Amigos: No aplaudan. Siempre existe la tentación de celebrar cuando Trump hace algo sensato, como despedir a su fiscal general, Pam Bondi, hasta que uno se pregunta por qué lo ha hecho. Desde John Mitchell, quien fue fiscal general de Richard Nixon, nadie ha hecho más por empañar ese cargo y dañar al Departamento de Justicia que Bondi.
Pero Trump no la despidió porque convirtiera el Departamento de Justicia en un pozo negro de corrupción. Todo lo contrario. La despidió porque no ocultó bien la corrupción. No logró cumplir con todos los objetivos corruptos que él le había impuesto: no hizo desaparecer los archivos de Epstein, no procesó completamente a sus enemigos y no fue lo suficientemente convincente en las audiencias del Congreso ni en televisión al defender a Trump.
Trump está furioso porque los archivos de Epstein siguen siendo un lastre político. Le molesta que su base de seguidores de MAGA, y los republicanos del Congreso que le son afines, no crean que aún se haya revelado la verdad sobre lo que el Departamento de Justicia sabe acerca de Epstein. Le indigna que tantos sigan pensando que existe un encubrimiento continuo, lo cual sin duda existe.
Pero él no quiere que se levante la tapa. Al contrario, quiere que se cierre herméticamente para que el público se olvide por completo de él y de Epstein. Para Trump, el fracaso de Bondi fue haber dejado la tapa entreabierta lo suficiente como para que el público siga exigiendo una rendición de cuentas completa.
Lo mismo ocurre con la exigencia de Trump de que ella procesara a sus enemigos (una exigencia que él mismo hizo pública por error en las redes sociales). No le molesta que ella lo haya intentado; le molesta que lo haya hecho tan mal que varios tribunales rechazaron los intentos de sus fiscales e incluso varios grandes jurados denegaron las solicitudes de acusación formal.
Lo mismo ocurre con sus apariciones en televisión y ante el Congreso. Trump no solo exige lealtad absoluta de sus subordinados, sino que quiere que actúen de forma convincente ante los medios y el Congreso, como si estuvieran motivados por una convicción sincera y no por una mera lealtad a Trump. Bondi también fracasó en esto.
No hay motivo de celebración en el despido de Bondi por parte de Trump, ya que es probable que Trump nombre a un sucesor que sea mejor para encubrir su relación con Epstein, más eficaz para procesar a sus enemigos y más convincente a la hora de fingir que cree en lo que dice al intentar justificar la corrupción de Trump. En otras palabras, alguien que será incluso peor que Bondi, socavando el estado de derecho. ROBERT REICH es profesor de la Universidad de California en Berkeley, economista, y exsecretario de Trabajo con Obama. Publicado en Substack el 2 de abril de 2026.


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