miércoles, 31 de agosto de 2011

Diario de Sesiones de las Cortes de Cádiz: Agosto de 1811






Miguel Hidalgo (1753-1811)





Desde este enlace de la página electrónica del Congreso de los Diputados de España puede accederse al Diario de Sesiones de las Cortes de Cádiz correspondiente al mes de agosto de 1811. En él se incluyen los debates y acuerdos que se iban produciendo en el seno de la Comisión Constitucional de las Cortes encargada de redactar y debatir el proyecto de Constitución de la Nación Española, promulgado finalmente el 19 de marzo de 1812.

El vídeo que acompaña a la entrada es el capítulo de la Historia de Canarias (1995), en dibujos animados, en el que se relata la participación de los Diputados de las islas Canarias en las Cortes de Cádiz. Las reproducciones fotográficas hacen referencia a la figura del sacerdote mexicano Miguel Hidalgo, uno de los héroes de la independencia de la Nueva España, fusilado por las tropas leales a la corona española en Chihuahua (México) el 30 de julio de 1811.

Tamaragua, amigos. HArendt





Fusilamiento de Miguel Hidalgo (30/7/1811)




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Entrada 1399
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Citas importunas:
"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)
"La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)

Diputados Canarios en las Cortes de Cadiz (Animación)

jueves, 25 de agosto de 2011

Historia e historiadores. "In memoriam": Tony Judt



Tony Judt




Hasta que leí sobre él en Revista de Libros nunca había oído hablar del historiador británico Tony Judt, fallecido hace ahora justamente un año a causa de una esclerosis lateral amiotrófica (ELA), más conocida como enfermedad de "Lou Gehrig", por haberla padecido el famoso jugador de beísbol de ese nombre. La información que sobre Tony Judt da la Wikipedia en español no le hace justicia, así que en este enlace pueden acceder a la versión inglesa, mucho más extensa y pormenorizada, y en todo caso echarle una ojeada  al vídeo que acompaña esta entrada, realizado en el marco del homenaje que la Fundación Mapfre tributó a la memoria y la obra del historiador británico escasos meses después de su muerte.

De padre belga, emigrado a Gran Bretaña antes del estallido de la guerra mundial, y madre inglesa, ambos descendientes de judíos de Europa oriental, Tony Judt nació en Londres en 1948 y murió en Nueva York, la ciudad en la que residía, el 6 de agosto de 2010. Realizó sus estudios en el King's College de Cambridge y en la École Normale Supérieure de París. Impartió clases en las universidades de Cambridge, Oxford, Berkeley (San Francisco) y Nueva York, ocupando en esta última la cátedra de Estudios Europeos, que él mismo fundó en 1995, y en la que también ocupó la dirección del Remarque Institute. Es autor de numerosos libros, entre ellos "Postguerra. Una historia de Europa desde 1945"  (Taurus, Madrid, 2006). Considerado uno de los diez mejores libros de 2005, se trata de un voluminoso texto de más de mil doscientas páginas, que estoy leyendo ahora mismo con entusiasmo creciente, que en 2007 recibió el Premio Hannah Arendt, otorgado por la ciudad-estado alemana de Bremen y la Fundación Heinrich Boell, y en 2009 el Orwell Prize, el más prestigioso de Gran Bretaña a un libro político. 

Mi relación sentimental con Tony Judt, fue propiciada por la lectura mensual de Revista de Libros. El primer artículo que leí sobre él en dicha publicación (núm. 130, octubre de 2007) fue el titulado "Europa y el mundo. Tres siglos de historia", del profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, Manuel Pérez Ledesma, en el que comentaba el ya mencionado más arriba libro suyo "Postguerra. Una historia de Europa desde 1945", considerado por muchos historiadores el mejor de los que se han escrito sobre dicho período.

Para Judt, dice el profesor Pérez Ledesma, la historia reciente de Europa es en primer lugar la historia de una pérdida: de la pérdida del poder, de la importancia internacional y, en algunos casos, de la condición imperial de los Estados del continente. Algo que se reflejó de forma dramática, ya en los momentos iniciales del relato, en la incapacidad europea para enfrentarse a las amenazas que habían surgido en su interior: en 1945, la mayor parte de Europa «no había sido capaz de liberarse del fascismo por sus propios medios, ni tampoco podía mantener a raya al comunismo sin ayuda»; sólo tras varias décadas y numerosos esfuerzos pudieron los europeos recuperar el control de sus destinos. Pero ésa no es la única pérdida: lo que Judt quiere contar en un segundo nivel -añade el profesor Ledesma- es la historia del declive de las grandes teorías decimonónicas sobre el progreso y el cambio, la revolución y la transformación social, que habían hecho suyas los partidos y los movimientos políticos de preguerra. En especial, dice, son el decaimiento del fervor político en la mitad occidental del continente y el descrédito del dogma marxista en su mitad oriental los asuntos que más le im­portan a Judt.

Tiempo después, de nuevo en Revista de Libros (núm. 145, enero de 2009) vuelvo a encontrar un artículo de Michael Seidman, catedrático de Historia en la Universidad de North Carolina, titulado "La voluntad de ignorar", comentando otro afamado libro de Judt, en esta ocasión el titulado "Pasado imperfecto. Los intelectuales franceses, 1944-1956" (Taurus, Madrid, 2008).

Dice Seidman del libro que es una historia intelectual extremadamente bien escrita de ciertos intelectuales franceses durante los comienzos de la Guerra Fría y de sus actitudes hacia el comunismo. Entre los más  destacados –principalmente Jean-Paul Sartre, Emmanuel Mounier y Maurice Merleau-Ponty– a los que somete a una crítica despiadada y, en ocasiones, divertida, defendiendo convincentemente que las posiciones y actitudes de estos intelectuales estuvieron determinadas en gran medida no por las duras realidades del comunismo en Europa oriental, sino por sus propias preocupaciones francesas bastante provincianas, destacando que fue la manifiesta falta de valor de tantos escritores –Judt menciona a Paul Eluard, Elsa Triolet, Louis Aragon, Emmanuel Mounier y, por supuesto, a Simone de Beauvoir y al propio Sartre– durante la ocupación alemana, lo que hizo que la sociedad francesa se resolviera a castigar a quienes de entre ellos presentaban un historial inequívoco de colaboración. 

Sobre los intelectuales franceses y el comunismo escribió también Judt en su último libro, "El refugio de la memoria" (Taurus, Madrid, 2011), cuya lectura concluí hace unos días, y sobre el que volveré más adelante, pero que me ha traído recuerdos imborrables sobre sendos libros, magníficos, de dos prestigiosos historiadores franceses. Me refiero a "El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX" (FCE, Madrid, 1995), de François Furet, y "Las voces de la libertad. Intelectuales y compromiso en la Francia del siglo XIX" (Edhasa, Barcelona, 2004), de Michel Winock. Se los recomiendo encarecidamente.

Hasta el número de marzo de este año de Revista de Libros (el núm. 171) no volví a leer nada sobre Tony Judt. En esta ocasión se trataba de un artículo del catedrático de Historia de las Ideas y de los Movimientos Sociales de la Universidad Complutense de Madrid, el profesor José Álvarez Junco, titulado "Elegía por la socialdemocracia". Por él me enteraba también de la muerte del historiador británico en agosto del pasado año. En dicho artículo el profesor Álvarez Junco hacía la crítica de uno de los últimos libros de Judt: "Algo va mal" (Taurus, Madrid, 2010), del que ya escribí en mi blog "Desde el trópico de Cáncer" en la  entrada del 19 de mayo pasado titulada "¡Democracia real, ya!. Complicado pero no imposible", a la que remito, y en la que yo contraponía la lectura del "Algo va mal" de Judt, a la del panfletario "Indignaos" de Stéphane Hessel.

Un texto, el de "Algo va mal", en palabras del profesor Álvarez Junco,  en el que el historiador britànico reflexiona sobre la socialdemocracia, su apogeo en el Occidente de 1945-1980 y su sustitución posterior por el conservadurismo neoliberal. En él toma partido -dice- a favor de aquella fórmula política y económica que dominaba en la Europa en que vivió de joven y a la que llama «el mundo que hemos perdido». No debemos idealizarla, añade, pero tampoco olvidarla, porque, sin ser perfecta, ha sido la mejor de las situaciones que ha vivido la humanidad a lo largo de su historia. Lo leí con verdadero entusiasmo en plena vorágine de las manifestaciones que dieron lugar a eso que hemos llamado "spanish revolution" o movimiento 15-M, del que también traté en mi anterior entrada del blog.

A principios del pasado julio me llega a casa el último ejemplar de Revista de Libros, un número doble (el núm. 175-176, julio-agosto de 2011), y me encuentro en él con otro artículo sobre el ya citado libro de Tony Judt, "El refugio de la memoria", obra póstuma, pues terminó de dictarlo con enormes dificultades derivadas de su penosa enfermedad dos meses antes de su fallecimiento.

El artículo lleva el título de "Visita guiada a las ruinas", y está escrito por el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, Enric Ucelay-Da Cal. Les confieso un cierto y desasosegante sentimiento de estupor cuando terminé de leerlo. ¿Cómo era posible una crítica tan implícitamente  malévola hacia la última obra de un colega tan prestigioso como el profesor Judt? Estoy acostumbrado a leer en Revista de Libros críticas muy duras, y con toda seguridad,  justificadas, sobre publicaciones de todo tipo que sin embargo gozan de gran popularidad y se venden como rosquillas. Me vienen a la mente las realizadas a bastantes títulos que he leído y que por pudor no voy a citar, pero me extrañó el tono de la crítica; casi más el tono que el contenido de la crítica en sí.

Nada más terminar de leer "El refugio de la memoria" volví a releer el artículo del profesor Ucelay-Da y  me parece de justicia confesar mi apresurado error de apreciación sobre el mismo, motivado con seguridad, por un párrafo inicial en el que afirma que dada la avalancha de prosa autocontemplativa que desborda tanto a productores industriales como consumidores (288.355 libros editados en Estados Unidos en 2009;  86.300 publicados en 2008 en España) por qué tendrían que atraerle las reflexiones de Tony Judt en su lecho de muerte. Pasé por alto la propia reflexión del comentarista que confiesa no haber entendido su propia reacción ante la lectura del libro de Judt. ¿Seré un envidioso, llenó de morboso placer producido por el dolor ajeno -se pregunta- al querer añadir la reducción del significado del "Chalet" (nombre que desde el inicio de su libro da Tony Judt al rincón de su memoria donde va guardando cada noche de insomnio forzoso sus recuerdos) a poco más que el garaje donde aparcaron a un moribundo? ¿Será que tengo poca sensibilidad retentiva para las historias e historietas de las gentes de mi tiempo específico? ¿O será que estoy harto de confesiones de todo tipo y signo y, como viejo y blando superviviente de la segunda mitad del siglo xx, tengo escasa paciencia para escuchar la misma tecla tocada más de una vez? ¿O será, muy sencillamente, que no me complace un mundo en el cual todos creen tener algo emotivo que comunicar a millones de personas en las redes sociales? Y todo eso para, al final, reconocer que también es verdad que a él le hubiera gustado ser capaz, al menos una vez, de conmover a un lector tan antipático como él mismo tal y como lo hizo Judt en su día.

A mí, la lectura de "El refugio de la memoria"  sí me ha conmovido profundamente. Y no solo por las circunstancias en que fue escrito, que el autor recrea en el capítulo primero, cuando habla de su enfermedad y de los recursos mentales a los que tenía que recurrir en las noches de inmovilidad e insomnio forzoso para recrear las diversas instancias de su memoria y ordenarlas en ella para que al día siguiente, "álguien", otra persona, pudiera trasladarlas al papel. El libro está plagado de anécdotas, anécdotas que le sirven para reconstruir su vida ante nosotros, a modo de estancias o compartimentos estancos, no siempre en un orden cronológico, pero al final, siempre bien interrelacionados.

Delicioso el capítulo que dedica, lleno de admiración, hacia su severo profesor de alemán en el Emanuel School de Battersen, Londres. Divertido y entrañable aquel en que relata su experiencia como estudiante de la Universidad de Cambridge y sobre la venerable y entrañable institución de las "bedders", las mujeres empleadas por la universidad para atender las "necesidades" materiales de los estudiantes de la misma. Dolorido, el que recuerda su estancia, en 1966 y 1967, en el kibutz de Machanayim, en la Alta Galilea israelí y su siempre difícil relación posterior, como judío, con el Estado de Israel. Sarcástico, pero reconocido, el que dedica a los intelectuales franceses de su época de estudio en la École Normale Supérieure, de París, una de las instituciones académicas más prestigiosas de Francia, de la que Raymond Aron, que fue alumno de ella, dijo en sus "Mémoires", que nunca se había encontrado con tantos hombres inteligentes en un espacio tan pequeño. Irónico, el que dedica al parisino Mayo del 68, que vivió en directo como estudiante. Duro y sin contemplaciones, aquel en que enjuicia el poco valor que hoy se da a la corrección en el hablar y el escribir: La prosa de muy mala calidad, dice, es hoy indicativa de inseguridad intelectual; hablamos y escribimos mal -concluye- porque no nos sentimos seguros de lo que pensamos y nos resistimos a afirmarlo de un modo inequívoco.

En otro capítulo relata su aventura universitaria norteamericana y muestra su admiración sin reserva por las instituciones docentes de dicho país, y sobre todo, por sus impresionantemente bien dotadas bibliotecas. Y comparto su juicio sobre la función de las universidades: dice de ellas que son instituciones elitistas, o que deberían serlo por principio, pues les concierne seleccionar a la promoción más capaz de una generación y educarla en esa capacidad forzando una renovación de la élite y rehaciéndola consecuentemente, para añadir que igualdad de oportunidades e igualdad de resultados no son la misma cosa. Verdad evidente que solemos pasar por alto con frecuencia. Admirativo y entrañable es su juicio sobre la ciudad de Nueva York, que le acogió hasta su muerte, a la que califica como "ciudad del mundo".

En su crítica al comunismo se muestra contundente: como mejor se mide -dice- el grado de esclavitud en que una ideología mantiene a un pueblo es en la colectiva incapacidad de este para imaginar alternativas. Feroz es su juicio sobre los dirigentes europeos del momento actual, de los que comenta que escurren el bulto recurriendo a la austeridad presupuestaria para apaciguar a los mercados. 
Sobre el odio, temor, rechazo al extraño, al extranjero, cada vez más acentuado en las privilegiadas sociedades occidentales dice lo siguiente: Ser danés o italiano, norteamerica o europeo, no será solo una identidad; supondrá un rechazo y una reprobación de aquellos a los que esta excluya. El Estado, afirma, lejos de desaparecer, podría estar a punto de lograr su plena realización: los privilegios de la ciudadanía, las protecciones de los derechos de los poseedores de tarjetas de residencia, serán esgrimidos como triunfos políticos. Habrá intolerantes demagogos en democracias establecidas que pedirán tests -de conocimientos, de lengua, de actitud- para determinar si los desesperados recién llegados merecen ostentar la "identidad" de británicos o de holandeses o de franceses. Ya lo están haciendo, añade, En este este "espléndido siglo nuevo" ("brave new century": juego de palabras con el título de la famosa novela de Aldous Huxley "Un mundo feljz", en ingles titulada "Brave New World") echaremos de menos a los tolerantes, a los de los márgenes: a la gente fronteriza: Mi gente, concluye. ¿Les suena? Es una letra que está en casi todas las partituras de los partidos nacionalistas y en las de bastantes dirigentes y responsables del partido popular español y de la derecha europea.

He dejado para el final el alegato que formula en las últimas páginas del libro a su condición de judío, que vuelvo a compartir como tantas otras cuestiones de las que plantea en sus "memorias". Yo no lo soy, evidentemente; ni siquiera me considero un hombre religioso, pero me siento orgulloso de mi doble condición de descendiente de conversos. Dice Judt: El judaísmo es para mí la sensibilidad de un autocuestionamiento colectivo y un incómodo decir la verdad; la capacidad, propia del que va contracorriente, de ser problemático y de disentir, por la que en otro tiempo fuimos conocidos. No basta, añade, con situarse en una posición tangencial frente a las convenciones de otros pueblos; deberíamos ser además los críticos más implacables de nosotros mismos. Siento que tengo una deuda de responsabilidad con ese pasado, dice, y es  por eso por lo que soy judío.

Pero hay más cosas, muchas más cosas que solo podrán descubrir si se animan a leerlo. Yo lo he hecho, y lo he disfrutado. Es mi pequeñísimo homenaje a un gran historiador, un hombre de izquierdas, progresista y socialdemócrata, como él mismo se definió, al que no le dolieron prendas en reconocer los tremendo errores que han llevado al pensamiento de izquierdas a la crisis que está atravesando ahora. Sean felices, por favor. Y espero que disfruten de los enlaces que he puesto en la entrada sobre los libros y artículos citados en la misma. Tamaragua, amigos. HArendt 




Portada de "Algo va mal", de Tony Judt




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Entrada núm. 1398 
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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
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Homenaje en la Fundación Mapfre al historiador Tony Judt (Marzo 2011)

domingo, 7 de agosto de 2011

15-M: ¿Qué queda de su espíritu?






Carga policial en Madrid (4/8/2011)




Reseña el escritor boliviano Hugo Estenssoro en su artículo "El hemisferio intelectual" (Revista de Libros, junio 2011), un durísimo jucio sobre los intelectuales, tomado del autor de "1984", "Homenaje a Cataluña", o "Rebelión en la granja", que dice así: "Tal vez la observación más inmisericordemente lúcida sobre la cuestión de los intelectuales sea la de George Orwell (1903-1950) cuando indica, un poco al desgaire, que hay cosas que sólo un intelectual puede tragarse". Pocas líneas después, ya de su cosecha, Estenssoro se despacha contra la clase política: "Los políticos y los criminales comunes, tienden a ver en el espejo una imagen diferente a la que el resto de la humanidad cree ver en ellos". Y aún en la misma página dice sobre el mundo académico que su "bárbara jerga disimula mal la escasez de información concreta, ordenada y coherente". Pero no siempre es así, al menos para mi, aunque en términos generales comparta el juicio de Estenssoro. Para confirmarlo, ahí están los escritos y opiniones del español José Luis Sampedro, el británico recientemente fallecido Tony Judt, o el israelita David Grossman.


El hecho es que un artículo de un escritor israelí, David Grossman, a quien admiro profundamente, titulado "Una ventana a un futuro diferente", (El País, 7/8/2011) sobre los movimientos de protesta social que están, revolviendo más que socavando, los cimientos de la aparentemente monolítica sociedad israeli, me ha llevado a reflexionar sobre el hecho de si aún queda algo válido de aquella esplendorosa explosión de entusiasmo ciudadano que sacudió a la amodorrada, de nuevo aparentemente, juventud y sociedad española el pasado 15 de Mayo. Lamentablemente, mi juicio, personal y apresurado, es que aquel estallido de energía se está evaporando y diluyendo en una heterogénea mescolanza de demócratas convencidos de "¡Democracia real, ya!", los indignados (con razón, la mayoría, y con poco juicio, algunos) parados, hipotecados, revienta-manifestaciones-interesados, antipapistas, provocadores a sueldo, antisistemas y meros juerguistas. Siento que mi juicio sea tan duro, pero es como lo veo.

Para mí, lo mejor del "15-M" se resumió en "Más cerca del consenso de mínimos", un reportaje de Carmen Pérez-Lanzac, en El País del 26/5/2011,  a los pocos días de estallar el espontáneo movimiento de protesta protagonizado sobre todo por nuestros jóvenes. Y  ese consenso consistía en la necesidad perentoria de acometer una: 
. ,   
1º. Reforma electoral encaminada a una democracia más representativa y de proporcionalidad real y con el objetivo adicional de desarrollar mecanismos efectivos de participación ciudadana.

2º. Lucha contra la corrupción mediante normas orientadas a una total transparencia política.

3º. Separación efectiva de los poderes públicos.

4º. Creación de mecanismos de control ciudadano para la exigencia efectiva de responsabilidad política.

Añadamos a eso la exigencia de que los responsables de la crisis lo paguen social, económica y penalmente (algo por cierto, que no está en manos de los gobiernos nacionales europeos, o al menos solo en las suyas), que las autoridades de la Unión Europea -sobre todo- y de los Estados Unidos, supediten de una vez ver por todas la economìa a la política, poniendo coto a los especuladores internacionales financieros y las ínfulas endiosadas de las agencias privadas de calificación, y que la educación -de la infantil a la universitaria- y la formación profesional y laboral de nuestros jóvenes sea la prioridad absoluta de todos los gobiernos. Todo lo demás, sinceramente, pienso que son zarandajas. 

Les recomiendo que vean los vídeos que acompañan la entrada: un extenso resumen de lo acontecido en los primeros días que siguieron al estallido del movimiento del 15-M, y la extensa entrevista que el periodista Iñaki Gabilondo realizó con tal motivo al pensador, escritor, economista, y siempre polémico, José Luis Sampedro, y por supuesto, que lean el artículo de David Grossman, y el reportaje de Carmen Pérez-Lanzac.

Si lo desean, pueden dejar constancia de la opinión que les ha merecido la entrada en las casillas que figuran al pie de la misma.

Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt





Detenciones policiales en Madrid (4/8/2011)




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Resumen Manifestación 15M Democracia Real Ya

Iñaki Gabilondo entrevista a José Luis Sampedro

martes, 2 de agosto de 2011

Bildu: ¿bisoñez o provocación?





Manifestación en favor de presos de ETA




Desde mi entrada del 5 de mayo pasado: "Bildu y las elecciones del 22 de mayo en España", no he cambiado de opinión respecto a lo que en ella manifestaba sobre Bildu justo dos semanas antes de las elecciones regionales y locales que le concedieron una buena parte del poder institucional en el País Vaco. Pero no deja de ser cierto que su comportamiento desde ese día me ha provocado una incómoda sensación de no saber si estamos ante una muestra de bisoñez política, ante una provocación para ver hasta donde pueden tensar el arco, o lisa y llanamente, que nos hemos equivocado con ellos y que no merecen la presunción de demócratas que se les ha conferido. 

O quizá todo sea porque en el código genético de la izquierda radical vasca, como en el de la extrema derecha de cualquier lugar (ya se sabe que en política y en geometría los extremos se tocan) es que, simplemente, no existen conceptos como los de derechos, libertades, democracia, pluralismo, respeto, tolerancia, etc., etc.


Los primeros gestos de Bildu me parecieron una simple provocación: retirar la foto del rey, no izar la bandera española... ¿Quizá para ver hasta donde podían llegar? No lo se; lo que me asombró mas no fue su comportamiento, que era el esperado, sino la tibia respuesta política a su provocación, si es de que de eso se trató, por parte de populares y socialistas. Lo de los guardaespaldas, miren por donde, me pareció bien... No lo tengo muy claro, pero... ¿antes de las elecciones los guardaespaldas entraban en los salones de plenos de ayuntamientos, diputaciones y gobierno regional con sus protegidos?

Un reportajeayer lunes, del corresponsal del diario El País en San Sebastián trasladaba la impresión de que la cúpula de Bildu estaba virando lenta, pero sin pausa, hacia las tesis más radicales de los dirigentes históricos de la antigua Batasuna y ETA. No acabo de creérmelo, pero lo que se ve es lo que se ve, aunque también he leído declaraciones de miembros de Bildu que se posicionan a favor de las víctimas de ETA. Todo muy contradictorio, y como siempre, habrá que dar tiempo al tiempo. 

En todo caso, estos gestos contradictorios me han hecho recordar lo acontecido aquel 15 de abril de 1977, justo seis días después de la decisión del presidente Suárez de legalizar el Partido Comunista de España, ¡qué esa si que era una "bestia negra" para una buena parte de los españoles de la época!, que tan admirablemente relató el periodista Joaquín Bardavío en su libro "Sábado Santo Rojo" (Ediciones V, Madrid, 1980). 

Ese día, en una abarrotada rueda de prensa, el máximo dirigente del PCE en aquel entonces Santiago Carrillo, dando pruebas de la madurez política de su organización, dijo que el cambio de toda la situación política de España, tras una detenida deliberación, les había llevado a considerar su actitud hacia los símbolos y emblemas del Estado que acaba de reconocerles, y que por eso, en tanto que representativa de ese Estado que les reconocía, habían decidido colocar aquel día allí, en la sala de reuniones del Comité Central, al lado de la bandera de su partido, que era y seguiría siendo la roja con la hoz y el martillo, la bandera del Estado español, la bandera bicolor. En lo sucesivo, en los actos del partido -añadía- al lado de la bandera de éste, figurará la bandera con los colores oficiales del Estado. La bandera -continuó- no puede ser monopolio de ninguna facción política, ni mucho menos podríamos abandonarla a los que intentan hacer uso de ella para impedir el paso de la dictadura a la democracia. Esa bandera -concluía- es hoy por hoy una bandera de todos los españoles, independientemente de las ideas políticas que profesen. No puedo estar más de acuerdo con esa declaración.

Momentos después, Santiago Carrillo sacaba a colación el otro gran símbolo del Estado: "Si la monarquía continúa obrando de una manera decidida para establecer en nuestro país la democracia, estimamos que en unas próximas Cortes nuestro Partido y las fuerzas democráticas podrían considerar la monarquía como un régimen constitucional".

¿Mero oportunismo? Creo, sinceramente, que no. Creo que el PCE, por el que no siento especial simpatía, por el que nunca he votado y por el que no creo que vaya a hacerlo en ocasión alguna,  mostró con su actuación la moderación, la entereza y la madurez de una organización política auténticamente democrática. Bildu, de momento, no parece haber demostrado nada parecido. Y ese es su problema y el que de quienes les han votado, no del Estado que ampara y protege su indiscutible derecho a participar en la vida democrática vasca y española.

El vídeo que acompaña esta entrada es una entrevista que el programa Informe Semanal RTVE realizó hace unos años al exsecretario general del PCE, Santiago Carrillo. Espero que disfruten de ambos. Y sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt 





Santiago Carrillo en los años 80




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Entrevista a Santiago Carrillo (Informe Semanal - RTVE)

lunes, 1 de agosto de 2011

Desde el trópico de Cáncer: 5.º aniversario






El Roque Nublo (Gran Canaria)




Han cambiado algunas cosas, no muchas, en "Desde el trópico de Cáncer" desde ese primera entrada titulada "A modo de presentación" del 1 de agosto de 2006 en que vio la luz, hasta hoy. Ha cambiado su estética, menos barroca ahora que en sus inicios; su contenido, que se ha ido despolitizando apreciablemente, pero en el que sigue siendo perceptible la ideología y los pre-juicios de su autor; el  número de entradas, más por consunción del escribidor que por falta de temas que comentar. Mil cuatrocientas entradas en cinco años son muchas entradas: una media de doscientas ochenta anuales, y de veintitrés al mes; muchas hasta para mí así que no quiero ni imaginar para los posibles lectores. Me gustaría hacer un índice completo temático, onomástico y cronológico que facilitara su lectura pero la voluntad, de momento, flaquea.... 

Gracias a todos los que en estos cinco años se han acercado a "Desde el trópico de Cáncer". Las fotos y el vídeo que acompañan la entrada constituyen mi homenaje personal a la tierra y a las gentes de Gran Canaria. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt





Maspalomas (Gran Canaria)




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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

"Sombra del Nublo", por Alfredo Kraus y Los Sabandeños