jueves, 31 de marzo de 2011

Diario de sesiones de las Cortes de Cádiz - Marzo de 1811






Fernando VII, por Francisco de Goya





Desde esta entrada del blog pueden se puede acceder al Diario de Sesiones de las Cortes de Cádiz correspondiente al mes de marzo de 1811 que publica el Congreso de los Diputados español. El vídeo que la acompaña está dedicado a la serie de litografías realizada por el pintor Francisco de Goya (1746-1828) titulada "Los desastres de la guerra" que se encuentran en el Museo del Prado de Madrid. Espero que les resulte interesante. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt 







Manuel Godoy, por Francisco de Goya







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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

Los desastres de la guerra, de Goya

martes, 29 de marzo de 2011

El "Finnegans Wake" de Joyce, o mi fracaso como lector









Me resulta enormemente frustrante reconocer que no he sido capaz de pasar de la tercera página del libro en cuestión a pesar del empeño puesto en ello. Me refiero, como se desprende del título de la entrada, a mi fallido intento de leer "Finnegans Wake", de James Joyce. O más concretamente, el capítulo 8 del libro primero, un relato corto que lleva el título de "Anna Livia Plurabelle", publicado en forma independiente por Cátedra (Madrid, 1992) en una cuidada edición bilingüe inglés-español a cargo de Francisco García Tortosa.

Todo comenzó hace unos días, cuando animado por la satisfacción de haber podido con su "Ulises" después de reiterados intentos que no habían llegado a nada, decidí pasar por la Biblioteca Pública del Estado en Las Palmas, en el parque de San Telmo, a ver que tenían de Joyce. Un hermoso edificio, el de la biblioteca, amenazado de demolición por una reciente sentencia del Tribunal Supremo a causa de los consabidos chanchullos urbanísticos a los que el PP local nos tiene acostumbrados. Lo hacía, además, animado por la frase de Ezra Pound que ya he comentado anteriormente (v. mi "El Ulises, de Joyce" - 14/03/11) que me servía de indudable acicate para ello.

Por fortuna para mí, un amable empleado me encontró "Dublineses" (Unidad Editorial, Madrid, 1999) y "Retrato del artista adolescente" (Lumen, Barcelona, 1976), las otras dos obras que junto a "Ulises" Ezra Pound consideraba de imprescindible lectura, pero también, sin yo habérsela pedido, la mencionada  "Anna Livia Plurabelle". Ni decir tiene que me las llevé a casa más que contento. 

Leí "Dublineses" en un solo día, de un tirón. Una serie de relatos cortos, de historias independientes, en los que las gentes de Dublín y sus pequeñas agonías personales se convierten en protagonistas, de igual manera en que la propia ciudad de Dublín lo es del "Ulises". Con especial emoción me reencuentro con el último de los relatos del libro: "Los muertos", uno de los textos más hermosos que he leído nunca (v. mi "Sexo, amor y otras soledades compartidas" - 24/11/10).. 

Leído "Dublineses", encaro con ánimo no exento de preocupación la lectura de "Anna Livia Plurabelle". La preocupación me venía de recordar un artículo del escritor y director del Instituto Cervantes de Nueva York, Eduardo Lago (El País, 30/03/10), titulado "Descifrando el libro más complejo de la historia", sobre la reciente reedición de "Finnegans Wake", y al que me remito como mayor autoridad. Con enorme interés, curiosidad y placer, me leo la introducción del editor y traductor, de 126 páginas. Por ellas, y por lo que recordaba del artículo de Lago, sabía que me iba a enfrentar a un texto complejo, pero bello, de difícil -pero no imposible- traducción, que a su autor, a Joyce, le había llevado diecisiete años componer. Sobre ese asunto, el de la traducción, el editor-traductor llega a decir (pág. 110) que "representa un caso especial dentro de la problemática de la traducción, ya que, en primer lugar, no se sabe muy bien que es lo que se ha de traducir, y qué lengua; y, en segundo término, cabe plantearse la utilidad del esfuerzo que una traducción de "Finnegans Wake" conlleva. ¿No sería más fácil -se pregunta- que el posible lector aprendiera inglés y se informara de los motivos y técnicas de Joyce?".

Ahí se lo dejo para el que se atreva... Yo no he podido pasar de la tercera página, y solo tiene veinte... Lo intenté de nuevo, pero nada... Imposible... Quizá en otro momento de mi vida... De todas maneras no quiero terminar este comentario sin citar textualmente una frase de Joyce que el editor  reproduce también (pág. 91) y que comparto plena y absolutamente. Una frase que nos revela lo contradictorio que a veces puede resultarnos la confrontación, supuesta o real, entre la biografía del autor y su obra literaria: "La vida -dice- y el amor son una misma cosa: no hay vida que no consista en el amor a otra persona". Ahora, en estos momentos, disfruto de "Retrato del artista adolescente"; ya les contaré.

Buscando un vídeo sobre "Finnegans Wake" que incorporar a la entrada como complemento, me encuentro con una pequeña joya del cine experiemental estadounidense rodado en 1966 por la cineasta Mary Ellen Bute (1906-1983). Espero que una y otro les resulten interesantes. Y sean felices, por favor, que los tiempos están difíciles. Tamaragua, amigos. HArendt





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Finnegans Wake (1966), de Mary Ellen Bute

miércoles, 23 de marzo de 2011

Postales desde el País de la Niñez




Hace ya casi un mes que el escritor canario Juan Cruz publicó en El País un entrañable artículo sobre la infancia, la memoria, los recuerdos, y también sobre el alzhéimer, titulado "Somos nuestra infancia" . Me dejó una profunda impresión pero hasta hoy no me había decidido a escribir sobre él. "La memoria se fija en la niñez y nos da identidad: lo primero que se aprende es lo último que se olvida", dice Juan Cruz, citando al también escritor Julio Llamazares, que dice de ella: "la memoria es la identidad; en la infancia se determina nuestro ADN", y al poeta alemán Michael Krüger, que construye uno de sus versos diciendo: "A veces me escribe la infancia / una tarjeta postal: ¿Te acuerdas?". "Todo lo que recordamos -se dice en el artículo- más nitidamente nace a los tres años, y ese almacenamiento más puro dura hasta la adolescencia. Luego, la memoria empieza a ser quebradiza; a los 40 años tenemos charcos, a los cincuenta ya hay lagunas, y la memoria empieza a causar malas pasadas cuando superamos los sesenta".

Me reconozco en esa situación: rememoro con más precisión hechos y vivencias de mi infancia, entre los cinco y diez años -muy feliz a pesar de todas las privaciones habituales en una familia de clase media-baja de la época- que la que media entre mis diez y veinte años. Y esa, más y mejor que la que va de los veinte a los sesenta. Ahora, a los sesenta y cinco, me cuesta recordar que comí ayer o donde estuve hace dos días. Por eso llevo una agenda personal que dura ya cerca de cincuenta años que me ha sacado de muchas dudas, errores y perplejidades.

Si tuviera que elegir algunas postales recibidas desde el País de mi Niñez me quedaría, sin dudarlo, con una en la que veo pasar los árboles desde la ventanilla del tren que me lleva en una soleada y fría mañana de invierno desde Sigüenza a mi nuevo hogar en Madrid, a punto de cumplir los cuatro años. Otra, el libro que me regaló la empleada de hogar de mi madre -se llamaba Cristina y yo la adoraba- el día que cumplí ocho años. O mis primeros y únicos novillos: cuarenta y cinco días sin aparecer por el colegio en el invierno de 1955. Y la emoción y el orgullo que me embargaba cuando les enseñaba a mis compañeros de clase, a escondidas, la pistola automática 9 mm Parabellum de mi padre, que yo siempre encontraba por mucho que él la escondiera... Tengo más postales, por supuesto, pero no quiero parecer el abuelo Cebolleta. Fui un niño feliz, y espero que mis nietos lo sean también, porque en el País de la Niñez solo se vive una vez...  En todo caso no dejen de leer el artículo de Juan Cruz, les aseguró que les gustará. Y sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt 








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Judy Garland canta Somewhere Over The Rainbow (El mago de Oz, 1939)

¿Tiene todavía la política algún sentido?





Consejo Europeo (Marzo, 2011)





"¿Tiene todavía la política algún sentido? ¿Son los fines que la acción política persigue merecedores de los medios que puedan emplearse en determinadas circunstancias para su consecución? ¿Hay todavía en el campo de lo político metas en virtud de las cuales podamos orientarnos confiadamente? Y si las hubiere, ¿no son sus criterios completamente impotentes y utópicos, de manera que toda empresa política, una vez puesta en marcha, no se preocupa más de metas y criterios sino que sigue un curso inherente a ella que nada externo puede detener? ¿No es la acción política, al menos en nuestro tiempo, precisamente una muestra del fallo de todos los principios, de manera que, en vez de proceder de uno de los muchos orígenes posibles de la convivencia humana y alimentarse de sus profundidades, más bien se adhiere oportunistamente a la superficie de los acontecimientos cotidianos y se deja llevar por ellos en múltiples direcciones, elogiando hoy siempre lo contrario de lo que ayer sucedió? ¿No ha conducido la acción misma al absurdo sacudiendo con ello también los principios u orígenes que quizá previamente la pusieron en marcha? Estas son las preguntas que se plantean inevitablemente a cualquiera que empiece a reflexionar sobre la política en nuestro tiempo."

Perdónenme el extenso proemio pero espero que reconozcan conmigo, con la que está cayendo, la pertinencia y actualidad del mismo: crisis económicas, corrupción generalizada catástrofes nucleares en ciernes, rebeliones en el hasta ahora inmutable mundo islámico, acciones militares punitivas por parte de Naciones Unidas, desconfianza de la ciudadanía sobre la capacidad de los líderes políticos para resolver los problemas de nuestra sociedad humana global, y así, hasta el infinito.... 

Ni siquiera los ciudadanos de la otrora opulenta Europa se fían ya de sus líderes. Al menos esa es la desoladora conclusión que se desprende de una encuesta realizada por el diario británico The Guardian entre el 24 de febrero y el 8 de marzo en Reino Unido, Francia, Alemania, Polonia y España. Los resultados de la misma revelan la profunda desconfianza ciudadana con los políticos y su honestidad, no se fían de los mismos: ni de los que gobiernan ni de los que ejercen la oposición, los perciben incapaces de solucionar los problemas que afectan a cada país y, sobre todo, no creen que sean honestos. Un pronunciado desapego hacia los políticos se ha instalado entre los ciudadanos. Solo el 14% de los europeos conserva "alguna" expectativa de que sus gobernantes logren manejar la situación, y un 78% se reparte entre los que no tienen muchas o ninguna. Desalentador.

Las palabras que sirven de introducción a esta entrada del blog pertenecen a la pensadora norteamericana de origen judeo-alemán Hannah Harendt y fueron escritas a finales de los años 50 del pasado siglo en su libro ¿Qué es la política? (Paidós/UAB, Barcelona, 1997, pág. 135), en plena "guerra fría" y tras el cataclismo de dos guerras mundiales en menos de treinta años.

Es evidente que la situación del mundo no es la misma ahora que hace 50 años, pero en cuanto a las respuestas posibles a las pregunta que Hannah Arendt se planteaba sobre si la política tiene todavía algún sentido, no creo que hayamos avanzada mucho. Y mucho me temo que vamos a tardar en encontrarlas, porque no solo nuestros líderes no están a la altura de lo que cabría esperar; pienso, sinceramente, que nosotros, los ciudadanos, tampoco... Sean felices a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt






Hannah Arendt (1906-1975)








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Entrevista a Hannah Arendt (1973)

lunes, 21 de marzo de 2011

Equinoccio





El equinoccio de primavera desde la azotea de mi casa (Las Palmas, 20/03/11)





A las 23:21 UTC de ayer domingo hemos entrado en la primavera del hemisferio norte. Disfrútenla en lo que puedan porque viene agitada... Y sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt









Alegoría de la Primavera (Madrid)





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El equinoccio de primavera 2011 en Chichén Itzá

lunes, 14 de marzo de 2011

El "Ulises" de Joyce






La actriz Marylin Monroe leyendo el "Ulises" de Joyce




Hay una foto de Norma Jeane Baker, la actriz Marylin Monroe, que siempre me ha cautivado. Es esa en que aparece leyendo las últimas páginas del Ulises de James Joyce. Evidentemente es una pose, pero resulta significativo en sí mismo que la hicieran posar con esa lectura en sus manos. Una lectura difícil y compleja, sin duda, pero gratificante. Yo he tardado exactamente veintiún años en leerla. La compré en octubre de 1989 y recomencé su lectura en innumerables ocasiones sin conseguir pasar del primer capítulo. El pasado 3 de noviembre me lancé de nuevo a la aventura y esta vez, sí, he podido concluirla a pesar de alternarla con otras muchas de variada condición, como es mi costumbre, algo en lo que sigo a mi admirado Michel de Montaigne.. Sirva como conclusión al esfuerzo, que me ha sido absolutamente dichosa; ojalá lo hubiera leído mucho antes, pero bien está lo que bien acaba. 

He disfrutado especialmente de los dos últimos capítulos de la novela. El 17.º, que relata la vuelta de Leopold Bloom a su casa, entre la una y las dos de la madrugada, acompañado de Stephen Dedalus, escrito en forma de preguntas y respuestas en un tono objetivo y exhaustivo, de impersonalidad científica, capítulo del que el propio Joyce confesó que era su predilecto. Y el último, el 18.º, que es el monólogo interior de la esposa de Bloom, Molly, en una especia de duermevela  -escrito de un tirón, sin signo alguno de puntuación a lo largo de sus treinta y siete páginas- tan libre de inhibiciones morales que Joyce dijo de él que "era la carne que siempre afirma".

El Ulises que yo he leído (Lumen, Barcelona, 1989) es el prologado y traducido por Jose María Valverde, traducción que le valió el Premio Nacional de Traducción en 1976. Y reconozco que el impulso definitivo para animarme a hacerlo me lo provocó la lectura de una frase del poeta y ensayista norteamericano Ezra Pound que el editor reseña en su introducción, que dice que Dublineses, el Retrato del artista adolescente y Ulises forman un ciclo unitario, que quien no fuera tonto debería leer por gusto, y quien no lo leyera, no debería ser autorizado a enseñar literatura". Yo no soy profesor de literatura -aunque me hubiera gustado- y desde luego no me atrevo a afirmar que no sea tonto, pero si me apasiona la buena literatura, y la obra de Joyce lo es, sin duda alguna.

En esa misma introducción, José María Valverde explica cual es la sencilla trama del Ulises: contar lo que les ocurre a los dos personajes centrales de la novela, Stephen Dedalus y Leopold Bloom, en su deambular por la ciudad de Dublín entre las 8 de la mañana del jueves cuatro de junio de 1904 y las 2 de la madrugada del siguiente día. Y añade el editor que "aunque Joyce no se propone hacer novela social, su Dublín se hace tan palpable como el Londres de Dickens o el París de Balzac o el de Zola, sin ningún ánimo especial -añade- de exponer luchas por el dinero o el poder, o simplemente, por la subsistencia, como los clásicos de las novelas decimonónicas, pero sí sumergiéndonos directamente en las sensación de estrechez de la pequeña clase media dublinesa con el alcohol, la música, y tal vez, la mujer, como únicas aperturas de evasión y olvido".

El sábado pasado saqué de la Biblioteca Pública del Estado en Las Palmas el Dublineses de Joyce, una serie de relatos cortos que retratan lo que él mismo definió como la vida paralítica de sus conciudadanos y que algunos críticos consideran con mucho como su obra maestra. Ya había leído con anterioridad el último de ellos, Los muertos, que comenté en el blog en su día en la entrada titulada "Sexo, amor y otras soledades compartidas" y a cuya lectura les remito. Me resultó extraordinariamente atractivo. En estos momentos estoy disfrutando de Dublineses, y espero tener ánimos suficientes como para comentarlo más adelante en el blog. Hasta entonces, sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt







El escritor irlandés James Joyce (1882-1941)







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Introducción al "Ulises" de Joyce

James Joyce's Ulysses Documentary Part 1 of 9

jueves, 10 de marzo de 2011

Las Palmas y el Carnaval





La Reina del Carnaval de Las Palmas 2011





No soy un entusiasta del carnaval, pero disfruto viendo gozar de él a mis paisanos. Y es que en los días finales de los suaves inviernos grancanarios las palabras "Carnaval" y "Las Palmas"  se convierten en sinónimos. El carnaval forma parte de la idiosincrasia de Las Palmas y del pueblo canario en general. Alguien dijo que Canarias era un estado de ánimo rodeado de agua por todas partes; no recuerdo al autor de la cita, pero pienso que tiene toda la razón. La insularidad es un estado de ánimo. Solo los isleños podemos comprenderlo y asumirlo. Y el Carnaval es uno de esos momentos en que ese estado de ánimo da rienda suelta a todo lo que lleva dentro. Ha sido un isleño, un canario de Tenerife (no hay "una" Canarias, a pesar de lo que diga la propaganda oficial, sino "unas islas"  canarias, cada una de ellas única y especial, en un mar común que nos une más de lo que nos separa), el escritor Juan Cruz, el que ha pronunciado este año el Pregón del Carnaval de Las Palmas. Les invito a leerlo. Y disfruten de los vídeos que he puesto en el blog sobre la elección de la Reina del Carnaval de Las Palmas y la Gala Drag Queen 2011. Sean felices, por favor. Y el año próximo nos vemos de nuevo en Gran Canaria. Tamaragua, amigos. HArendt 







Cartel oficial del Carnaval de Las Palmas 2011





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Gala Drag Queen 2011 Las Palmas de Gran Canaria

Gala de elección de la Reina del Carnaval de Las Palmas (2011)