sábado, 29 de junio de 2013

Movimientos sociales y democracia




Turquía, junio 2013


No soy un acendrado defensor de la democracia directa. Nunca lo he ocultado y no voy a fingir ahora, en aras de lo políticamente correcto, lo que no siento por ella. Y si un paradigma de esa democracia directa es lo que se cuece a través de internet y las redes sociales, de las que soy asiduo partícipe, basta asomarse a las mismas para echarse a temblar ante la demagogia y el populismo rampante que las invade. Cuestión distinta es, pienso yo, lo que algunos denominan democracia participativa, es decir abierta a los ciudadanos, transparente en su funcionamiento, deliberativa, pero sin sustituir, ni pretender hacerlo, la democracia representativa. La única posible, a mi juicio, en sociedas complejas como las actuales.

Sobre las carencias manifiestas de las democracias representativas y el papel dinamizador que ha insuflado a las mismas y a la política los movimientos sociales como el 15-M, el de los indignados, o las redes sociales a través de internet, va el artículo del profesor Ramón Máiz, catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela, titulado "El ruido y la furia. El movimiento de los indignados y la teoría de la democracia", publicado en el blog "Vitrinas", de "Revista de Libros", en su número de junio/julio de este año, comentando el libro del también profesor de la Universidad de Barcelona y economista, Félix Ovejero Lucas, titulado "¿Idiotas o ciudadanos? El 15-M y la teoría de la democracia" (Montesinos, Mataró, 2013).

Ya he escrito en otras ocasiones sobre la democracia participativa, y en concreto, sobre la posición que al respecto mantuvo toda su vida mi admirada Hannah Arendt: "La democracia participativa en Hannah Arendt" (entrada del 26 de septiembre de 2011), muy crítica con la democracia liberal clásica, y para la cual las instituciones de las democracias representativas se conciben como foros para la deliberación en los que se reconocen, filtran y depuran los puntos de vista que los ciudadanos han podido conformar, a través de diversas esferas de participación institucionales y no institucionales. ¿Cómo las redes sociales e Internet que ella no conoció?, me preguntaba...

Hannah Arendt, se dice en ella, no defiende un modelo de democracia directa  nostálgico, adecuado para pequeñas comunidades cerradas en las que es posible la participación directa de todos los ciudadanos, pero que resulta inadecuado dado el tamaño y su carácter diverso en las sociedades actuales. Por el contrario, añadía, su preocupación fundamental radica en pensar una política que pueda reconocer y darle voz a la pluralidad de puntos de vista públicos que, más allá de los intereses individuales y de las diferencias idiosincrásicas, emergen en las democracias contemporáneas, defendiendo por ello una forma de participación ciudadana más deliberante y efectiva que la que se impone desde el modelo clásico de democracia liberal.

Esa participación activa de los ciudadanos en espacios públicos diversos, como los movimientos sociales tenía para Arendt, un rol transformativo, que le llevaba a cuestionar los valores, las formas de preguntar e interpretar los asuntos públicos que se han establecido como más razonables o aceptables, al mostrar nuevos aspectos u otras experiencias que pueden resultar relevantes para discutir sobre tales asuntos. Esto significa que la participación pública no sólo puede posibilitar que voces minoritarias logren influir sobre las mayoritarias, sino que puede permitir renovar los procedimientos y marcos desde los cuales se enfocan las cuestiones públicas mismas.

Pero Arendt, decía en la entrada citada, no sólo insiste en una participación activa de los ciudadanos en espacios no estatales, sino que considera que el Estado, y en especial el sistema representativo, debe darles voz a esos espacios y estar abierto a las formas de participación deliberativa. En efecto, a su modo de ver, si el gobierno representativo se encuentra hoy en crisis, es en parte porque ha perdido, en el curso del tiempo, todas las instituciones que permitían la participación efectiva de los ciudadanos y en parte por el hecho de verse afectado por la enfermedad que sufre el sistema de partidos: la burocratización y la tendencia de los mismos a representar únicamente a su propia maquinaria. Les recomiendo encarecidamente su lectura, seguro de que les resultará sugerente.

Curiosamente, Hannah Arendt nunca escribió tratado u obra alguna sobre la democracia. Lo hizo, con rotundidad, sobre la política, la revolución, los totalitarismos de izquierda y derecha, pero no sobre la democracia. Con seguridad, porque no concebía otra forma de participación y organización política mejor ni más idónea. En eso, coincidimos una vez más.

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν". Tamaragua, amigos. HArendt





¿Demagogia o indignación justificada?






Entrada núm. 1893
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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)
"La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)
"Todas las penas pueden soportarse si las ponemos en una historia o contamos una historia sobre ellas" (Isak Dinesen)

jueves, 27 de junio de 2013

Crisis política y desafección ciudadana




Salón de Plenos del Tribunal Supremo 



Dejar todo el papel de restaurar el Estado de Derecho en manos exclusivas de la Justicia es como pedir peras al olmo. O lo que es lo mismo, descargar las responsabilidades propias en las manos de otros a los que al mismo tiempo debilitamos todo lo posible (e imaginable) para que no puedan realizar su misión adecuadamente. 

Esa es la cuestión, en esencia, que plantean en sendos artículos los profesores Miguel A. Aparicio, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Barcelona: "El juego sucio que se esconde tras el telón de la crisis" (La Vanguardia, 7/4/2013) y José Ramón Montero y Mariano Torcal, catedráticos de Ciencia Política, respectivamente, en la Universidad Autónoma de Madrid y la Pompeu Fabra de Barcelona: "No es descontento, es la desafección" (El País, 14/6/2013).

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν". Tamaragua, amigos. HArendt




Congreso de los Diputados
¿Dónde están Sus Señorías?





Entrada núm. 1892
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miércoles, 26 de junio de 2013

Federalismo contra nacionalismo




Caricatura antifederalista (España, siglo XIX)



Les pido perdón anticipadamente por el lenguaje bronco y hasta cierto punto soez de esta entrada, reelaboración de la del mismo título de fecha 22 de abril de 2011, pero es que estoy hasta los "mismísimos! del nacionalismo y de los nacionalistas, incluido el español, por supuesto.

¡Y es que me importan un huevo y la mitad del otro el ir contracorriente y el lenguaje políticamente correcto!... Detesto el nacionalismo: el cáncer de Europa, lo han llamado. Detesto el nacionalismo canario, el catalán, el vasco, el gallego, el andaluz, el extremeño, el español, el finlandés, el francés, el alemán, el británico, el lituano, el maltés, el padano, el serbocrata..., y el madrileño; sí, el madrileño también... Mi reacción de aquel día venía motivada, lo que son las cosas, por un partido de fútbol: ¿Qué coño pintaban esas miles de banderas nacionales españolas flameando en Mestalla durante la final de la Copa del Rey de unos días antes -me preguntaba- entre el Real Madrid C.F. y el Barcelona F.C.? ¿Qué creían esos zafios e ignorantes energúmenos que las enarbolaban, que la final era un partido internacional entre un equipo español y otro de las antípodas? ¿Pensaban acaso que más allá de la M-40 que circunvala la metrópoli madrileña todo es "tierra conquistada" y que España es solo el territorio y las gentes que rodea esa autovía? ¿Recuerdan ustedes que la en aquellos tiempos presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, doña Esperanza Aguirre, tildó de "empresa extranjera" a la catalana Gas Natural cuando pretendió comprar la "española" Endesa?

En el mismo sentido, pero en dirección contraria, me parece enormemente clarificador el artículo del historiador Antonio Elorza que publica el 28 de junio El País, y que lleva el título de "España contra Cataluña", en el que critica por su parcialidad, el congreso de historiadores promovido por la Generalidad de Cataluña, con ese mismo lema.

Soy un federalista convencido. No solo creo que el federalismo, tal y como lo expusieron a finales del siglo XVIII los ilustrados norteamericanos Hamilton, Madison y Jay en su memorable libro "El Federalista" (Fondo de Cultura Económica, México, 1994) -un texto que vale por sí mismo tanto o más que el mejor de los máster en Ciencia Política- es la forma más perfecta de organizar políticamente una sociedad, es decir, de organizar un Estado, sino que como expreso en la columna de presentación del blog el federalismo es también el mejor marco donde desenvolver y desarrollar la autonomía personal, el autogobierno de los pueblos y los estados, y la democracia como procedimiento y fin en sí misma. 

Supongo que habrá otros caminos, pero yo no veo otro mejor ni más idóneo para organizar políticamente las sociedades complejas y democráticas del sigo XXI, tanto en España como en Europa, que el federalismo. También es la opinión de Javier Tajadura, profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad del País Vasco y autor de "El principio de cooperación en el Estado Autonómico. El Estado Autonómico como Estado Federal Cooperativo" (Comares, Granada, 2010), cuya tesis central comparto plenamente, y que en de 2011 publicaba en el diario El País un brillante artículo al respecto titulado "El horizonte federal de España", cuya lectura les recomiendo. Al igual que hago con el de la diputada nacional y presidenta de UPyD, Rosa Díez, con la que no comparto afinidad política alguna, que publicaba El País del pasado 24 de junio. Un artículo titulado "Una propuesta para la igualdad", proponiendo una revisión constitucional que lleve a España a un Estado configurado bajo los principios del federalismo cooperativo, que no dudo en suscribir y que me parece la propuesta más sería realizada en tal sentido por responsable político español alguno en los últimos años, y que es lo que me ha llevado a reelaborar la entrada citada al comienzo.

También ahora parace que el principal partido de la oposición, el partido socialista (PSOE) hace bandera de las tesis federalistas. ¿Con convicción?, pues, sinceramente, no lo sé; pero si no las promueven y las defienden ellos, va a ser difícil que se lleven a cabo porque ni nacionalistas catalanes y vascos ni nacionalistas españoles están muy por la labor.

Si el ánimo persiste sostenido, les invito a leer este otro artículo, publicado en el número de octubre de 2008 en "Revista de Libros" por el profesor Félix Ovejero Lucas, que lleva el título de "El rayo que no cesa", y en el que comentaba el libro del también profesor Roberto L. Blanco Valdés titulado "La aflicción de los patriotas" (Alianza, Madrid, 2008). Les aseguro que no ha perdido ni un ápice de su actualidad.

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν". Tamaragua, amigos. HArendt




Palacio del Senado (Madrid)




Entrada núm. 1891
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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
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martes, 25 de junio de 2013

Turismo de la memoria: Del blog de Ruth Campos "Pensando en la estación"








Hace unos días me intentaba convencer de las maravillas del turismo casero cuando la economía no acompaña, cosa que está bien, y más viviendo en esta isla. Pero mi espíritu viajero no deja de mirar páginas de viajes y soñar con los lugares lejanos. Y no con lugares nuevos, antes repetiría sitios. Cuando guardo buen recuerdo de un lugar me gusta volver, y volver porque aunque sean los mismos sitios y las mismas fotos, nosotros no somos los mismos... (sigue aquí).






Entrada núm. 1890
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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)
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"Todas las penas pueden soportarse si las ponemos en una historia o contamos una historia sobre ellas" (Isak Dinesen)

lunes, 24 de junio de 2013

Nada humano les fue ajeno: Volver a leer a los clásicos





La verdad es que no soy de los que necesitan muchos pretextos para volver a la lecturas de los clásicos. Ni tan siquiera cuando ese pretexto me lo ofrece la lectura del artículo de Félix de Azúa de hace unas semanas en El País titulado "La madre de la literatura".

La literatura europea moderna, dice en él, nace a finales del Renacimiento  gracias al impulso decisivo que provocan las diversas traducciones de la Biblia a las lenguas vernáculas. En España, salvo los intentos fallidos que cita en su artículo, contemporáneos a la obra cervantina, nunca llegó a existir un texto bíblico traducido que sirviera como modelo literario del español de la época. Por eso, es el "Don Quijote de La Mancha" de Cervantes, añade, quien va a cumplir en nuestro país con esas condiciones de fundación literaria de las lenguas vernáculas europeas, en este caso de la española, convirtiéndolo en una Biblia descreida e irónica; en una Biblia para un país sin Biblia.

El poeta irlandés W.B. Yeats, en el prólogo de su "El crepúsculo celta" (Alfaguara, Madrid, 1986) dice que el Arte es hijo de la Esperanza y la Memoria. Y esperanza y memoria es, precisamente, lo que nos depara la lectura de los textos clásicos. Por eso vuelvo a ellos con frecuencia, aun saltando de uno a otro con aparente incongruencial, tal y como Michel de Montaigne confesaba en sus "Ensayos" (Cátedra, Madrid, 1992) sobre lo desordenado de sus lecturas, también, y casi siempre, de los clásicos griegos y latinos que, él sí, dominaba a la perfección.

Nada humano les fue ajeno, se dice de ellos: Homero, Esquilo, Sófocles, Eurípides, Dante, Shakespeare, Cervantes... Los libros crecen con su lectura, puede leerse en el prólogo que Mario Vargas Llosa escribió para la edición conmemorativa del IV Centenario del "Don Quijote de La Mancha" (Alfaguara, Madrid, 2004) promovida por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española. Y la razón, dice, es que, como ocurre con otras obras maestras paradigmáticas como "Hamlet", "La Divina Comedia", la "Ilíada" o la "Odisea", evolucionan con el paso del tiempo y se recrean a sí mismas en función de las estéticas y los valores que cada cultura privilegia. Que viene a ser lo mismo que he expresado otras veces en el blog: que todo lo escrito en literatura desde hace dos mil años es una mera paráfrasis de lo que escribieron en Atenas entre los siglos V y IV antes de Cristo. Quizá exagero un poco, pero pienso que no ando muy descaminado en mi apreciación.

Quizá por eso, con el mismo desorden, pero también con el mismo interés y cariño que les profesaba Montaigne he vuelto en estos últimos días a la lectura simultánea de los trágicos griegos: las "Obras completas" de Esquilo, Sófocles y Eurípides (Cátedra, Madrid, 2004); la "Ilíada" de Homero (Círculo de Lectores, Barcelona, 1995); las ediciones citadas más arriba de Cervantes y Yeats; y el impresionante ensayo de Martha C. Nussbaum, premio Príncipe de Asturias de Humanidades, titulado "La fragilidad del bien. Fortuna y ética en la tragedia y la filosofía griega" (Antonio Machada, Madrid, 2004).

Si Cervantes fue capaz de escribir simultáneamente obras tan distintas y diferentes como la segunda parte de su "Don Quijote de La Mancha" y "Los trabajos de Persiles y Sigismunda", publicada después de su muerte, no parece tarea complicada simultanear lecturas tan afines, por su clasicismo, como las citadas.

Espero que disfruten del artículo de Azúa. Se lo recomiendo encarecidamente. Y sean felices, por favor. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν". Tamaragua, amigos. HArendt




Entrada núm. 1889
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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)
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"Todas las penas pueden soportarse si las ponemos en una historia o contamos una historia sobre ellas" (Isak Dinesen)

domingo, 23 de junio de 2013

Gran Canaria en la Historia: El Real de Las Palmas cumple 535 años





La plaza de Santa Ana, corazón del Real de Las Palmas



Mañana, 24 de junio, El Real de Las Palmas, la actual ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, cumple 535 años. Cierto, todos cumplimos años, también las ciudades, y quizá no sea para tanto, pero no es muy habitual que una ciudad sepa la fecha exacta de su fundación, de su nacimiento y mucho menos de las circunstancias y hechos que dieron lugar a ello; no, al menos, en esta vieja tierra que es España. Pero no es el caso de Las Palmas. Se sabe la fecha exacta de su fundación, los motivos que la provocaron y de las vicisitudes que tuvo que afrontar en sus primeros momentos de existencia... Ensayo general de lo que solo catorce años más tarde sería la gesta del descubrimiento y colonización del continente americano.

Este es el relato que de su fundación hizo el historiador y prócer canario, paradigma de la Ilustración en las islas, Josep de Viera y Clavijo (1731-1813) en su libro "Noticias de la historia de Canarias". (Tomo I. Cupsa Editorial, Madrid, 1978) en edición de Alejandro Cioranescu.

"Libradas las referidas órdenes, se hicieron a la vela desde el Puerto de Santa María, a 28 de mayo de 1478, tres navíos bien pertrechados de municiones de guerra y boca, y surgieron en el de las Isletas de Canaria, a 24 de junio por la mañana. Aunque esta navegación fue de un mes, asegura Abreu Galindo que se hizo con próspero viento. Y habiendo desembarcado la tropa en aquel arenal, sin que hubiese quien la inquietase, fue la primera obra en la que se ocupó la de cortar algunos ramos de palma, con los cuales se formó una gran tienda, a cuya sombra erigieron un altar. Como era día de San Juan Bautista, celebró la misa el dean Bermúdez; y todos los soldados la oyeron devotamente, pidiendo a Dios con las armas en la mano les favoreciese en el exterminio de aquella pobre nación que iban a invadir. Después hizo marchar su gente el general Rejón hacia el territorio de Gando, con la mira de reedificar la torre que habían construido los Herrera y fortificarse en sus contornos; más habiendo llegado al barranco o rio de Guiniguada, donde está la ciudad de Las Palmas, se presentó repentinamente al ejército una mujer anciana, vestida al uso del país, la que en buen castellano dijo a los nuestros que adónde iban; que el territorio de Gando quedaba todavía lejos y el camino era fragoso; que hallándose con avisos del desembarco, el guanarteme de Telde andaba acaudillando sus súbditos, y que aquel sitio de Guiniguada era un lugar más fuerte, inmediato al mar, bien provisto de agua y de leña, cubierto de palmas, álamos, dragos e higuerales y el más propio para trazar un campo, desde donde se podría recorrer toda la isla.

Como estas advertencias eran tales, que el general español no debía haber esperado a que una mujer canaria se las hiciese, al instante la tomaron por guía y fijaron el campo en el paraje que ella les señalaba. Pero apenas habían hecho alto las tropas y empezaban a levantar sus tiendas, se desapareció la canaria incognita con admiración universal, Juan Rejón, que sin ser escrupuloso era devoto de Santa Ana, se persuadió o quiso persuadir a los otros que la madre de María Santísima, bajo la figura de aquella buena mujer, había descendido del cielo a dirigirle en el primer paso de su campaña; por tanto, dio orden para que se edificase allí una iglesia con la advocación de Santa Ana, cuyo patronato se ha conservado siempre.

La noticia de esta piadosa creencia (que también pudo ser estratagema política de Rejón para animar sus tropas) es de fray Juan Abreu Galindo; pero los demás escritores o la omiten o la reducen a circunstancias más regulares. Estos sólo dicen que habiendo sorprendido las espías españolas a cierto isleño anciano que pescaba en la ribera del mar, les dio aquel saludable consejo, sin añadir que el anciano se desapareciese ni que le tuviesen por ningún santo los cristianos que le cogieron.

Como quiera que fuese, no hay duda que se formó el campo español en las márgenes del Guniguada; a una legua corta del puerto; que lo fortificaron con una gran muralla de piedra y troncos de palma; que se construyó un torreón y un largo almacén para las provisiones; que se intituló, desde luego, el "Real de Las Palmas", a causa de la gran copia que había de ellas, todas frondosas y eminentes, y que se edificó la pequeña iglesia de Santa Ana, ermita ahora de San Antonio Abad".

Eso ocurría, tal día como el de mañana de hace 535 años. Nacía El Real de Las Palmas, la actual ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Sede primada de la Iglesia de África, primera ciudad fundada por españoles fuera de Europa.




La Casa de Colón (Vegueta, Las Palmas)



Nuestra ciudad, con 535 años de historia, fue en sus inicios más campamento militar que urbe. El Real de Las Palmas, levantado en la margen derecha del barranco Guiniguada, fue el primer centro urbano ultramarino de Europa y sirvió como ejemplo para crear centenares de ciudades en América, desde la Patagonia a Estados Unidos.




Palacio Episcopal (Vegueta, Las Palmas)



En poco tiempo, el Real de Las Palmas pasó de bastión militar -desde el que se inició la conquista de Gran Canaria- a floreciente villa. Donde hoy se ubica la Ermita de San Antonio Abad y la Casa de Colón, hincaron los castellanos sus pendones.




Lady Harimaguada (Vegueta, Las Palmas)



Finalizada la conquista de la Isla cinco años después, se dio inicio a la colonización con el reparto de tierras y la introducción de la caña y la fabricación de azúcar destinada a los mercados europeos. Es este cultivo el que determina el primer impulso económico, demográfico y urbanístico importante de Las Palmas de Gran Canaria. Permite el ‘salto’ al otro lado del Guiniguada y da lugar a la formación de Triana. Un barrio, desde sus comienzos, comercial y marinero, pues también aquí -en el actual parque de San Telmo- se ubica el primer puerto.




El Gabinete Literario (Triana, Las Palmas)



Durante siglos, la capital grancanaria se limitó a La Vegueta y Triana, debido a las murallas que sirvieron para su defensa ante la multitud de ataques piráticos que padeció en los siglos XVI y XVII. Así, mientras en octubre de 1595 las milicias de canarios rechazaron la embestida de 27 navíos capitaneados por los británicos John Hawkins y Francis Drake; en junio de 1599, los holandeses, al mando de Van der Does, protagonizaron uno de los episodios más trágicos de nuestra historia, con el saqueo y el incendio de las edificaciones más representativas.




Parque de San Telmo (Triana, Las Palmas)



La industria de la cochinilla y la construcción del nuevo puerto en el XIX sacan a la ciudad del largo letargo de los siglos anteriores, sólo amortiguado por las innovaciones de la Ilustración. A mediados de centuria la ciudad comienza a extenderse hacia la bahía de La Isleta, hacia el actual Puerto de La Luz, cuya construcción en 1883 propició la modernización de la ciudad. Sin el Puerto, Las Palmas de Gran Canaria sería otra.




Auditorio Alfredo Kraus (Las Canteras, Las Palmas)



Por el mar llegaron los viajeros y los pobladores que han ido conformando la imagen abierta y amable de los palmenses. Castellanos, flamencos, genoveses y portugueses buscaron aquí tierras libres para asentarse; hicieron parada de camino a América o emplearon la ciudad como plataforma tricontinental. Las Palmas de Gran Canaria es un crisol de razas y culturas, una sociedad cosmopolita.




Playa de Las Canteras (Las Palmas)




En este vídeo que acompaña la entrada, los dos más importantes y famosos grupos musicales de Canarias, Los Gofiones y Los Sabandeños, cantan conjuntamente a Gran Canaria. Disfrútenlo. Y sean felices, por favor, a pesar de todo y de todos. ¡Y feliz cumpleaños, Las Palmas! Tamaragua, amigos. HArendt





Entrada núm. 1888
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jueves, 20 de junio de 2013

Evasión sin vacaciones: Del blog de Ruth Campos "Pensando en la estación"










Se acerca el verano y algunos planean alejarse de sus hogares, recorrer kilómetros y buscar la felicidad en la evasión de lo cotidiano. Otros nos quedaremos en casa y buscaremos nuestras propias desconexiones a la vuelta de la esquina. Lo bueno de vivir en un sitio turístico es que se te hace más fácil... (Sique aquí). 






Entrada núm. 1887
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miércoles, 19 de junio de 2013

Shirin Ebadi: Mujeres de Irán




Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz 2003



Rohaní [el nuevo presidente iraní] no es, según la prensa internacional, un reformista, pero sí un hombre moderado, capaz de conciliar a un país dividido. Quién así se expresa en "El País" no es uno de sus columnistas especializados en política internacional, sino la escritora Elvira Lindo, nada dada a entrometere en esos vericuetos, en un artículo lleno de sentimiento titulado "Factor humano", supongo que en referencia implícita a la famosa novela de intriga del mismo título escrita por Graham Green, y no sé si también a las nuevas filtraciones que están poniendo en aprietos al presidente Obama.

Elvira Lindo hace hincapié en su artículo a la relación que mantiene a través de internet con diversas personas que viven en Irán, especialmente con algunas mujeres, de las que no da pista alguna para garantizar su seguridad, que se muestran esperanzadas con la elección del nuevo presidente iraní. 

La cuestión es que, nada más leerlo esta mañana, me vino al recuerdo la entrada que escribí el 18 de diciembre de 2011 sobre la iraní, Shirin Ebadi, que fue Premio Nobel de la Paz del año 2003. Una prestigiosa juez y abogada en su país que tuvo que marchar al exilio en 2008. La he recuperado para el blog y reescrito para la ocasión.


Contaba en ella que el mundo de la diplomacia se desenvuelve  mediante  expresiones sobreentendidas que dicen lo que no dicen y que solo entienden los iniciados. Por ejemplo, cuando un diplomático dice "sí", en realidad está diciendo "quizá"; cuando dice "quizá", está diciendo "no"; y nunca dirá "no", porque eso no sería diplomático... Quizá sea esa la razón de que si le preguntáramos a un diplomático de la Unión Europea o los Estados Unidos de América cuales son las "bêtes noires" (otro término diplomático) de las cancillerías occidentales se nos fueran por la tangente, pero creo que no tendrían duda alguna en incluir entre ellas al actual régimen iraní.

No suelo caer en el maniqueo equiparamiento de régimen o gobierno, y pueblo o Estado. Por poner otro ejemplo, soy un decidido admirador y defensor del pueblo y del Estado de Israel, y con igual convicción condeno muchas de las actitudes y comportamientos de sus gobiernos actuales y pasados. Por la misma razón, siento una profunda simpatía por el pueblo iraní y su milenaria historia, y una igual de profunda animadversión por su régimen actual, heredero directo de la teocracia impuesta por el ayatolá Ruhollah Jomeini en 1979.

Mi admiración y afecto por el pueblo iraní viene de antiguo, como mínimo, de hace cincuenta años. Ya lo he contado en el blog anteriormente en la entrada Irán y USA, del 23 de mayo de 2008, en la que relataba mis asiduas visitas, con catorce o quince años, a la Embajada Imperial del Irán en Madrid, en el barrio de El Viso, muy próxima al domicilio de mis padres, y el trato siempre cordial que me dispensaban en ella, trato que ponía en relación con mi admiración simultánea en el tiempo por el pueblo norteamericano, nacida de algo tan inusual en un españolito de principios de los 60 como mi afición por el béisbol. 

Lo recordé entonces leyendo un interesante artículo de la profesora María Jesús Merinero, catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura, titulado "Añicos de Irán", publicado en el número de octubre de 2010 de Revista de Libros. Un artículo en el que se hace una severa crítica del reciente libro de los periodistas franceses Serge Michel y Paolo Woods "Puedes pisar mis ojos. Un retrato del Irán actual" (Alianza, Madrid, 2011), que la profesora Merinero tacha de sensacionalista, falto de rigor y plagado de prejuicios, estereotipos, ignorancia e intereses geoestratégicos, que ensombrecen, dice, los múltiples cambios que se han producido en la sociedad iraní, y que la hacen emerger como una sociedad afable, posmoderna, e inmersa en el éxtasis de la comunicación; en definitiva, confundiendo y mezclando, intencionadamente, pueblo iraní con régimen iraní. Régimen que los propios iraníes, añade, definen lisa y llanamente como dictatorial, más que como teocrático e infalible, despojándole así de la supuesta sacralización que los ultraconservadores del régimen quieren atribuirle para defender sus prácticas. 

En apoyo de esta tesis sobre la realidad del pueblo y la sociedad iraní actuales, que lucha por imponerse al régimen político que los sojuzga, viene a sumarse la actividad incansable de la abogada y activista proderechos humanos iraní Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz en 2003, primera ciudadana iraní y primera mujer musulmana en recibir este premio, en exilio forzado desde 2008, 

Nacida en Hamadán (Irán) en 1947, con solo 23 años fue una de las primeras mujeres juez de su país, y a los 28 la primera presidenta de un tribunal iraní, Fue arrestada por primera vez en el año 2000 por defender a familiares de escritores e intelectuales asesinados en su despacho de abogado, que abrió tras ser expulsada de la carrera judicial. Tres años después le concedieron el Nobel de la Paz, que recogió en Estocolmo con la cabeza descubierta, lo que provocó nuevas críticas de los dirigentes iraníes. Hace tres años, el Gobierno iraní cerró el Centro de Defensores de Derechos Humanos que había creado en Teherán y comenzó un acoso implacable a su familia, además de amenazas de muerte que le impiden regresar a su país y le obligan a un exilio nómada, de país en país. 

El País Semanal de aquel domingo de finales de otoño de 2011 publicaba  una extensa entrevista con ella del periodista Javier Ayuso:"No basta con derrocar al tirano, hay que constuir la democracia", que casualmente le realizaba en Madrid el mismo día en que Gadafi era linchado en Libia por los opositores de su régimen, en la que se pronunciaba decididamente por una separación estricta entre religión y política, y aunque aprovechaba la oportunidad para defender al Islam  como religión, criticaba el uso político que hacen los dictadores islamistas de la misma. Para Ebadi, la religión es importante -dice-, pero los gobiernos antidemocráticos, como el iraní, justifican sus actos con la religión, pero eso no es verdad; lo que hacen no está de acuerdo con el islam, concluye con rotundidad.

A la pregunta de si había cambiado algo en Irán en los últimos años respondía que la situación era entonces peor que hacía un año; mucho peor que hacía ocho años, cuando recibió el Nobel, y claramente peor que cuando se le impidió volver a Teherán en 2009. Las cárceles están llenas, añadía, y las cosas van a peor, aunque cada vez haya más personas en contra del gobierno, Al final de la entrevista decía sentirse apoyada en su lucha por el pueblo iraní, un pueblo que quiere la democracia y los derechos humanos.

Me gustaría, como a Elvira Lindo, que las aspiraciones de un nuevo Irán por parte de esas mujeres y hombres que sufren la opresión de un régimen como el actual se vieran cumplidas, pero como decía al comienzo de esta entrada, me temo que ese "quizá" diplomático que le otorgamos a la elección de Rohaní se quede en eso, en un "quizá" que traducido al lenguaje de la calle, equivalga al "no" de siempre. Espero, por el bien de los iraníes, equivocarme.

Los vídeos que acompañan la entrada son sendos reportajes sobre la concesión del Premio Nobel a Shirin Ebadi, y la historia de la revolución iraní Revolución iraní entre 1978 y 2009, éste último en inglés. 

Espero que les resulten interesantes los enlaces que he puesto en la entrada. Y sean felices, por favos, a pesar de todo. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν". Tamaragua, amigos. HArendt





La escritora Elvira Lindo







Entrada núm. 1886
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sábado, 15 de junio de 2013

Tony Judt: Historia e historiadores





Reedito con sentimientos encontrados mi entrada del 25 de agosto de 2011 dedicada a la memoria del historiador británico Tony Judt. Y lo hago a partir del impacto emocional que me ha provocado la lectura de un nuevo artículo sobre él, su personalidad y su vida más que agitada de temible polemista, que recoge en ajustada síntesis una interpretación de su ingente obra como historiador. La escribe en el número de junio-julio de "Revista de Libros" el escritor y periodista, también británico, Geoffrey Wheatcroft bajo el título de "El profesor Judt hace trasbordo". Lo pueden leer aquí, y fue publicado originalmente en "The Times Literary Supplement". Se lo recomiendo encarecidamente.

De su libro "Pensar el siglo XX" (Taurus, Madrid, 2012) que tengo pendiente de lectura, destaca Wheatcroft el lamento de Judt sobre la tendencia imparable de las democracias de masas actuales a producir políticos mediocres... No creo que haga falta citar ejemplo alguno: solo con girar la cabeza a izquierda o derecha nos los encontramos. De la izquierdista "New Left Review", que lo detestaba como historiador, comenta el articulista, que lo hacía al considerarle un anticomunista de izquierdas (postura que comparto) o lo que era peor aún, un socialdemócrata antiestalinista. Por último, en referencia a una de sus últimas obras publicadas: "¿Una gran ilusión? Un ensayo sobre Europa" (Taurus, Madrid, 2013) nos dice que Tony Judt se mostraba en él inquietantemente profético, y que leerlo ahora, a la luz de la actual crisis que atenaza a la Unión Europea, resulta escalofriante.

Hasta que leí sobre él en "Revista de Libros" nunca había oído hablar de Tony Judt, fallecido en 2010 a causa de una esclerosis lateral amiotrófica (ELA), más conocida como enfermedad de "Lou Gehrig", por haberla padecido el famoso jugador de beísbol de ese nombre. La información que sobre Tony Judt da la Wikipedia en español no le hace justicia, así que en este enlace pueden acceder a la versión inglesa, mucho más extensa y pormenorizada, y en todo caso echarle una ojeada  al vídeo que acompaña esta entrada, realizado en el marco del homenaje que la Fundación Mapfre tributó a la memoria y la obra del historiador británico escasos meses después de su muerte.

De padre belga, emigrado a Gran Bretaña antes del estallido de la guerra mundial, y madre inglesa, ambos descendientes de judíos de Europa oriental, Tony Judt nació en Londres en 1948 y murió en Nueva York, la ciudad en la que residía, el 6 de agosto de 2010. Realizó sus estudios en el King's College de Cambridge y en la École Normale Supérieure de París. Impartió clases en las universidades de Cambridge, Oxford, Berkeley (San Francisco) y Nueva York, ocupando en esta última la cátedra de Estudios Europeos, que él mismo fundó en 1995, y en la que también ocupó la dirección del Remarque Institute. Es autor de numerosos libros, entre ellos "Postguerra. Una historia de Europa desde 1945"  (Taurus, Madrid, 2006). Considerado uno de los diez mejores libros de 2005, se trata de un voluminoso texto de más de mil doscientas páginas, que estoy leyendo ahora mismo con entusiasmo creciente, que en 2007 recibió el Premio Hannah Arendt, otorgado por la ciudad-estado alemana de Bremen y la Fundación Heinrich Boell, y en 2009 el Orwell Prize, el más prestigioso de Gran Bretaña a un libro político. 

Mi relación sentimental con Tony Judt, fue propiciada por la lectura mensual de Revista de Libros. El primer artículo que leí sobre él en dicha publicación (núm. 130, octubre de 2007) fue el titulado "Europa y el mundo. Tres siglos de historia", del profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, Manuel Pérez Ledesma, en el que comentaba el ya mencionado más arriba libro suyo "Postguerra. Una historia de Europa desde 1945", considerado por muchos historiadores el mejor de los que se han escrito sobre dicho período.

Para Judt, dice el profesor Pérez Ledesma, la historia reciente de Europa es en primer lugar la historia de una pérdida: de la pérdida del poder, de la importancia internacional y, en algunos casos, de la condición imperial de los Estados del continente. Algo que se reflejó de forma dramática, ya en los momentos iniciales del relato, en la incapacidad europea para enfrentarse a las amenazas que habían surgido en su interior: en 1945, la mayor parte de Europa «no había sido capaz de liberarse del fascismo por sus propios medios, ni tampoco podía mantener a raya al comunismo sin ayuda»; sólo tras varias décadas y numerosos esfuerzos pudieron los europeos recuperar el control de sus destinos. Pero ésa no es la única pérdida: lo que Judt quiere contar en un segundo nivel -añade el profesor Ledesma- es la historia del declive de las grandes teorías decimonónicas sobre el progreso y el cambio, la revolución y la transformación social, que habían hecho suyas los partidos y los movimientos políticos de preguerra. En especial, dice, son el decaimiento del fervor político en la mitad occidental del continente y el descrédito del dogma marxista en su mitad oriental los asuntos que más le im­portan a Judt.

Tiempo después, de nuevo en Revista de Libros (núm. 145, enero de 2009) vuelvo a encontrar un artículo de Michael Seidman, catedrático de Historia en la Universidad de North Carolina, titulado "La voluntad de ignorar", comentando otro afamado libro de Judt, en esta ocasión el titulado "Pasado imperfecto. Los intelectuales franceses, 1944-1956" (Taurus, Madrid, 2008).

Dice Seidman del libro que es una historia intelectual extremadamente bien escrita de ciertos intelectuales franceses durante los comienzos de la Guerra Fría y de sus actitudes hacia el comunismo. Entre los más  destacados –principalmente Jean-Paul Sartre, Emmanuel Mounier y Maurice Merleau-Ponty– a los que somete a una crítica despiadada y, en ocasiones, divertida, defendiendo convincentemente que las posiciones y actitudes de estos intelectuales estuvieron determinadas en gran medida no por las duras realidades del comunismo en Europa oriental, sino por sus propias preocupaciones francesas bastante provincianas, destacando que fue la manifiesta falta de valor de tantos escritores –Judt menciona a Paul Eluard, Elsa Triolet, Louis Aragon, Emmanuel Mounier y, por supuesto, a Simone de Beauvoir y al propio Sartre– durante la ocupación alemana, lo que hizo que la sociedad francesa se resolviera a castigar a quienes de entre ellos presentaban un historial inequívoco de colaboración. 

Sobre los intelectuales franceses y el comunismo escribió también Judt en su último libro, "El refugio de la memoria" (Taurus, Madrid, 2011), cuya lectura concluí hace unos días, y sobre el que volveré más adelante, pero que me ha traído recuerdos imborrables sobre sendos libros, magníficos, de dos prestigiosos historiadores franceses. Me refiero a "El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX" (FCE, Madrid, 1995), de François Furet, y "Las voces de la libertad. Intelectuales y compromiso en la Francia del siglo XIX" (Edhasa, Barcelona, 2004), de Michel Winock. Se los recomiendo encarecidamente.

Hasta el número de marzo de este año de Revista de Libros (el núm. 171) no volví a leer nada sobre Tony Judt. En esta ocasión se trataba de un artículo del catedrático de Historia de las Ideas y de los Movimientos Sociales de la Universidad Complutense de Madrid, el profesor José Álvarez Junco, titulado "Elegía por la socialdemocracia". Por él me enteraba también de la muerte del historiador británico en agosto del pasado año. En dicho artículo el profesor Álvarez Junco hacía la crítica de uno de los últimos libros de Judt: "Algo va mal" (Taurus, Madrid, 2010), del que ya escribí en mi blog "Desde el trópico de Cáncer" en la  entrada del 19 de mayo pasado titulada "¡Democracia real, ya!. Complicado pero no imposible", a la que remito, y en la que yo contraponía la lectura del "Algo va mal" de Judt, a la del panfletario "Indignaos" (Debate, Barcelona, 2011) de Stéphane Hessel.

Un texto, el de "Algo va mal", en palabras del profesor Álvarez Junco,  en el que el historiador britànico reflexiona sobre la socialdemocracia, su apogeo en el Occidente de 1945-1980 y su sustitución posterior por el conservadurismo neoliberal. En él toma partido -dice- a favor de aquella fórmula política y económica que dominaba en la Europa en que vivió de joven y a la que llama «el mundo que hemos perdido». No debemos idealizarla, añade, pero tampoco olvidarla, porque, sin ser perfecta, ha sido la mejor de las situaciones que ha vivido la humanidad a lo largo de su historia. Lo leí con verdadero entusiasmo en plena vorágine de las manifestaciones que dieron lugar a eso que hemos llamado "spanish revolution" o movimiento 15-M, del que también traté en mi anterior entrada del blog.

A principios del pasado julio me llega a casa el último ejemplar de Revista de Libros, un número doble (el núm. 175-176, julio-agosto de 2011), y me encuentro en él con otro artículo sobre el ya citado libro de Tony Judt, "El refugio de la memoria", obra póstuma, pues terminó de dictarlo con enormes dificultades derivadas de su penosa enfermedad dos meses antes de su fallecimiento.

El artículo lleva el título de "Visita guiada a las ruinas", y está escrito por el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, Enric Ucelay-Da Cal. Les confieso un cierto y desasosegante sentimiento de estupor cuando terminé de leerlo. ¿Cómo era posible una crítica tan implícitamente  malévola hacia la última obra de un colega tan prestigioso como el profesor Judt? Estoy acostumbrado a leer en Revista de Libros críticas muy duras, y con toda seguridad,  justificadas, sobre publicaciones de todo tipo que sin embargo gozan de gran popularidad y se venden como rosquillas. Me vienen a la mente las realizadas a bastantes títulos que he leído y que por pudor no voy a citar, pero me extrañó el tono de la crítica; casi más el tono que el contenido de la crítica en sí.

Nada más terminar de leer "El refugio de la memoria" volví a releer el artículo del profesor Ucelay-Da y  me parece de justicia confesar mi apresurado error de apreciación sobre el mismo, motivado con seguridad, por un párrafo inicial en el que afirma que dada la avalancha de prosa autocontemplativa que desborda tanto a productores industriales como consumidores (288.355 libros editados en Estados Unidos en 2009;  86.300 publicados en 2008 en España) por qué tendrían que atraerle las reflexiones de Tony Judt en su lecho de muerte. Pasé por alto la propia reflexión del comentarista que confiesa no haber entendido su propia reacción ante la lectura del libro de Judt. ¿Seré un envidioso, llenó de morboso placer producido por el dolor ajeno -se pregunta- al querer añadir la reducción del significado del "Chalet" (nombre que desde el inicio de su libro da Tony Judt al rincón de su memoria donde va guardando cada noche de insomnio forzoso sus recuerdos) a poco más que el garaje donde aparcaron a un moribundo? ¿Será que tengo poca sensibilidad retentiva para las historias e historietas de las gentes de mi tiempo específico? ¿O será que estoy harto de confesiones de todo tipo y signo y, como viejo y blando superviviente de la segunda mitad del siglo xx, tengo escasa paciencia para escuchar la misma tecla tocada más de una vez? ¿O será, muy sencillamente, que no me complace un mundo en el cual todos creen tener algo emotivo que comunicar a millones de personas en las redes sociales? Y todo eso para, al final, reconocer que también es verdad que a él le hubiera gustado ser capaz, al menos una vez, de conmover a un lector tan antipático como él mismo tal y como lo hizo Judt en su día.

A mí, la lectura de "El refugio de la memoria"  sí me ha conmovido profundamente. Y no solo por las circunstancias en que fue escrito, que el autor recrea en el capítulo primero, cuando habla de su enfermedad y de los recursos mentales a los que tenía que recurrir en las noches de inmovilidad e insomnio forzoso para recrear las diversas instancias de su memoria y ordenarlas en ella para que al día siguiente, "álguien", otra persona, pudiera trasladarlas al papel. El libro está plagado de anécdotas, anécdotas que le sirven para reconstruir su vida ante nosotros, a modo de estancias o compartimentos estancos, no siempre en un orden cronológico, pero al final, siempre bien interrelacionados.

Delicioso el capítulo que dedica, lleno de admiración, hacia su severo profesor de alemán en el Emanuel School de Battersen, Londres. Divertido y entrañable aquel en que relata su experiencia como estudiante de la Universidad de Cambridge y sobre la venerable y entrañable institución de las "bedders", las mujeres empleadas por la universidad para atender las "necesidades" materiales de los estudiantes de la misma. Dolorido, el que recuerda su estancia, en 1966 y 1967, en el kibutz de Machanayim, en la Alta Galilea israelí y su siempre difícil relación posterior, como judío, con el Estado de Israel. Sarcástico, pero reconocido, el que dedica a los intelectuales franceses de su época de estudio en la École Normale Supérieure, de París, una de las instituciones académicas más prestigiosas de Francia, de la que Raymond Aron, que fue alumno de ella, dijo en sus "Mémoires", que nunca se había encontrado con tantos hombres inteligentes en un espacio tan pequeño. Irónico, el que dedica al parisino Mayo del 68, que vivió en directo como estudiante. Duro y sin contemplaciones, aquel en que enjuicia el poco valor que hoy se da a la corrección en el hablar y el escribir: La prosa de muy mala calidad, dice, es hoy indicativa de inseguridad intelectual; hablamos y escribimos mal -concluye- porque no nos sentimos seguros de lo que pensamos y nos resistimos a afirmarlo de un modo inequívoco.

En otro capítulo relata su aventura universitaria norteamericana y muestra su admiración sin reserva por las instituciones docentes de dicho país, y sobre todo, por sus impresionantemente bien dotadas bibliotecas. Y comparto su juicio sobre la función de las universidades: dice de ellas que son instituciones elitistas, o que deberían serlo por principio, pues les concierne seleccionar a la promoción más capaz de una generación y educarla en esa capacidad forzando una renovación de la élite y rehaciéndola consecuentemente, para añadir que igualdad de oportunidades e igualdad de resultados no son la misma cosa. Verdad evidente que solemos pasar por alto con frecuencia. Admirativo y entrañable es su juicio sobre la ciudad de Nueva York, que le acogió hasta su muerte, a la que califica como "ciudad del mundo".

En su crítica al comunismo se muestra contundente: como mejor se mide -dice- el grado de esclavitud en que una ideología mantiene a un pueblo es en la colectiva incapacidad de este para imaginar alternativas. Feroz es su juicio sobre los dirigentes europeos del momento actual, de los que comenta que escurren el bulto recurriendo a la austeridad presupuestaria para apaciguar a los mercados. 

Sobre el odio, temor, rechazo al extraño, al extranjero, cada vez más acentuado en las privilegiadas sociedades occidentales dice lo siguiente: Ser danés o italiano, norteamerica o europeo, no será solo una identidad; supondrá un rechazo y una reprobación de aquellos a los que esta excluya. El Estado, afirma, lejos de desaparecer, podría estar a punto de lograr su plena realización: los privilegios de la ciudadanía, las protecciones de los derechos de los poseedores de tarjetas de residencia, serán esgrimidos como triunfos políticos. Habrá intolerantes demagogos en democracias establecidas que pedirán tests -de conocimientos, de lengua, de actitud- para determinar si los desesperados recién llegados merecen ostentar la "identidad" de británicos o de holandeses o de franceses. Ya lo están haciendo, añade, En este este "espléndido siglo nuevo" ("brave new century": juego de palabras con el título de la famosa novela de Aldous Huxley "Un mundo feljz", en ingles titulada "Brave New World") echaremos de menos a los tolerantes, a los de los márgenes: a la gente fronteriza: Mi gente, concluye. ¿Les suena? Es una letra que está en casi todas las partituras de los partidos nacionalistas y en las de bastantes dirigentes y responsables del partido popular español y de la derecha europea.

He dejado para el final el alegato que formula en las últimas páginas del libro a su condición de judío, que vuelvo a compartir como tantas otras cuestiones de las que plantea en sus "memorias". Yo no lo soy, evidentemente; ni siquiera me considero un hombre religioso, pero me siento orgulloso de mi doble condición de descendiente de conversos. Dice Judt: El judaísmo es para mí la sensibilidad de un autocuestionamiento colectivo y un incómodo decir la verdad; la capacidad, propia del que va contracorriente, de ser problemático y de disentir, por la que en otro tiempo fuimos conocidos. No basta, añade, con situarse en una posición tangencial frente a las convenciones de otros pueblos; deberíamos ser además los críticos más implacables de nosotros mismos. Siento que tengo una deuda de responsabilidad con ese pasado, dice, y es  por eso por lo que soy judío.

Pero hay más cosas, muchas más cosas que solo podrán descubrir si se animan a leerlo. Yo lo he hecho, y lo he disfrutado. Es mi pequeñísimo homenaje a un gran historiador, un hombre de izquierdas, progresista y socialdemócrata, como él mismo se definió, al que no le dolieron prendas en reconocer los tremendo errores que han llevado al pensamiento de izquierdas a la crisis que está atravesando ahora. Espero que disfruten de los enlaces que he puesto en la entrada sobre los libros y artículos citados en la misma. O en la etiqueta del blog a él referida. Y sean felices, por favos, a pesar de todo. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν". Tamaragua, amigos. HArendt











Entrada núm. 1885
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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)
"La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)
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