sábado, 23 de junio de 2012

Las Palmas de Gran Canaria, de cumpleaños





En esta plaza nació Las Palmas



La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria cumple mañana, 24 de junio, 534 años. No son muchos para una ciudad, pero no todas las ciudades del mundo pueden presumir de saber cuando es su cumpleaños. Para no repetirme, y si tienen interés o curiosidad por conocer las vicisitudes de su fundación y su historia, les invito a poner en el  buscador del blog "Las Palmas", "Las Palmas de Gran Canaria" o "El Real de Las Palmas", que son los tres nombres que la ciudad ha ostentado a lo largo de su dilatado periplo histórico.


Les animo a conocerla. Estoy seguro de que les encantará. Pueden comenzar a hacerlo con los dos vídeos que acompañan la entrada, correspondientes a la serie "Ciudades para el siglo XXI" de RTVE, que ya he puesto anteriormente en el blog pero que repongo con placer.


¡Felicidades, Las Palmas, y hasta el próximo cumpleaños!


Y sean felices, por favor, a pesar del gobierno. Tamaragua, amigos. HArendt




Lady Harimaguada, de Martín Chirino
Símbolo de Las Palmas del Siglo XXI





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Entrada núm. 1668
"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)
"La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad.
Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)

Las Palmas de Gran Canaria: 534 años de historia (I)

Las Palmas de Gran Canaria: 534 años de historia (II)

jueves, 21 de junio de 2012

Verano del 67: Amor, guerra y lecturas





La escritoria israelí Yael Dayán



Los creyentes denominan "divina providencia" a lo que nosotros llamamos, sencillamente, "azar". De todas maneras, creyentes o no creyentes, no hace falta ser un experto en física cuántica para darse cuenta de que el azar rige todas las facetas de la existencia, de la humana y de la del universo en su conjunto. De ahí la frase que sirve de frontispicio a este blog bajo la imagen de la diosa Minerva.

El verano de 1967 ha quedado marcado indeleblemente en mi existencia por tres hechos: una guerra, una boda y un libro. No los cito por orden cronológico sino por lo que significaron en mi vida.

El primero, mi boda, a finales del mes de junio de ese año, con la que aún hoy sigue siendo mi esposa y madre de mis hijas, a los dos meses y veintiún días de conocernos. Ha sido, es y seguirá siendo la mujer de mi vida. Todavía no me he arrepentido...

El segundo, ha pasado a la historia como la "Guerra de los Seis Días". Enfrentó a Israel y una coalición de estados árabes formada por Egipto, Jordania, Iraq y Siria, entre los días 5 y 10 de junio. Seguí sus vicisitudes con especial emoción, en parte por que estaba en edad de ser movilizado militarmente si el enfrentamiento bélico hubiera ido a mayores e implicado a más contendientes, pero sobre todo porque era decidido partidario de uno de los dos bandos contendientes. Sus consecuencias marcaron la región hasta hoy mismo.

El tercero, fue la lectura de una novela, en los últimos días del  verano, de la escritora Yael Dayán. Me impactó profundamente, y me crean o no, y de ahí mi apelación inicial al azar, la reencuentro en un rincón perdido de mi casa a los cuarenta y cinco años de haberla leído, el mismo día en que celebramos mi esposa y yo el cuarenta y cinco aniversario de nuestra boda. Y, encima, está escrita por una israelí.

La novela se titula "La muerte tenía dos hijos" (Plaza y Janés, Barcelona, 1967). Su autora, Yael Dayán (1939), es hija del mítico Jefe del Estado Mayor del ejército israelí, el general Moshé Dayán (1915-1981). Dayán fue el artífice indiscutible de la victoria de las armas de su país en la Guerra de los Seis Días. Posterior ministro de Defensa y de Asuntos Exteriores de Israel, fue, sin embargo, un decidido partidario de la devolución incondicional de los territorios ocupados en esa guerra a Egipto, Jordania y Siria.

La leímos al unísono mi mujer y yo, aún conmocionados por los acontecimientos vividos dos meses antes. Sin duda alguna fue un libro que nos dejó una profunda huella. De él hemos hablado a menudo a lo largo de todos los años transcurridos desde entonces, aunque lo dábamos por perdido para siempre en alguno de los continuos trasvases de libros de la biblioteca familiar entre Maspalomas y Las Palmas.

La novela transcurre en el Israel de mediados de los años 60. Está centrada en las reflexiones, soliloquios y recuerdos del protagonista, Daniel, un joven soldado israelí de origen polaco, evacuado a Israel siendo un niño aún, desde Europa, al finalizar la II Guerra Mundial. Reflexiones, recuerdos y soliloquios, que preceden al reencuentro del mismo con su padre, del que no sabía nada desde que fuera separado de él y de su hermano menor en un campo de concentración nazi, y ahora internado en trance de muerte en un hospital de Israel. Es en esos momentos de reencuentro entre padre e hijo, en el que el protagonista rememora angustiado la horrible herida que le ha atenazado durante todos los años transcurridos desde el momento en que su padre se vio obligado a elegir entre su vida y la de su hermano. 

No me resisto a reproducir los  párrafos finales del primer capítulo, en el que cobra sentido el título de la novela: 


"No lloraste cuando vinieron por tí. Cogiste a los muchachos de la mano, y cuando el más pequeño te preguntó como podría saber su madre dónde estaría, le dijiste que ya se enteraría y que no llorara.

Después llegó aquel día de invierno. Se te apartó de la fila con los dos muchachos y fuisteis llevados a un patio que había detrás de los barracones.

Llevabas de la mano a tu hijo mayor, el cual, a su vez, daba la suya al más pequeño, y tú seguías vistiendo tu mejor traje, como si fueras a dar un paseo por el parque Lazienki. Los oficiales iban armados y te dijeron que te detuvieras. Todos hablabais "yiddish" en casa, deforma que pudiste entender su alemán cuando te dijeron lo encantadores que eran tus hijos. Tú les devolviste su sonrisa -la sonrisa estaba llena de horror- y acariciaste la cabeza de Shmuel, que era el que tenías más cerca.

Te dijeron que eran encantadores y que tú deberías hacer la elección.

¿Entendiste realmente lo que querían decir? Les dijiste que no. Te replicaron que no había tiempo que perder. Debías elegir el que había de ser fusilado y te quedarías con el otro.

Tú no podías creerlo. ¿Cómo es posible creer una cosa así? Sin embargo era un cerebro humano el que había inventado tan sencilla tortura y te habían dado una oportunidad. ¿Que pasó en aquel momento por tu corazón? ¿Qué podías hacer? Te separaste de los muchachos, te cubriste la cara con las manos y te pusiste a gritar. Te dijeron que se llevarían a los dos, a menos que te decidieses, y cuando te volviste a mirarlos -fue cuestión de segundos- ya nunca volviste a ser el mismo hombre. Estabas temblando y eras Abraham, y eras Dios. Podías dar o quitar una vida y te agarraste a Shmuel, que estaba llorando y que no podía mirar a su hermano, que no hizo nada por acercarse a ti, o por hablar, o por comprender, mientras tú te volvías de espaldas.

¿Por qué no me besaste entonces, padre?

¿Creíste que me iban a matar allí inmediatamente? ¿Fue por esto por lo que te apresuraste?

Aquellos hombres, entre charlas y risas, se me llevaron, y me dieron una barrita de chocolate".

Como complemente de la entrada les invito a ver los tres vídeos elaborados por el canal televisivo Historia sobre la "Guerra de los Seis Días" que he incorporado a la misma. Espero que les resulten interesantes.

Y sean felices, por favor, a pesar del gobierno. Tamaragua, amigos. HArendt





Portada de la novela





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Entrada núm. 1665
"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)
"La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad.
Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)

La guerra de los Seis Días (I)

La guerra de los Seis Días (II)

La guerra de los Seis Días (III)

martes, 19 de junio de 2012

Habermas, Krugman y Stiglitz: Críticos con la crisis




Reunión del G-20 (México, junio de 2012)



Lo sé, lo sé, no hace falta que me lo recuerden... Todas las generalizaciones son malas, al igual que los prejuicios, pero como bien dice mi admirada Hannah Arendt en "¿Qué es la política?" (Paidós, Barcelona, 1997), sin prejuicios, "entendidos en el espacio público-político como aquello que sin darnos cuenta compartimos todos y sobre lo que ya no juzgamos, no podríamos pensar ni vivir, porque una vida desprovista de prejucios exigiría una atención sobrehumana, una constante disposición, imposible de conseguir, a dejarse afectar en cada momento por toda la realidad, como si cada día fuera el primero o el del Juicio Final".

Vamos pues con las generalizaciones y los prejucios: 1.º ¿Qué se necesita para ser Premio Nobel?: ¿Prestigio, reconocimiento, competencia acreditada, originalidad, rigor intelectual?... 2.º ¿Qué se necesita para ser un buen economista?: ¿Estudios, preparación, imaginación, rigor profesional?... 3.º ¿Qué se necesita para ser político?: ¿Palabrería, imagen, locuacidad, insensatez, descaro, incompetencia, irresponsabilidad, desvergüenza, caradura?... 4.º ¿Que se necesita para triunfar y medrar en el mundo de las finanzas?: ¿Lo mismo que para ser político, y además, falta de escrúpulos, mendacidad, cinismo,  vocación innata de ladrón y cierta dosis de mafioso potencial?... Sintetizando: en el mundo de la política y el de las finanzas contra más caradura e incompetente seas más posibilidades tienes de alcanzar el éxito; basta con echarle cara al asunto, aprender a alabar a tu jefe sin que se te note en demasía, no llevar nunca la contraria a los de arriba, y si es preciso hacerles chups, chups..., dialéctico, se sobreentiende...



Quizá sea por eso de los prejuicios que el filósofo Jürgen Habermas y los economistas Paul Krugman y Joseph Stiglitz, tengan tan mala fama entre los defensores del pensamiento único neoliberal que nos atenaza. Entre los tres suman dos premios Nobel en Economía y dos Príncipes de Asturias en Ciencias Sociales. No es extraño que la derecha los deteste, pues los tres se han posicionado desde su innegable prestigio académico y profesional contra el pensamiento y las prácticas económicas neoliberales de la Unión Europea y de sus gobiernos nacionales, el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y de la gestión que dichos organismos vienen haciendo de la crisis financiera que asola el euro y las economías europeas.



Joseph Eugene Stiglitz (1943) es un economista y profesor estadounidense, premio Nobel de Economía en 2001, conocido por su visión crítica de la globalización, de los economistas de libre mercado (a quienes llama "fundamentalistas de libre mercado") y de algunas de las instituciones internacionales de crédito como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Se le considera como neokeynesiano,  y es uno de los economistas más leídos y citados del mundo.



Paul Krugman (1953) es otro economista estadounidense también cercano a los planteamientos neokeynesianos.  Profesor en la Universidad de Princeton, galardonado en 2008 con el premio Nobel de Economía, ha estudiado lo mucho que la economía tiene de política o, lo que es lo mismo, los intereses y las fuerzas que se mueven en el trasfondo de la disciplina económica desenmascarado las falacias que se esconden tras ciertos intereses económicos.



Jürgen Habermas (1929) es el filósofo vivo más eminente de Europa, miembro de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt y uno de los exponentes de la Teoría crítica desarrollada en el Instituto de Investigación Social. Sus análisis y reflexiones se han orientado hacia la fundamentación de la ética discursiva, la defensa de la democracia deliberativa y de los principios del Estado de derecho, las bases normativas requeridas para configurar e incluso constitucionalizar una esfera pública mundial y una acendrada defensa del proyecto político que representa la Unión Europea, que a su juicio debe llevar a la constitución de la República Federal Europea.



En su más reciente libro, "La constitución de Europa" (Trotta, Madrid, 2012), Jürgen Habermas realiza un lúcido análisis de las causas de la crisis que atraviesa Europa: "El estrechamiento de miras economicistas, dice en él, resulta tanto más incomprensible en la medida en que los expertos parecen estar de acuerdo en el diagnóstico de las causas más profundas de la crisis: la falta de competencias de la Unión Europea para la armonización necesaria de unas economías nacionales que profundizan drásticamente sus diferencias en lo relativo a su competitividad. Lo cierto es -añade- que a corto plazo la crisis actual acapara toda la atención, siendo así, que los actores no deben olvidar que solo a largo plazo se puede subsanar un error básico como es el de una unión monetaria sin las necesarias capacidades políticas de regulación en el ámbito europeo".


"Hace falta más Europa, sigue más adelante, pero hasta ahora, a todos los gobiernos implicados les falta valentía, patalean desorientados y atrapados entre la espada y la pared de los imperativos de los grandes bancos y las agencias de calificación de riesgos, por un lado, y su miedo ante una inminente pérdida de legitimación frente a sus propias poblaciones, frustradas, por otro". 

"Frente al tremendo peso de los problemas, añade, sería de esperar que los políticos pusieran por fin, sin añadir ningún pero, las cartas europeas sobre la mesa e informaran con claridad a la población la sobre relación de costes a corto plazo y los beneficios verdaderos del significado histórico del proyecto europeo, superando su miedo a los estados de ánimo demoscópicos y confiando en la fuerza persuasiva de los buenos argumentos. Pero todos los gobiernos implicados, concluye, y todos los partidos políticos se arredran ante ese paso congraciándose con un populismo que ellos mismos provocaron mediante el encubrimiento de un tema complejo y poco querido, haciendo que la política parezca contener el aliento y agache la cabeza en el umbral de la unificación económica y política de Europa". ¿Les suena la letra de la canción? A los sufridos españoles, griegos, portugueses, irlandeses e italianos, seguro que sí, por desgracia.    

Hace solo unos días, en el diario económico Expansión, Stiglitz se pronunciaba con rotundidad sobre el rescate bancario solicitado por España: "No funcionará, afirma,  si el gobierno español rescata a los bancos y la banca rescata al Gobierno, el sistema se convierte en una economía vudú". ¿Se equivocará esta vez o acertará?; crucemos los dedos mientras los dados ruedan...

Sobre las opiniones de Krugman al respecto, también muy crítico con las posibilidades de la economía española y de toda la zona euro, nada mejor que seguirlas en el blog que mantiene casi a diario en el diario El País. Se lo recomiendo encarecidamente.


Les invito a ver los dos vídeos que sobre la crisis del euro desde la perspectiva de la ética acompañan la entrada.

Y sean felices, por favor, a pesar del gobierno. Tamaragua, amigos. HArendt




Habermas, Stiglitz y Krugman









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Entrada núm. 1661
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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
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La crisis del Euro (I): Una perspectiva ética

La crisis del Euro (II): Una perspectiva ética

martes, 12 de junio de 2012

No hablo de política




El Congreso de los Diputados (Madrid)



Nunca me ha gustado hablar de política en público, será que siempre he oído que de religión y política no se habla y se me quedó en las carnes, o que mi señor padre habla tanto de política que no me gusta repetir. Lo bueno de no hablar en estos casos, es que se escucha mejor, y se escuchan todas las versiones.


Curiosamente hace años tuve el pensamiento de hacer Ciencias Políticas pero como el futuro lo veía peor que la Historia del Arte me quedé con la Historia; total, hoy en día todo es igual a paro. La política en sí me gusta, la teoría, la filosofía; el circo que montan en el congreso no. También podría ser llamado como patio de colegio, o solo nos insultamos porque no nos atrevemos a darnos a la salida. Es vergonzoso ver el comportamiento que tienen estos personajes sentados en sus sillones, parecen "hooligans" animando al equipo; y da igual al equipo que animen, todos caen en lo mismo. Pitidos, aplausos, silbidos, abucheos.. comportamientos que no están permitidos en un aula a niños de 10 años tienen cabida ahí. Será que por esto tampoco hablo de política porque para hablar de adultos sin modales a los que solo les falta decir ¡chincha rabiña!, mejor hablar de Modern Family que me río a gusto y no de pena.

Con el padre que tengo está claro hacia donde va mi tendencia, cuestiones de herencia, ya que no me deja un palacete en la sierra, me deja sus gustos. Y que no me guste no significa que no me interese. Hay que informarse de lo que pasa en el mundo, desde la ciudad hasta Marte si hace falta. Cuando no entiendo algo siempre pregunto y pregunto hasta que lo comprendo, y como suele pasar en política casi nunca me place del todo. Algo que mejora siempre perjudica por otrora, no llueve a gusto de todos, ni todo el campo es orégano; pero es lo que hay y demos gracias a que estamos en una democracia, por ahora...

Además del comportamiento infantil, tampoco aguanto la gandulería y egoísmo que le entra a la gran oposición, sea cual sea el partido al que le toque, cuando toma ese papel. “Pues yo no lo haría así, eso está fatal, me voy a chivar”  Pero ni dan ideas para que todo mejore, ni hacen críticas serias, ni nada de nada, solo “Mal, mal y muy mal. Yo lo haría mejor.”  En la teoría Política, como ciencia, se supone que la oposición tiene un papel muy importante, no es solo el grano en el culo del gobierno, es la que tiene que luchar para ganarse al pueblo y la que debe aportar ideas cuando el gobierno esté estancado; no la que mete el dedo en la llaga, después se relame, se aplaude a sí misma y dice que bien lo hemos hecho. Si en lugar de intentar hundir al gobierno de turno, la oposición del momento diera ideas sería más efectivo, eso sí lo hundiría por sí solito, no por llamarlo inútil aunque lo sea. Luego la gente cuando lleguen las elecciones votará por cansancio, no por ideología.

Bueno, ya por hoy y por mucho he hablado de ciencia. Un saludo. Nos vemos. Ruth Campos





Ejerciendo la política





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Entrada núm. 1475
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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)
"La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)


sábado, 9 de junio de 2012

La ilusión democrática





El filósofo Alain Badiou (1937)



Ya he escrito con anterioridad que a los filósofos hay que escucharlos con atención, bien para elogiarlos, bien para detestarlos; nunca para ignorarlos. A veces, hasta atinan, incluso cuando se meten a opinar de política. Quién desee profundizar en mi opinión al respecto basta conque ponga en el buscador del blog el término "filósofos".

Hace unos días, a través de la página en Facebook de una buena amiga grancanaria, llegué hasta un artículo sobre el filósofo francés Alain Badiou y su más reciente publicación: "El despertar de la historia" (Clave intelectual, Madrid, 2012).

Resulta difícil no compartir algunas de sus afirmaciones. Por ejemplo, ésta en que nos presenta un apocalíptico análisis del capitalismo: "El capitalismo confía el destino de los pueblos a los apetitos financieros de una minúscula oligarquía. En cierto sentido, se trata de un régimen de bandidos. ¿Cómo podemos aceptar que la ley del mundo esté regida por los voraces intereses de una camarilla de herederos y de nuevos ricos? ¿No es razonable llamar «bandidos» a quienes tienen como única norma el lucro, estando dispuestos, si es necesario, a pisotear a millones de personas amparándose en dicha norma? El hecho de que, en efecto, el destino de millones de personas dependa de los cálculos de tales bandidos es hoy tan obvio, tan visible, que la aceptación de esta «realidad», como dicen los plumíferos de los bandidos, es cada día más asombrosa. El espectáculo de los Estados patéticamente desconcertados porque una pequeña tropa anónima de evaluadores autoproclamados les ha puesto una mala nota, como haría un profesor de economía a sus estudiantes, es al mismo tiempo burlesco y muy preocupante. Por lo tanto, queridos electores, habéis instalado en el poder a gente que tiembla por las noches, como colegiales, al saber que por la mañanita los  representantes del «mercado», es decir los especuladores y los parásitos del mundo de la propiedad y del patrimonio, les pueden haber puesto un AAB, en lugar de un AAA. ¿No resulta bárbara esta influencia consensuada de los maestros oficiosos sobre nuestros maestros oficiales, para quienes la única  preocupación es conocer cuales son y serán los beneficios de la lotería en la que juegan sus millones? Por no hablar de que su angustioso sollozo se pagará con el cumplimiento de las órdenes de la mafia que siempre consisten en algo como: «Privaticen todo. Supriman la ayuda a los débiles, a los solitarios, a los enfermos, a los parados. Supriman toda ayuda a todos menos a los bancos. No asistan a los pobres, dejen morir a los viejos. Bajen el salario de los pobres y los impuestos a los ricos. Que todo el mundo trabaje hasta los 90 años. Enseñen matemáticas solo a los traders, a leer sólo a los grandes propietarios, historia sólo a los ideólogos a nuestro servicio.» Y la ejecución de estas órdenes arruinará en la práctica la vida de millones de personas."

Más difícil de compartir son opiniones como esta otra en la que afirma que el  marxismo no es "una rama de la economía (teorías de las relaciones de producción), ni una rama de la sociología (descripción objetiva de la «realidad social»), ni una filosofía (pensamiento dialéctico de las contradicciones), sino, repitámoslo, el conocimiento organizado de los medios políticos necesarios para desmontar la sociedad existente y por fin desarrollar una forma igualitaria y racional de organización colectiva, llamada comunismo." ¿El comunismo una forma igualitaria y racional de organización colectiva?...

Marxista-comunista como el mismo se define, parece obviar en la realización de la utopía comunista, el significado de palabras tan significativas sobre la democracia como las escritas por Lenin en el diario "Obrero y soldado", en agosto de 1917, cuando al referirse a las ilusiones constitucionales de buena parte de la sociedad rusa de aquel momento dice de ellas: "No es posible un intento adecuado de comprensión de la misión que corresponde a la Rusia de hoy sino se dedica una especial atención a la exposición sistemática y despiadada de las ilusiones constitucionales, a destruir sus raíces y a restablecer una conveniente perspectiva política." ¿Todo se reduce, pues, a eso: a una cuestión de perspectiva y de destruir de raíz toda ilusión democrática.?...

Los filósofos usan más a menudo de lo conveniente lenguajes abstrusos a la hora de definir conceptos de uso corriente en el lenguaje corriente de la gente corriente. Por ejemplo el de "verdad política", que se supone clave en el pensamiento de Badiou: "Una verdad política es el producto organizado de un acontecimiento popular masivo en el cual la intensificación, la contracción y la localización sustituyen a un objeto identitario, y a los nombres separadores que lo acompañan, por una presentación real de la potencia genérica de lo múltiple." Luego, se quejan los filósofos, al igual que los políticos, de que no los entendemos.

La anterior definición de verdad política la expuso Badiou en un artículo de mayo del pasado año sobre los acontecimientos del 15-M español. Es una definición de difícil comprensión para mi, que no soy ni filósofo, ni marxista, ni comunista. Quizá ahí esté el problema, mi problema. 


Y es una lástima, porque entre tanta jerga ininteligible e incomprensible para el común de los mortales se vislumbran "verdades" evidentes" como las expuestas al comienzo de la entrada en su análisis sobre el capitalismo.  


Les animo a ver el vídeo con el que acompaño la entrada, en el que se ponen en relación la filosofía política de Michel Foucault y Alain Badiou. Espero que tanto la entrada como el vídeo les resulten interesantes.

Y sean felices, por favor, a pesar del des-gobierno que padecemos. Tamaragua, amigos.  HArendt




Lenin (1870-1924)





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Entrada núm.1474
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"La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)

Michel Foucault y Alan Badiou: Diálogo filosófico