viernes, 20 de octubre de 2017

[Un clásico de vez en cuando] hoy, con "Los heráclidas", de Eurípides





En la mitología griega, Melpómene (en griego Μελπομένη "La melodiosa") es una de las dos Musas del teatro. Inicialmente era la Musa del Canto, de la armonía musical, pero pasó a ser la Musa de la Tragedia como es actualmente reconocida. Melpómene era hija de Zeus y Mnemósine. Asociada a Dioniso, inspira la tragedia, se la representa ricamente vestida, grave el continente y severa la mirada, generalmente lleva en la mano una máscara trágica como su principal atributo, en otras ocasiones empuña un cetro o una corona de pámpanos, o bien un puñal ensangrentado. Va coronada con una diadema y está calzada de coturnos. También se la representa apoyada sobre una maza para indicar que la tragedia es un arte muy difícil que exige un genio privilegiado y una imaginación vigorosa. Un mito cuenta que Melpómene tenía todas las riquezas que podía tener una mujer, la belleza, el dinero, los hombres, solo que teniéndolo todo no podía ser feliz, es lo que lleva al verdadero drama de la vida, tener todo no es suficiente para ser feliz.

Les pido disculpas por mi insistencia en mencionar a los clásicos, de manera especial a los griegos, y de traerlos a colación a menudo. Me gusta decir que casi todo lo importante que se ha escrito o dicho después de ellos es una mera paráfrasis de lo que ellos dijeron mucho mejor. Con toda seguridad es exagerado por mi parte, pero es así como lo siento. Deformación profesional como estudioso de la Historia y amante apasionado de una época y unos hombres que pusieron los cimientos de eso que llamamos Occidente.

Continúo la sección de Un clásico de vez en cuando trayendo trayendo al blog la tragedia titulada Los heráclidas, de Eurípides, que pueden leer en el enlace inmediatamente anterior en una versión bilingüe en griego clásico y español. 


Eurípides (480-406 a.C.) fue uno de los tres grandes poetas trágicos griegos de la antigüedad, junto con Esquilo y Sófocles. Fue amigo de Sócrates, el cual, según la tradición, sólo asistía al teatro cuando se representaban obras suyas. En 408 a. C., decepcionado por los acontecimientos de su patria, implicada en la interminable Guerra del Peloponeso, se retiró a la corte de Arquelao I de Macedonia, en Pela, donde murió dos años después. Su concepción trágica está muy alejada de la de Esquilo y Sófocles. Sus obras tratan de leyendas y eventos de la mitología de un tiempo lejano, muy anterior al siglo V a. C. de Atenas, pero aplicables al tiempo en que escribió, sobre todo a las crueldades de la guerra. Reformó la estructura formal de la tragedia ática tradicional, mostrando mujeres fuertes y esclavos inteligentes y satirizó a muchos héroes de la mitología griega. Sus obras parecen modernas en comparación con los de sus contemporáneos, centrándose en la vida interna y las motivaciones de sus personajes de una forma antes desconocida para el público griego. 

Esta tragedia es la última del denominado ciclo de Heracles, pues en ella se narra la persecución que sufren los descendientes del héroe por parte de Euristeo, rey de Argos. Fue representada entre los años 430 y 427 a.C., momento crítico de la vida política ateniense pues ya se había producido la primera invasión del Ática por parte de los espartanos. La tragedia contiene un evidente mensaje patriótico, especialmente intenso a final de la misma al resaltar la injusticia que estaba sufriendo Atenas, salvadora de los antecesores míticos de los espartanos, en contraste con la buena fortuna de Argos, enemiga ancestral de Esparta que ahora se mantenía neutral en el conflicto.

Es la pieza más corta de Eurípides, con apenas 1055 versos. El conflicto trágico está en manos de las dos únicas mujeres que intervienen en la obra, la joven e inocente Macaria, hija de Heracles, que se ofrece voluntariamente en sacrificio para que los atenienses obtengan la victoria, y su abuela Alcmena. Ambas derraman sangre, propia y ajena, y muestran dos conductas altamente heroicas. Disfrútenla.




El sacrificio de Macaria



Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt



HArendt






Entrada núm. 3934
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La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)