de los brexiters de un gran acuerdo comercial con Estados Unidos y un auge económico con sus antiguas colonias en la Commonwealth han sufrido severos reveses. Josep M. Colomer es politólogo. La Vanguardia, 15 de junio de 2026.























ESPECIAL 1 DE HOY. EL VISITANTE Y EL VACÍO, POR ANTONI PUIGVERD. 15 DE JUNIO DE 2026

 





Una de las figuras más representativas del PSOE, el expresidente Zapatero, ha sido cazado in fraganti. Se dice que alguna de las carísimas joyas atesoradas en su despacho podría ser regalo de un sátrapa del petróleo. El impacto moral de la corrupción de Zapatero representaría para el PSOE lo mismo que representó el descubrimiento de la desnudez del rey Juan Carlos: una crisis de reputación irreparable.

Tal hundimiento reputacional ha coincidido con la ­visita de León XIV. Inicialmente, el Pontífice llegaba aureolado por su sereno enfrentamiento con Trump, que favoreció su aceptación por parte de la izquierda cultural y mediática. Por lo general, este segmento lo habría recibido con hostilidad o displicencia. Ahora bien, a pesar de la inicial contención, la hostilidad se desabrochó justo después de su intervención en el Congreso, sobre todo por la indirecta apelación crítica a la eutanasia y el aborto. Sólo quien cree que su verdad es irrefutable, como le ha ocurrido durante décadas a la izquierda cultural, puede considerar intolerable que alguien razone una antropología discordante.

León no pretendió imponer un programa. Es costumbre en otros parlamentos (británico, alemán, europeo) invitar a grandes personalidades de la cultura, la religión o la ciencia. En esta línea, León XIV fue citado en el Congreso para conferenciar. Lógicamente, propuso su pensamiento, de tradición cristiana, a la reflexión de quienes le escuchaban.

Proponer no es imponer. Al contrario: propone quien tiene la intención de razonar y dialogar. Propone el demócrata, pues entiende la diferencia entre pensar, debatir y legislar. Quien, en cambio, vive atrapado en posiciones dogmáticas tiene tendencia a negar la palabra al que piensa distinto. Es una paradoja de nuestro tiempo que sea más partidario del diálogo el representante de la Iglesia que muchos de los que se afirman liberales o progresistas. Quizá la crisis de la izquierda y del liberalismo en toda Europa tenga que ver con su incapacidad para dialogar y hablar.

Como demuestra el regreso de Valentín Roma al Macba, la izquierda intelectual domina sin contrapesos las más altas instituciones culturales: museos, universidad, teatros, periodismo. Los museos adoctrinan como lo hacían en tiempos pasados las iglesias. Lo mismo puede decirse de muchos teatros y facultades. El adoctrinamiento también se expresa en negativo: la cultura de la cancelación, la exigencia inquisitorial de silenciar a quienes tienen pensamiento propio. Se subraya ahora lo que está haciendo el trumpismo en EE.UU. (una extravagante y peligrosa cancelación de signo contrario), pero se olvida que el progresismo ha querido imperar absolutamente en la opinión pública.

Quien vive atrapado en posiciones dogmáticas tiende a negar la palabra al discordante

Los partidos no pueden asimilar sin grave riesgo las propuestas de León. Su defensa de la dignidad de la vida humana, cualquiera que sea la circunstancia (fetal, senectud, enfermedad, migración o dominio de la IA), es una propuesta moral: impugna a una época que, entronizando el valor único del beneficio, ha decidido que la vida es instrumental y prescindible. León no vino a predicar dogmas, sino a invitar a pensar. Oficialmente, la izquierda y la derecha le han aplaudido (no podían oponerse, por miedo a su prestigio), pero no han querido pensar en lo que él ha propuesto. Tirios y troyanos prefirieron tomar la parte del discurso papal que coincidía con sus postulados para atacar a los adversarios.

También el nacionalismo catalán quiso sacar partido del viaje papal. En este caso, malhumorado. De repente, un estadounidense pasado por Chiclayo (Perú) y Roma era responsable de la supervivencia del catalán. Se atrevían a exigir a León, un visitante, lo que nunca pidieron al residente Messi, pontífice del fútbol. Como es sabido, el fútbol es la religión alternativa de los europeos (y quizá, como sugiere el actual campeonato, de todo el mundo). De la religión del fútbol, Messi es el profeta. Criado en Barcelona, emblema de un club con esteladas, nunca dijo ni “bon dia”.

León XIV ha maravillado a los que prescinden de los prejuicios. Sereno, conciliador, valiente, profundo, pacificador. Su estancia entre nosotros no sólo ha subrayado estas virtudes, sino que además deja en ­evidencia la pobreza moral, el maniqueísmo, el vacío y el resentimiento que nos ­rodean. Antoni Puigverd es escritor. La Vanguardia, 15 de junio de 2026.





















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY LUNES, 15 DE JUNIO DE 2026