martes, 28 de febrero de 2017

[A vuelapluma] De nuevo la cuestión de la representación política





Sigo con el asunto recurrente de la crisis de la democracia representativa. Hoy, con el reciente artículo en El País del sociólogo José María Maravall, que fue ministro de Educación y Ciencia en los dos primeros gobiernos de Felipe González, y que lleva el título de Populismos y representación. Afirma en él, afirmación que comparto plenamente, que en sociedades grandes y complejas, con intereses heterogéneos, la única democracia posible es la representativa; que el vínculo directo entre gobernantes y “pueblo” no es democrático, y que los representantes deben dar siempre cuenta de sus decisiones

Por populismo, dice Maravall, me refiero, por un lado, a la representación política que algunos partidos, de izquierda y de derecha, se atribuyen; por otro lado, a las políticas que prometen. Declaran representar al pueblo —un conjunto heterogéneo pero todo él sometido a una casta. En lo que respecta a las políticas que proponen, no atienden nunca a sus consecuencias. Tampoco a los medios para atenderlas: todo depende de una voluntad política para la que supuestamente no existen restricciones.

Sus orígenes, añade, se encuentran en el movimiento de los naródniki, revolucionarios de clase media y media-alta que pretendieron movilizar al campesinado ruso en las décadas de 1860 y 1870. Estrategias parecidas han sido utilizadas con frecuencia. Marx analizó magistralmente un movimiento populista: el golpe de Estado de Luis Bonaparte en Francia: un personaje mediocre y grotesco convertido en un salvador del pueblo. Los teóricos italianos de fines del siglo 19 y comienzos del 20, precursores del fascismo, utilizaron la división casta/pueblo para irla progresivamente derivando hacia una teoría del caudillaje —un duce que enlazaba directamente con el pueblo, por encima de un sistema y unas élites corruptas. El caudillaje y el populismo han sido frecuentes en la política latinoamericana, un ejemplo, sigue siendo hoy día Nicolás Maduro. También en los Estados Unidos, sobre todo entre 1890 y 1930 -ahora Donald Trump constituye un caso extraordinario de populismo por su ataque al sistema, al establishment, y por unas políticas basadas en la xenofobia, el racismo y el proteccionismo.

Hoy día los populismos, sigue diciendo, tanto por lo que dicen representar como por las políticas que ofrecen, se han multiplicado. Ha sucedido en la Europa de las democracias tradicionales y virtuosas: en la Finlandia de los Verdaderos Finlandeses, en la Dinamarca del Partido Popular Danés (PPD), en la Holanda del Partido por la Libertad (VVD), en la Francia del Frente Nacional de Marine Le Pen, en la Inglaterra del triunfo del Brexit. Es también lo que alimenta el discurso dicotómico de casta y pueblo en la Italia de Beppe Grillo y el Movimento 5 Estrellas, así como en la España de Podemos —donde Pablo Iglesias ha declarado, por ejemplo, que él es como Donald Trump sólo que de izquierdas, después de haber afirmado que la diferencia entre izquierda y derecha había desaparecido.

El populismo es difícilmente compatible con la democracia, afirma Maravall. Los representantes elegidos son presentados como miembros más de la casta. El vínculo directo entre gobernantes y pueblo se ejercita mediante plebiscitos y referendos —un instrumento político manipulable donde los haya. Los organismos intermedios interfieren en ese vínculo —los Parlamentos, los congresos de los partidos, los órganos judiciales y los medios de comunicación independientes. En sus dos primeras semanas de mandato, Trump ha subvertido a jueces y medios de información contraponiéndoles al pueblo y dirigiéndose directamente a los ciudadanos. Se ignora lo que sabemos desde hace más de dos siglos —que en sociedades grandes y complejas, con intereses muy heterogéneos, la única democracia posible es la democracia representativa, con pesos y contrapesos entre los diferentes poderes, y que la democracia directa se opone a cualquier contenido deliberativo de la democracia. Que los mandatos imperativos y la revocación inmediata de los representantes y de los gobernantes son contrarios a los intereses de los ciudadanos: las condiciones iniciales suelen cambiar y no ajustar las políticas puede ser nefasto. Que por todo ello, los representantes deben siempre dar cuenta de sus decisiones, de cualquier cambio en sus promesas, y someterse al veredicto de los ciudadanos en las elecciones. El ataque a la democracia representativa, acompañado del populismo, es una amenaza real a las libertades.

El miedo es la base política de los populismos, afirma Maravall. La globalización puede generar ese miedo en el seno de los sectores más vulnerables a una internacionalización de las economías. Por eso los populistas les ofrecen levantar barreras proteccionistas —todo lo que Fernando Henrique Cardoso ha calificado como utopías regresivas. Volver a levantar los muros que mantuvieron en el subdesarrollo a los países pobres, impidiendo sus exportaciones competitivas. A lo largo de muchos años, suprimir esas barreras fue un objetivo de la socialdemocracia. No puede apartarse de ese camino, lo cual no significa aceptar una desregulación de los mercados de productos y de capital que se imponga a la política democrática. Mediante los Estado de Bienestar se han protegido a los sectores dañados por esa globalización creciente. Ha existido una asociación muy fuerte, con evidencia abrumadora, entre gasto social e internacionalización de las economías.

Pero el diseño del Estado de Bienestar, añade, tiene hoy que ser reformulado: no puede pasar a ser un instrumento para financiar el consumo de los grupos de ingresos altos; se tiene que definir mejor qué se entiende por igualdad, cómo eliminar discriminaciones sociales, cómo erradicar la necesidad, cómo generar oportunidades que eviten trampas sociales de las que no es posible salirse. Es necesario clarificar prioridades. Y la distribución no puede bloquear el crecimiento del bienestar de todos.

Los socialdemócratas, continúa diciendo, tienen muchos deberes por hacer. Se habla mucho de la crisis de la socialdemocracia —hoy existen razones para ello. Si atendemos a las 17 democracias más asentadas de Europa, entre las últimas elecciones celebradas antes del inicio de la crisis en 2008 y las últimas (en 2015 o 2016) el promedio del voto de los partidos socialdemócratas ha caído de un 28,2 % del voto a un 21,9 %, mas de seis puntos, mientras que el de los partidos de la derecha ha pasado de 31,3 % a 27,1 %, es decir más de cuatro —en buena parte afectados por el auge de un populismo xenófobo y reaccionario. Las diferencias nacionales son relevantes: en la izquierda, frente a la perdida de un 85,6 % de sus votantes por el PASOK en Grecia, una subida de un 17% del PvdA en Holanda; en la derecha, una caída del 53,8 % en el caso del Popolo della Libertá en Italia, frente a un aumento del 90,1 % del voto de Høyre, el partido conservador en Noruega. A veces han caído conjuntamente los principales partidos de izquierda y derecha (en Grecia el voto conjunto bajó de 76,6 a 34,4 %; en Italia, de 84,3 a 47 %; en España, de 83,4 a 55,6 %). Y excepcionalmente subieron ambos, como en Alemania (de 56,8 a 67,2 %).

Europa, concluye diciendo, es el reino de las coaliciones y los socialdemócratas están en el gobierno de nueve de esos 17 países —en seis lo presiden. Otra cosa es lo que hacen en el gobierno: la singularidad de sus políticas está muy desgastada y les resulta imprescindible replanteárselas como hicieron tras 1945 y en los años 60. Guiados por la igualdad, que representa su permanente seña de identidad, y dando prioridad a su negación extrema: la pobreza y la necesidad que viven los sectores más castigados por la desigualdad, tal vez el mayor coste social de la crisis. De forma que también ayude ese replanteamiento a frenar la política del miedo —y el voto de muchos trabajadores a partidos proteccionistas y reaccionarios. 




Cumbre populista europea


Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




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[Humor en cápsulas] Para hoy martes, 28 de febrero de 2017





El Diccionario de la lengua española define humorismo como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Pero también como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios. Yo no soy humorista, así que me quedo con la primera acepción, y en la medida de lo posible iré subiendo al blog cada día las viñetas de mis dibujantes favoritos. Las de hoy, con Morgan en Canarias7; Ricardo en El Mundo; El Roto, Forges, Peridis, y Ros en El País; y Montecruz y Padylla en La Provincia-Diario de Las Palmas. Disfruten de ellas. 





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lunes, 27 de febrero de 2017

[Galdós en su salsa] Hoy, con "La Revolución de Julio"



Estatua de Galdós en Las Palmas de G.C. (Pablo Serrano, 1969)


Si preguntan ustedes a cualquier canario sobre quien en es su paisano más universal no tengan duda alguna de cual será su respuesta: el escritor Benito Pérez Galdós. Para conmemorar su nacimiento, del que acaban de cumplirse 173 años, voy a ir subiendo al blog a lo largo de los próximos meses su copiosa obra narrativa, que comencé hace unos días con el primero de sus Episodios Nacionales, colección de cuarenta y seis novelas históricas escritas entre 1872 y 1912 que tratan acontecimientos de la historia de España desde 1805 hasta 1880, aproximadamente. Sus argumentos insertan vivencias de personajes ficticios en los acontecimientos históricos de la España del XIX como, por ejemplo, la guerra de la Independencia Española, un periodo que Galdós, aún niño, conoció a través de las narraciones de su padre, que la vivió.

Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, en las islas Canarias, el 10 de mayo de 1843 y fallecido en Madrid el 4 de enero de 1920, Benito Pérez Galdós fue un novelista, dramaturgo, cronista y político español, uno de los mejores representantes de la novela realista del siglo XIX y un narrador esencial en la historia de la literatura en lengua española, hasta el punto de ser considerado por especialistas y estudiosos de su obra como el mayor novelista español después de Cervantes. Galdós transformó el panorama novelístico español de la época, apartándose de la corriente romántica en pos del realismo y aportando a la narrativa una gran expresividad y hondura psicológica. En palabras de Max Aub, Galdós, como Lope de Vega, asumió el espectáculo del pueblo llano y con su intuición serena, profunda y total de la realidad, se lo devolvió, como Cervantes, rehecho, artísticamente transformado. De ahí, añade, que desde Lope, ningún escritor fue tan popular ni ninguno tan universal, desde Cervantes. Fue desde 1897 académico de la Real Academia Española y llegó a estar propuesto al Premio Nobel de Literatura en 1912. 

La Revolución de Julio es la cuarta novela de la cuarta serie de los Episodios nacionales de Galdós, que en ella retoma la historia del personaje de José Fajardo, marqués de Emparán, que vivirá de cerca los eventos de julio de 1854, y que tras varios años sin escribir, relata los acontecimientos históricos que vive España y los suyos propios. En 1852, un tiempo después del intento de regicidio del cura Merino, José recibe una carta de Virginia Socobio, antigua amiga suya, en la que ésta le confiesa que se ha fugado de su casa, abandonando a su marido y familia por el que dice, es el amor de su vida.

La novela comienza con una minuciosa descripción del juicio del cura Martín Merino y su posterior ejecución. Se habla también de la corrupción del gobierno de Sartorius, denunciada por la prensa, y finalmente narra la revuelta de los moderados "puritanos" en Vicálvaro de junio de 1854, con O'Donnell a la cabeza, que acabará convirtiéndose en la revolución progresista del general Espartero un mes más tarde. 




Estatua del general Espartero, calle de Alcalá, Madrid



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[Humor en cápsulas] Para hoy lunes, 27 de febrero de 2017





El Diccionario de la lengua española define humorismo como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Pero también como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios. Yo no soy humorista, así que me quedo con la primera acepción, y en la medida de lo posible iré subiendo al blog cada día las viñetas de mis dibujantes favoritos. Las de hoy, con Morgan en Canarias7; Ricardo en El Mundo; El Roto, Forges, Peridis, Ros y Sciammarella en El País; y Montecruz y Padylla en La Provincia-Diario de Las Palmas. Disfruten de ellas. 





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domingo, 26 de febrero de 2017

[Política] XII Legislatura de las Cortes Generales. Febrero, 2017 (IV)







Según lo dispuesto en el artículo 66 de la Constitución, las Cortes Generales representan al pueblo español y están conformadas por el Congreso de los Diputados y el Senadoejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuye la Constitución. 

En los Diarios de Sesiones de las Cámaras se reflejan literalmente los debates habidos en los plenos y las comisiones respectivas y las resoluciones adoptadas en cada una de ellas. Los demás documentos parlamentarios: proyectos de ley, proposiciones de ley, interpelaciones, mociones, preguntas, y el resto de la actividad parlamentaria, se recogen en los Boletines Oficiales del Congreso de los Diputados y del Senado. 

La información parlamentaria se estructura en la siguiente forma:


A. Congreso de los Diputados


1. Boletines Oficiales:

Serie A: Proyectos de Ley
Serie B: Proposiciones de ley
Serie C: Tratados y Convenios Internacionales
Serie D: General

2. Diarios de Sesiones:

Pleno y Diputación Permanente
Comisiones
Comisiones de Investigación

B. Senado


1. Boletines Oficiales:

Apartado I: Iniciativas legislativas
Apartado II: Mociones
Apartado III: Autorizaciones
Apartado IV: Otras actividades parlamentarias
Apartado V: Normas sobre asuntos parlamentarios
Apartado VI: Administración del Senado

2. Diarios de Sesiones:

Pleno
Diputación Permanente
Comisiones
Comisiones conjuntas

C. Cortes Generales (Reunión conjunta de ambas Cámaras)


1. Boletines Oficiales:

Serie A: Actividades Parlamentarias
Serie B: Régimen Interior

2. Diarios de Sesiones:

Comisiones Mixtas
Sesiones Conjuntas

Desde este enlace pueden acceder a toda la información parlamentaria de la presente legislatura. Les recomiendo los enlaces a los Diarios de Sesiones de los plenos de ambas cámaras y de sus comisiones así como a los que recogen los proyectos de ley gubernamentales y las proposiciones de ley de los grupos parlamentarios.


Y desde estos otros a las páginas oficiales, actualizadas diariamente, de:

Casa de S.M. el Rey
Presidencia del Gobierno
Boletín Oficial del Estado
Tribunal Constitucional
Tribunal Supremo de Justicia y Consejo General del Poder Judicial
Consejo de Estado
Parlamento Europeo
Comisión Europea
Consejo Europeo y Consejo de la Unión Europea
Diario Oficial de la Unión Europea
Tribunal de Justicia de la Unión Europea

Entre la documentación de la pasada semana me permito recomendarles por su especial interés la sesión plenaria del Congreso en la que se aprobó por unanimidad la proposición de ley de lucha contra la corrupción presentada por el grupo parlamentario de Ciudadanos, y la creación de una comisión de investigación sobre el rescate bancario, a propuesta de los grupos parlamentarios Socialista, Unidos Podemos, Esquerra Republicana y Mixto.



Fachada sur del Palacio Real de Madrid


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[Tribuna de prensa] Lo mejor de la semana. Febrero, 2017 (IV)





Desde los enlaces de más adelante pueden acceder a los artículos más relevantes de la semana seleccionados por Der Spiegel, El País, Le Monde, The New York TimesThe Washington Post y Revista de Libros. Y desde estos otros a los especiales de El País sobre Las reformas que necesita España y 2016, resumen de un mal añoDesde los de más abajo pueden hacerlo a los artículos de opinión seleccionados por mí durante la semana, que voy subiendo diariamente al blog y que permanecen publicados en él un máximo de 24 horas. 


Como decía Hannah Arendt, espero que les inviten a pensar para comprender y comprender para actuar. La vida, a fin de cuentas, no va de otra cosa que de eso. Se los recomiendo encarecidamente. 

Cuestión de prudencia, por Soledad Gallego-Díaz.
El muro del Rey, por Carmen Remírez de Ganuza.
Steve Bannon contra el islam, por Fleming Rose.
El timo del corredor MED, por Xavier Vidal-Folch.
Tumbao, por Víctor Lapuente.
Caso Nóos: una sentencia más, por Norberto J. de la Mata.
La política de la disrupción, por Mark Leonard.
La reforma de la Constitución, por José Antonio Blanco.
¿A qué Pedro Sánchez creemos?, Cartas al Director (El País).
Las enfermedades y la pobreza también matan, por Bill Gates y Bono.
La Historia, por Juan José Millás.
Poca zanahoria para tanto palo, por Joan B. Culla i Clarà.
Podemos ya no es populista, por Máriam Martínez-Bascuñán.
Rulfo, por Julio Llamazares.

Para terminar, les dejo con los reportajes de El País con las mejores imágenes del 2016, las treinta fotos más representativas de los 40 años de vida del periódico, y las fotos ganadoras del World Press 2017. Y como siempre, las mejores fotos de la semana que termina. 



Reponen la puerta del campo de exterminio de Dachau, Alemania


Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt



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[Humor en cápsulas] Para hoy domingo, 26 de febrero de 2017





El Diccionario de la lengua española define humorismo como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Pero también como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios. Yo no soy humorista, así que me quedo con la primera acepción, y en la medida de lo posible iré subiendo al blog cada día las viñetas de mis dibujantes favoritos. Las de hoy, con Morgan en Canarias7; El Roto, Forges, Peridis, y Ros en El País; y Montecruz y Padylla en La Provincia-Diario de Las Palmas. Disfruten de ellas.






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sábado, 25 de febrero de 2017

[A vuelapluma] Pueblo y populacho





La democracia representativa está en crisis. Llevo bastante tiempo dedicándole al asunto numerosas entradas que reproducen pensamientos mucho más elaborados que el mío al respecto. Hoy lo traigo de nuevo a colación gracias al artículo de hace unos días en El País del escritor y crítico literario Andreu Jaume titulado La república del plebiscito, en que explicita la diferencia ya esbozada por Hannah Arendt, entre los conceptos de pueblo y populacho. 

El nuevo pueblo, dice en él, obedece a consignas publicitarias claras y brutales. En la campaña estadounidense, añade, los mayores disparates sobre Obama o el cambio climático se han tomado como verdades irrefutables gracias a una red hegemónica. Hay sobrados indicios, continúa diciendo, de que el plebiscito quiere imponerse como el sistema de elección propio de esta nueva era, en la que poco a poco se intentará destruir la vieja democracia representativa para instaurar algo que todavía no sabemos qué es. El siglo XXI ha empezado y se está sacudiendo de encima los restos del anterior, mientras sus supervivientes contenemos el aliento ante lo que los ingleses llaman impending doom, el instante de silencio que precede al estruendo de la fatalidad. La primera cabeza de la Hidra apareció con el inesperado resultado del referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea que celebró Reino Unido y que nos dejó a todos perplejos. La segunda acaba de asomar en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, que cabría interpretar como un plebiscito sobre el sistema que el propio Donald Trump convocó y ganó, después de presentarse ante el electorado como la alternativa a Hillary Clinton, representante, si bien se mira, de la última de las grandes dinastías republicanas, tras los Roosevelt, los Kennedy o los Bush. La derrota no es solo de los demócratas, sino también del Partido Republicano, cuyas élites intentaron distanciarse de Trump cuando vieron que el monstruo se les había escapado de las manos. En venganza, ahora los hooligansde Trump gritan eufóricos a los dirigentes del partido: “¡Habéis perdido!”. Y es verdad, han perdido el plebiscito.

Aunque está adquiriendo una virulencia desconocida y mutando a una gran velocidad, añade más adelante, el fenómeno no es nuevo. Hannah Arendt, en Los orígenes del totalitarismo (1951), situó su aparición en la Francia del caso Dreyfus: “El populacho es principalmente un grupo en el que se hallan representados los residuos de todas las clases. Esta característica hace fácil confundir el populacho con el pueblo, que también comprende todos los estratos de la sociedad. Mientras el pueblo en todas las grandes revoluciones lucha por la verdadera representación, el populacho siempre gritará en favor del hombre fuerte, del gran líder. Porque el populacho odia a la sociedad de la que está excluido tanto como al parlamento en el que no está representado. Por eso los plebiscitos, con los que tan excelentes resultados han obtenido los modernos dirigentes del populacho, son un viejo concepto de los políticos que confían en el populacho. Uno de los más inteligentes jefes de los antidreyfusistas, Déroulède, clamaba por ‘una república a través del plebiscito”.

Se trata, dice, de una descripción exacta de lo que ha pasado en Reino Unido y en Estados Unidos, pero también de lo que ocurre en Cataluña —dirigida por el magma residual de Junts pel Sí, donde se cuecen restos convergentes, comunistas y republicanos, cuajados con el tóxico demagógico de la CUP— y de lo que empieza a vislumbrarse en el resto de Europa. Es posible que en Francia las elecciones presidenciales acaben siendo un plebiscito entre la vieja república, encarnada por Alain Juppé o François Fillon —ejemplos ambos de la clásica excelencia política francesa—, y Marine Le Pen, descendiente directa de los antidreyfusistas descritos por Arendt y en los que se incubó el nazismo. Algo ha cambiado y quizá ya no haya pueblo y todo sea populacho, puesto que hay una gran masa que no se reconoce ciudadanía y se proclama excluida y maltratada por sus antiguos representantes en la democracia parlamentaria. Esa masa está adoptando el plebiscito como una herramienta para impugnar la ley y el orden en el que vivimos, aunque, de momento, solo esté sirviendo para poner contra las cuerdas a unos políticos que han caído en la trampa y no saben cómo hacer efectivo el mandato plebiscitario.

La imagen que mejor describe la situación, sigue diciendo, es la de Nigel Farage, ganador del plebiscito británico, con Donald Trump, el nuevo gran líder de la plebe estadounidense, en esos salones tornasolados de oro y que parecen haber sustituido de pronto la blanca asepsia del Despacho Oval. La risa de Farage en esa foto está llamada a ser icónica y recuerda a la de El entierro de la sardina de Goya o a la del Payaso de humo creado por Thomas Mangold a partir de la nube de hongo atómica. Esa imagen representa la apoteosis de la estupidez que Flaubert empezó a catalogar en el siglo XIX y que ahora, gracias a las redes sociales, la televisión y la degradación educativa en todos los órdenes, tiene más visibilidad que nunca. Marine Le Pen ha dicho que el triunfo de Trump supone el nacimiento de un nuevo mundo. Y tiene razón. Trump y Farage han dado cara, voz y poder a los trolls digitales, esos virus anónimos que insultan y amenazan en los foros de Internet y que se están convirtiendo en una nueva forma de información y aun de autoridad.

En la campaña estadounidense, comenta, hemos visto cómo los mayores disparates sobre Obama, el cambio climático o cualquier otro asunto se han tomado como verdades irrefutables gracias al prestigio de una red social hegemónica. La severidad de las críticas publicadas en The New York Times y The Washington Post contra Trump no han servido de nada. El nuevo pueblo no atiende a esas lecturas y obedece a consignas publicitarias claras y brutales que actúan como corrientes eléctricas para estimular el cardumen de la masa. Elias Canetti estaría completamente fascinado. El plebiscito es la nueva forma de elección ideal en este nuevo ecosistema mediático.

Para entender el problema, no basta con decir que se trata de un conflicto entre ilustrados e ignorantes. Es verdad que Trump ha llegado a decir que él representa y está orgulloso de sus semejantes poorly educated, es decir, de los que desprecian cuanto ignoran, pero Boris Johnson, uno de los manipuladores más cínicos en la campaña a favor del Brexit, es licenciado en Clásicas por Oxford, una cultura que no le ha impedido asumir y vociferar el discurso del más tarado de los trolls. Hay algo que se ha desatado y que requiere de una toma de conciencia seria, por parte sobre todo de los ciudadanos europeos, si no queremos que la Hidra siga echando cabezas.

Para empezar, hay que exigir a los partidos políticos que no jueguen irresponsablemente con la tentación del plebiscito, un mecanismo que no puede utilizarse para resolver problemas ab ovo. Es lamentable, por ejemplo, que buena parte de la izquierda de este país, con Podemos a la cabeza, acepte un vulgar y embarazoso giro perifrástico —insostenible desde el punto de vista político y jurídico— como es el derecho a decidir solo porque es rentable comercialmente en muchas autonomías. Y del otro lado, los partidos constitucionalistas están paralizados en el fango de la corrupción y la incompetencia, dejando que unas instituciones creadas por una tradición política muy anterior a ellos sean desprestigiadas y puestas en peligro.

Por otra parte, a la imbecilidad de baba y sonrisilla de un Farage, no nos queda más remedio que seguir oponiéndole la complejidad del pensamiento, una facultad que, como recordaba Hannah Arendt al final de su Vita activa (1958), es mucho más vulnerable, en un régimen tiránico, que la capacidad de actuar. Nuestro reto estriba ahora en identificar esa nueva tiranía. Cómo pensemos y nos pronunciemos contra ella, eso será nuestra ética.




Nigel Farage y Donald Trump



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